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Histórico equipo de la Liga Distrital de Futbol de Jesús María. Fundado en 1926.

13/09/2024

Lengua desconocida que sobrevivió a la dominación inca y española

El descubrimiento de este documento sugiere una mayor autonomía lingüística de los Chachapoyas dentro del Tahuantinsuyo y ofrece una visión más compleja de cómo las culturas indígenas interactuaron con los sistemas de poder impuestos

Jazmine Angulo

Un equipo multidisciplinario de investigadores logró desenterrar evidencias que sugieren la supervivencia de la lengua originaria de la antigua cultura Chachapoyas, una civilización que habitó la zona nororiental de lo que hoy es Perú.

Este hallazgo podría transformar la comprensión de las dinámicas culturales y lingüísticas de la región durante el periodo colonial temprano. El equipo, conformado por antropólogos y lingüistas de distintas instituciones, documentaron una serie de pruebas que revelan que la lengua chacha, atribuida a la cultura Chachapoyas, siguió siendo utilizada hasta principios del siglo XVII.

El descubrimiento clave proviene de un expediente colonial que data de 1617, hallado en el Archivo Regional de Amazonas por el investigador José Rodríguez de la Universidad Nacional de Cajamarca. En este documento, se detalla la visita de funcionarios de la corona española al repartimiento de Yapa, ubicado en la actual provincia de Bongará, en Amazonas.

Los visitadores españoles relataron que la población indígena local se comunicaba en su lengua nativa, llamada ahora chacha, además de utilizar el quechua para interactuar con las autoridades coloniales. Este hecho contradice la creencia anterior de que el quechua, traído por los incas, había reemplazado completamente las lenguas autóctonas en la región.

Según la antropóloga Michaela Ziemendorff, de la Universidad de Bonn, Alemania, declaró para la Agencia Andina, este descubrimiento proporciona evidencia de que la lengua chacha no solo sobrevivió a la dominación incaica, sino que también persistió durante décadas tras la llegada de los colonizadores españoles. Este hallazgo da a conocer la resistencia cultural de los pueblos indígenas frente a los procesos de imposición lingüística y cultural tanto por parte de los incas como de los españoles.

La cultura Chachapoya, famosa por sus impresionantes construcciones de piedra, como la fortaleza de Kuélap, se desarrolló en las vertientes orientales de los Andes peruanos, entre los ríos Marañón y Huallaga, entre aproximadamente 800 d.C. y su integración en el imperio incaico a finales del siglo XV. Las crónicas españolas y los relatos incaicos narran los intensos esfuerzos de los ejércitos del Inca para someter a los chachapoyas, una sociedad conocida por su ferocidad en la batalla y su fuerte sentido de independencia.

Los intentos incaicos de dominar al pueblo amazónico se desarrollaron en varias etapas, comenzando con las campañas militares de Túpac Yupanqui y continuando bajo el gobierno de Huayna Cápac. Sin embargo, los chachapoyas se rebelaron en más de una ocasión, lo que llevó a los incas a utilizar estrategias de reubicación forzada, trasladando a miles de chachapoyas a diferentes partes del imperio como mitmaqkuna (comunidades desplazadas que eran usadas para consolidar el control imperial). Esta estrategia, sin embargo, no eliminó por completo la cultura ni la lengua chacha, como ahora lo demuestran las nuevas evidencias.

El rol de los Chachapoyas en el Tahuantinsuyo

A pesar de las tensiones y la violencia, los Chachapoyas no fueron completamente marginados dentro del Tahuantinsuyo. Se sabe que muchos de ellos fueron reclutados como soldados y sirvientes dentro del ejército incaico. En algunos casos, destacaron como miembros de la guardia personal de Huáscar, el emperador inca que gobernaba al estallar la guerra civil que debilitó al imperio justo antes de la llegada de los conquistadores españoles.

Las crónicas coloniales describen a los Chachapoya no solo como guerreros, sino también como agricultores expertos, constructores de puentes y habilidosos en la medicina natural. Además, algunas fuentes españolas mencionan a los Chachapoya como tejedores talentosos, capaces de producir textiles de alta calidad que eran altamente valorados tanto por los incas como por los españoles.

El impacto del hallazgo en la comprensión de la región

El descubrimiento de la supervivencia de la lengua chacha sugiere que la interacción entre las culturas inca y chachapoya fue más compleja de lo que se había entendido previamente. Durante mucho tiempo, se asumió que la llegada de los incas a la región noramazónica resultó en una rápida asimilación cultural, en la que el quechua se impuso como lengua dominante. Sin embargo, la evidencia encontrada en Yambrasbamba indica que la cultura Chachapoya pudo haber mantenido un mayor grado de autonomía lingüística de lo que se creía.

