18/12/2025
Nos llega este mensaje anónimo:
Esto ya raya en la ironía, en esos cuentos que nunca pensamos ver. No se trata de renunciar a ser hincha del Medellín, porque es más fácil cambiar de mamá que de equipo. Sin embargo, es justamente de esa fidelidad de donde se aprovechan los dirigentes del fútbol para hacer y deshacer con la pasión que nos invade. Hoy sigue muriendo algo, algo que se apaga lentamente golpe tras golpe, batacazo tras batacazo, y esto tiene que acabarse algún día.
No se trata de ir a quemar el estadio ni de amedrentar a ningún dirigente. Se trata de optar por no intercambiar nuestra pasión por el negocio de ellos. Que sientan la inconformidad, que entiendan que ser subcampeones eternos no es suficiente. Cuando vean que la inconformidad es masiva, tal vez ocurra algo distinto. Mientras tanto, seguimos viendo cómo otros levantan copas y nosotros levantamos humillación y burlas de todo el mundo. Volveremos cuando a los jugadores les corra sangre y cuando se deje de pensar únicamente en el negocio.
En mi vida he podido entender cómo un extranjero, que tal vez no conozca la historia del club, que no tenga velas en este entierro ni sea doliente de esto, tenga más ganas de ser campeón que los propios de aquí, que sí saben qué camiseta visten y contra quién juegan. A muchos colombianos no les importa; es más, acolitan el negocio de la alta dirigencia cobrando pase lo que pase. No les interesa la gloria, la pasión ni el fervor de un equipo que representa a toda una región. Esa actitud sin sangre, como esperando a ver qué resulta, no le sirve a la mayoría.
Y sobre Restrepo, puede ser muy bueno en su metodología, en sus sesiones de entrenamiento, en el manejo de cargas, en la estrategia y en la táctica, incluso en cómo logra que unos mu***os jueguen un fútbol excepcional. Pero cuando ve el escudo de Nacional, parece orinarse a chorritos. Necesitamos saber si es por emoción o por susto, porque si antes me debía, con esta final me debe aún más. De ahora en adelante hay que ser más críticos; no nos va a pasar nada por exigir. Habrá que ver si la renovación que le quieren hacer es realmente por mérito.
La pasión no debe ser un cheque en blanco. Amar un equipo implica exigir compromiso, respeto por la historia y responsabilidad a quienes lo dirigen y lo representan. Cuando la hinchada entiende que su inconformidad consciente y colectiva también es una forma de amor, el fútbol deja de ser solo un negocio y vuelve a ser identidad, orgullo y dignidad.
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