24/09/2026
Now that’s a lot of kayaks
El 31 de julio de 1936, Berlín sufrió un atasco que no tenía automóviles.
Tenía cientos de kayaks y canoas.
La fotografía parece casi imposible de organizar: embarcaciones pegadas unas contra otras, remos cruzándose y personas esperando prácticamente sin espacio para avanzar dentro de la estrecha esclusa de Mühlendamm, en pleno río Spree.
Faltaba un día para que comenzaran los Juegos Olímpicos de Berlín.
Y aquel año el piragüismo tenía un motivo especial para celebrar.
Por primera vez iba a formar parte oficialmente del programa olímpico.
La incorporación del deporte había provocado una enorme movilización de aficionados. La Federación Alemana de Piragüismo organizó rutas que atravesaban distintos ríos y canales del país y terminaban en un gran campamento internacional junto al Müggelsee, al este de Berlín.
Allí llegaron a reunirse unos 3.000 participantes procedentes de 15 países.
Una de las grandes rutas comenzó el 26 de julio.
Ochocientos piragüistas partieron simultáneamente desde diferentes puntos de Alemania. Solo desde Fürstenberg salieron unos 600.
Durante los días siguientes fueron acercándose a Berlín.
Entonces llegó el problema.
Para atravesar el centro de la ciudad tenían que pasar por las mismas vías fluviales y por una esclusa construida décadas antes para un tráfico muy diferente.
El 31 de julio, la concentración alcanzó su punto máximo.
Los periódicos de la época describieron a cientos de piragüistas cruzando Berlín y al viejo encargado de la esclusa sorprendido por un nivel de actividad que apenas recordaba haber visto.
Desde arriba, un fotógrafo captó el resultado.
No se distingue casi el agua.
Solo embarcaciones.
Una junto a otra, formando una masa de madera, tela y remos atrapada entre los muros.
La vieja esclusa de Mühlendamm ya se había quedado pequeña para el tráfico normal de Berlín. De hecho, ese mismo año comenzaban las obras de una instalación mucho mayor que terminaría sustituyéndola.
Pero durante unas horas tuvo que enfrentarse a algo para lo que nadie la había diseñado:
cientos de personas intentando atravesarla en kayak al mismo tiempo.
Al día siguiente se inauguraron los Juegos Olímpicos.
Aquellos piragüistas ya habían protagonizado su propia prueba de resistencia.
No consistió en llegar primero.
Consistió simplemente en conseguir salir de la esclusa.