Esta nueva perspectiva plantea interrogantes sobre cómo los pueblos indígenas en la región interactuaron con los sistemas de poder impuestos por los incas y los españoles. El hecho de que la lengua chacha persistiera hasta bien entrado el siglo XVII propone que la transición hacia el quechua y, más tarde, al español no fue un proceso uniforme ni inmediato. Por el contrario, parece que las lenguas locales continuaron jugando un papel significativo en la vida cotidiana de los pueblos indígenas, al menos durante varias generaciones después de la conquista.

La investigación publicada en la revista chilena Chungara resalta el análisis lingüístico de los nombres indígenas y topónimos registrados en el expediente de 1617. Estos nombres proporcionan pistas valiosas sobre la lengua chacha y permiten a los investigadores reconstruir parcialmente el panorama lingüístico de la región durante el periodo colonial temprano. Según Jairo Valqui Culqui, lingüista de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, el análisis de estos nombres sugiere que la lengua chacha tenía características monosilábicas y que su estructura gramatical era marcadamente diferente al quechua y otras lenguas andinas.

Uno de los desafíos que enfrenta el equipo de investigadores es la escasez de evidencia directa sobre la lengua chacha. Hasta ahora, solo unos pocos nombres de lugares y apellidos parecen tener origen en esta lengua. Uno de los ejemplos mencionados por los investigadores es el término “Pajuro Lope”, que fue identificado como de probable origen chacha. Aunque estos indicios son fragmentarios, proporcionan una base para futuros estudios que podrían arrojar más luz sobre la estructura y el vocabulario de esta lengua desaparecida.

El hecho de que la lengua chacha sobreviviera durante tanto tiempo después de la conquista incaica ofrece un testimonio de la resiliencia cultural de los Chachapoya. Aunque finalmente fueron absorbidos por el imperio incaico y, más tarde, por el sistema colonial español, parece que lograron mantener aspectos cruciales de su identidad cultural, al menos en el ámbito lingüístico.

https://www.infobae.com/peru/2024/09/10/hallazgo-en-expediente-colonial-revela-lengua-desconocida-que-sobrevivio-a-la-dominacion-inca-y-espanola/

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Ica: descubren fardos funerarios de hace 800 años de antigüedad en sitio arqueológico de Huacachina

Un equipo de arqueólogos peruanos, dirigido por Rafael Mallco Huarcaya, ha realizado un importante hallazgo en el sitio arqueológico de Huacachina Seca, ubicado en el distrito de Pueblo Nuevo, en la región de Ica. El 4 de septiembre, durante una excavación en el área previamente conocida como Soniche, se encontraron varios fardos funerarios que datan de más de 800 años, pertenecientes a la cultura Ika, una de las civilizaciones más destacadas de la costa sur central del Perú.

Uno de los fardos funerarios descubiertos contenía los restos de una persona joven, de entre 13 y 16 años, que estaba cubierto por tejidos finamente elaborados y acompañado de un ajuar funerario compuesto por textiles doblados y una vasija de cerámica. Este tipo de ajuares eran habituales en las prácticas funerarias de la época, lo que revela detalles sobre la vida y la muerte en esta cultura prehispánica.

Desarrollo de la cultura Ika
Según el arqueólogo Rafael Mallco, la cultura Ika se desarrolló entre los años 1.000 y 1.470 d.C., en pleno Período Intermedio Tardío, en el valle del mismo nombre. "La cultura Ica constituye una de las más importantes de la Costa Sur central del Perú, y su legado es fundamental para entender el desarrollo de las sociedades precolombinas en esta región", explicó Mallco.

Asimismo, destacó que el reciente descubrimiento en Huacachina Seca confirma que este sitio fue utilizado como espacio funerario por la población de esa época.

Este descubrimiento cobra aún más relevancia debido a la cercanía de Huacachina Seca con el centro administrativo de Takaraka, lo que sugiere una conexión entre los espacios administrativos y funerarios de la cultura Ika. El hallazgo, según los especialistas, abre nuevas puertas para la investigación sobre las prácticas mortuorias y el rol de los centros administrativos en las sociedades prehispánicas de la región.

Los trabajos en el sitio arqueológico de Huacachina Seca continuarán en los próximos meses, y el equipo espera descubrir más detalles sobre la vida cotidiana, las creencias religiosas y las costumbres funerarias de la cultura Ika, contribuyendo así al conocimiento del patrimonio cultural peruano.

https://larepublica.pe/sociedad/2024/09/12/ica-descubren-fardos-funerarios-de-hace-800-anos-de-antiguedad-en-sitio-arqueologico-de-huacachina-946188

Sobre el Premio Nacional de Literatura 30/08/2024

LITERATURA.
Sobre el Premio Nacional de Literatura

El galardón del Mincul y los autores que compiten en novela, ensayo y lenguas originarias en el 2024.

Gabriel Ruiz Ortega

En el circuito cultural peruano, tenemos más de un concurso literario importante, ya sea por su tradición o monto pecuniario. Pensemos en los premios que otorga PetroPerú, del mismo modo en el galardón del Banco Central de Reserva, entre los más anhelados. Claro, hay otros concursos, no menos relevantes. Sin embargo, ninguno de estos reconocimientos tiene las ventajas que ofrece el Ministerio de Cultura vía su Premio Nacional de Literatura (PNL), que este año está consagrado a la producción (2022 – 2023) en novela, no ficción y lenguas originarias.

En realidad, estaríamos hablando de ventaja, pero bien entendida como concepto. Los títulos que entran a competir son libros ya publicados, que han tenido la oportunidad de ser escrutados por la prensa cultural, la crítica y los lectores. A diferencia de los certámenes que valoran material inédito, este trofeo del Mincul no puede darse el lujo de fallar y tiene la cancha lista para ser el principal reconocimiento literario del país.

En la noche del miércoles 28, La República recibió la lista de libros que compiten en esta edición 2024 del PNL. El panorama es interesante en sus respectivas categorías (lamentablemente, no puedo explayarme en la sección dedicada a las lenguas originarias, esa es una tarea pendiente). En novela, tenemos 81 títulos; en no ficción, 55; y en lenguas originarias, 9.

Desde el 2017, año en que empezó a otorgarse el PNL, su tránsito ha estado marcado por la regularidad, siendo la categoría novela la que mejor solidez ha mostrado con sus ganadores (Marco García Falcón (2018), Teresa Ruiz Rosas (2020) y Karina Pacheco (2022)). Lo dicho no quiere decir que no haya habido problemas de logística en otras categorías.

Una mirada inicial a las 81 novelas, nos presenta a Gustavo Rodríguez (Treinta kilómetros a la medianoche y Cien cuyes), Alonso Cueto (Francisca. Princesa del Perú), Rafael Dumett (El camarada Jorge y el Dragón), Alina Gadea (El norte ya no existe), Lucero de Vivanco (Agua), Juan Carlos Méndez (Cierre de edición), Gabriel Rimachi (La casa de los vientos), Pedro Favaron (Inin Niwe y el mundo puro de los seres eternos), Richard Parra (Pequeño bastardo), Carlos Rengifo (El color de los sentidos), Renato Cisneros (El mundo que vimos arder) y Katya Adaui (Quiénes somos ahora), entre los autores que han suscitado atención crítica y favor de los lectores.

Pero también hay ausencias que desconciertan, porque en el arco temporal 2022 – 2023, la base de la presente edición del PNL, no hallamos a Claudia Ulloa Donoso (Yo maté a un perro en Rumania), Santiago Roncagliolo (El año en que nació el demonio) y Juan Morillo Ganoza (Cenizas en el cielo), que más de uno esperará ver cuando se haga pública la lista.

Quienes proponen los nombres al PNL, son las casas editoriales, no los autores. No pocas veces, las editoriales consultan a sus autores si les parece la idea de participar en el PNL. En otras ocasiones, no lo hacen (no tienen por qué, en realidad) e inscriben las novelas que consideren pertinentes.

En cuanto al apartado de no ficción, vemos a Eduardo Tokeshi (Sanzu), Dante Trujillo (Una historia breve, extraña y brutal), Roger Santiváñez (El sentido de la soledad), Teresina Muñoz-Nájar (Desaparecidas), Javier Ponce Gambirazio (Crónicas maricas) y Carmen Ollé (Destino: vagabunda). Cada quien tiene sus propios gustos y, en lo personal, considero que Ollé se impondrá en esta categoría con esta obra maestra que ha sido recomendada más de una vez en La República.

En el documento de señas Resolución Directoral 000192-2024-DDL-DGIA-VMPCIC/MC, firmado por Leonardo Dolores, director de la Dirección del Libro y la Lectura, oficina encargada de la organización del PNL, no se especifica cuánto se pagará a los ganadores, aunque en la convocatoria se precisó que los finalistas recibirán 10.000 soles –es la primera vez que se les reconocerá económicamente- y los respectivos ganadores, 35.000 soles.

Uno de los aspectos que sí va tener que limar la DDL, es la pertinencia de los jurados (que igualmente reciben pago por este trabajo: 4.000 soles). Hemos visto casos inexplicables, chispoteadas monumentales que encienden más de una especulación. A saber: en el 2023 se tuvo a un joven autor –no es necesario nombrarlo- como jurado en la categoría cuento, habiendo escritores mayores, con obra saludada en cuento, reconocidos por su legitimidad y no por la sobonería y prácticas similares. Estos son traspiés que le quitan luz a un concurso que debería estar blindado en lo literario y en su logística.

El público atento a la cultura, que no es tonto, se da cuenta de estas rarezas en los jurados. Esperemos que el Mincul y Dolores también. Se trata de recursos públicos. Hay que ser serios, y más con un PNL que apunta a convertirse en el trofeo literario más relevante de estas tierras.

Sobre el Premio Nacional de Literatura El galardón del Mincul y los autores que compiten en novela, ensayo y lenguas originarias.

El retorno de Juan Santos Atahuallpa, por José Ragas 28/08/2024

Historia

El retorno de Juan Santos Atahuallpa, por José Ragas

La rebelión de Santos Atahuallpa fue uno de los movimientos más
heterogéneos y complejos contra el poder español en las Américas.

A mediados del siglo XVIII, hizo su aparición en medio de la Amazonía un personaje tan enigmático como fascinante y peligroso, que se autoproclamaba descendiente de los incas y que pedía la inmediata expulsión de las autoridades coloniales. Nadie sabía muy bien quién era, y hay quienes decían haberlo visto merodear desde por lo menos diez años atrás por los alrededores, realizando prédicas y amenazas similares. No obstante, la última parte del nombre al que decía responder, Juan Santos Atahuallpa, debió lanzar una señal de desesperación (y esperanza) entre sus contemporáneos.

El llamado de Santos Atahuallpa a la insurrección prendió rápidamente y las próximas décadas hicieron de la selva central una zona de emergencia. Algunos testimonios establecen en poco más de seiscientos el número de seguidores del autoproclamado inca, cuyo movimiento mantuvo en expectativa a las autoridades políticas y religiosas de ese entonces. De repente, Santos Atahuallpa desapareció de los campamentos rebeldes y de la preocupación virreinal, de manera tan misteriosa como había aparecido en 1742. La tranquilidad de esta retirada sería relativa y unos años después, otro líder rebelde (también autoproclamado inca) desafiaría nuevamente el poder colonial, solo que esta vez desde Cusco.

El espejo anticolonial. La rebelión de Juan Santos Atahuallpa, nuevas perspectivas (Lima, 2024, p. 205) de Fernando Santos Granero, publicado por el Instituto de Estudios Peruanos, vuelve sobre los pasos del rebelde mestizo. Lo hace en un ensayo en el que revisa lo escrito en los últimos ochenta años sobre este movimiento, además de añadir documentos nuevos que permiten una mejor comprensión del líder y de su proyecto. Santos Granero es uno de los mayores especialistas vivos en la historia social y política de la Amazonía, con numerosos trabajos y un interés especial en Santos Atahuallpa desde por lo menos tres décadas.

Este nuevo libro es una necesaria puesta al día de uno de los movimientos menos conocidos, pero cuya importancia debe ser destacada precisamente en este año que se conmemora el Bicentenario de la Independencia y que la narrativa oficial está concentrada en la secuencia Lima-Junín-Ayacucho. Como el lector puede deducir, Santos Granero nos saca de los campos de batalla y salones tradicionales y nos coloca en medio de la selva central durante el último siglo de dominio colonial.

El libro no es un “estado de la cuestión”, que se limita a sintetizar los trabajos más destacados sobre Santos Atahuallpa. Todo lo contrario: es una revisión crítica de dichos estudios, señalando sus alcances, pero también sus limitaciones. Y donde el autor hace un excelente trabajo brindando el contexto de la rebelión y principalmente de la extraordinaria habilidad de Santos Atahuallpa para poder forjar alianzas en un escenario fragmentado como el del mundo colonial y en grupos que van desde los esclavos de origen africano, las órdenes religiosas, los mestizos y españoles blancos, las tribus amazónicas, la población indígena y posiblemente los ingleses.

El autor ha denominado —con toda razón— “líder intercultural” a Juan Santos Atahuallpa y como “multiétnica” y “multicultural” a la sublevación que dirigió. Con ello, ha puesto de relieve la impresionante capacidad que tuvo Santos Atahuallpa para explotar las grietas coloniales a la vez de buscar elementos en común que le permitiesen reclutar adeptos en más de un grupo étnico o social. La tarea no fue sencilla, pero el líder mestizo pudo construir un discurso en el que más de un sector descontento supo encontrar una respuesta a la opresión que ofrecía el sistema colonial: ya sea por explotación o por frustraciones debido a no poder escalar socialmente. Supo poner además a órdenes religiosas unas contra otras e invocar alianzas lejanas con enemigos como los ingleses cuando era necesario.

Un ejercicio tan ambicioso como arriesgado como este presentó obviamente una serie de problemas, siendo el mayor la dificultad para mantener alianzas permanentes entre grupos tan disímiles. Las contradicciones expuestas por el autor demuestran la volatilidad de estas propuestas, no solo al momento de enfrentar al poder colonial, sino de un eventual triunfo, algo que tampoco pudo ser resuelto por los líderes criollos después de la independencia. Y es también una invitación a preguntarnos hasta qué punto las promesas republicanas de reducción de desigualdades sociales pudieron haber sido efectivas considerando la matriz colonial y los intereses contrapuestos de estos grupos.

El libro permite plantear muchas otras preguntas. Como si no fuese suficiente con hacer dialogar y confrontar los estudios y documentos conocidos hasta hoy sobre esta rebelión, Santos Granero ha ido un paso más allá, buscando responder ¿quién era Juan Santos Atahuallpa? Él cree que su nombre verdadero era Juan González de Rivera, un condenado por la Inquisición en un auto de fe y enviado a la isla de San Lorenzo a picar piedra por tres años como parte de su condena. Siguiendo al autor, luego de este hecho, González de la Rivera se habría dirigido hacia la selva central, donde comenzó su transición para convertirse en un líder rebelde pocos años después.

Los paralelos que Santos Granero plantea entre González de la Rivera y lo que sabemos de Santos Atahuallpa invitan a considerar esta hipótesis con seriedad. Si bien queda aún un largo trecho para confirmar la identidad del líder rebelde, la propuesta de El espejo anticolonial… demuestra que el tema está lejos de agotarse. Es necesario por ello resituar la rebelión de Santos Atahuallpa no como una protesta marginal, sino devolverle la importancia que posee como uno de los movimientos más heterogéneos y complejos contra el poder español en las Américas, tanto o más que la Gran Rebelión o las guerras de Independencia de los años posteriores

El retorno de Juan Santos Atahuallpa, por José Ragas La rebelión de Santos Atahuallpa fue uno de los movimientos más heterogéneos y complejos contra el poder español en las Américas.

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( Gracias Cultura Copera)
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¡ESTA ES LA LISTA NO DESEADA!

Oficialmente 16 equipos no fueron considerados por la Liga Provincial de Fútbol de Lima (LPFL), organizador del Interligas. La razón ya es conocida: ninguno de ellos tiene sus registros públicos actualizados, que por reglamento les impide de participar en la Etapa Provincial de la Copa Perú.
En la lista figuran 3 campeones de ligas, 6 subcampeones, 5 terceros y 1 cuarto posicionado. Además de Defensor SJL Victorias que fue nombrado con el número 1 de su liga (no hubo partido por el título).
1) Atlético Tornado (Ate Vitarte 2)
2) Santiago Barranco (Barranco 4)
3) Villa María (Cercado de Lima 2)
4) Perpetuo Socorro (Cercado de Lima 3)
5) Cultural Lima (Chorrillos 3)
6) Águilas de América (Comas 3)
7) Once Caballeros (Independencia 1)
8 ) Atlético Cimarrón (Independencia 2)
9) Sánchez Carrión (Independencia 3)
10) Asociación Viña Alta (La Molina 2)
11) Pegaso FC (Lince 3)
12) Circolo Sportivo Italiano (San Isidro 1)
13) Regatas Lima (San Isidro 2)
14) Juventud Unida (San Luis 1)
15) Defensor SJL Victorias (San Juan de Lurigancho 1)
16) Deportivo Esmeralda (San Martín de Porres 2)

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