21/03/2026
https://open.spotify.com/episode/7zhdLxCbNoitFFnu6Rjxec?si=6mb-ZsfzQxWPba-e0i5Spg Todos los detalles y prácticas para que aproveches al máximo éste momento.
Portal Cosmico 22 de Febrero 2026
Monicasita LA PALESTRA PER L'ANIMA · Episode
21/03/2026
https://youtu.be/QMoMfOhDqEk?is=aSDBAjOKlhhDuZ7j
21 y 22 de Marzo - PORTAL DE OPORTUNIDADES
Solo sigue tus intuiciones, tus sueños, tu alma ... allí está la clave! En este video veras una explicación astrológica pero también una forma clara de APROV...
26/02/2026
Muchos crecimos con el miedo a la palabra TAROT por temas religiosos. Parecía que allí adentro vivía el mal en sus figuras, imágenes y símbolos...
Con el tiempo y mucha investigación aprendí que todas esas imágenes realmente conectan con realidades muy profundas del ser y nuestros lados temidos y escondidos.
En estos tiempos tu decides a quien o que le crees?
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Históricamente, el llamado “tarot egipcio” no proviene directamente del antiguo Egipto. Es una construcción simbólica posterior, impregnada de imaginario hermético y esotérico. Sin embargo, esto no lo invalida psicológicamente.
Porque su poder no reside en su origen histórico, sino en su capacidad simbólica.
El tarot —sea egipcio, marsellés o rider— funciona como un sistema de imágenes arquetípicas. En mis estudios sobre los arquetipos mostré que existen patrones universales que estructuran la experiencia humana . El Mago, la Sacerdotisa, la Muerte, el Juicio… no son personajes externos. Son formas del inconsciente colectivo.
Cuando alguien consulta el tarot, ocurre un fenómeno psicológico fundamental: la proyección.
La persona proyecta su conflicto interior en las cartas. La imagen se convierte en espejo. El símbolo organiza lo que estaba difuso.
No es la carta la que revela el destino.
Es la psique la que se reconoce en el símbolo.
¿Por qué el imaginario “egipcio”?
Egipto, en el inconsciente occidental, representa antigüedad, misterio, sabiduría oculta. Asociar el tarot con Egipto lo reviste de profundidad arquetípica. Es una manera de conectar la práctica con lo ancestral.
Pero el verdadero “misterio” no está en las pirámides.
Está en la psique.
El peligro y la oportunidad
El tarot puede convertirse en una herramienta de reflexión simbólica o en un mecanismo de dependencia.
Si se utiliza para evitar responsabilidad —“las cartas lo dijeron”— entonces el yo delega su autonomía. Esto debilita el proceso de individuación .
Pero si se utiliza como instrumento de introspección, puede ayudar a dialogar con el inconsciente. La imagen simbólica activa asociaciones internas que quizá no emergerían mediante el pensamiento racional.
La pregunta adecuada
No es: “¿Qué me va a pasar?”
Es: “¿Qué parte de mí está siendo representada aquí?”
El tarot no predice el futuro en sentido literal.
Puede, en cambio, revelar tendencias psíquicas.
El futuro no está fijado.
Está condicionado por el nivel de conciencia.
Profundizar verdaderamente
Si deseas profundizar en el tarot egipcio, no te limites a memorizar significados. Observa tus reacciones ante cada carta. Pregunta qué emoción despierta, qué recuerdo activa, qué temor toca.
El símbolo es puente entre consciente e inconsciente.
El tarot, comprendido psicológicamente, no es magia externa. Es imaginación activa estructurada.
Y toda imagen poderosa no proviene del papel…
proviene del alma que la contempla.
25/02/2026
https://www.facebook.com/share/1aHvX1X16t/ te invito a descubrir la profundidad de Jung y los Arquetipos.
11/11/2025
¿Sabías que el terror de Frankenstein nació de un miedo real que recorrió Inglaterra a finales del siglo XVIII? Un tiempo en el que los cadáveres no descansaban en paz.
En 1752, la llamada Ley de Asesinatos permitió que los cuerpos de los criminales ejecutados fueran disecados públicamente o colgados en jaulas de hierro, como castigo después de la muerte. Lo que comenzó como un acto de justicia se convirtió en el origen de un negocio macabro: los médicos necesitaban cuerpos para estudiar anatomía, y la oferta legal no bastaba.
Así nacieron los ladrones de tumbas, conocidos como resurrectionists. Se movían de noche, con linternas y palas, desenterrando cadáveres frescos para venderlos a escuelas de medicina. El horror se volvió cotidiano: familias que montaban guardia sobre las tumbas, ataúdes de hierro, trampas para profanadores… incluso asesinatos reales, como el de Burke y Hare, que mataban para vender cuerpos.
Mary Shelley creció escuchando esas historias: rumores de cadáveres robados, de científicos que jugaban a ser dioses, de cuerpos recompuestos con electricidad. Cuando escribió Frankenstein en 1818, no inventó el miedo: lo tomó prestado de una sociedad que ya lo vivía.
El monstruo de Shelley no nació en un laboratorio de ficción. Nació en una Europa donde la muerte tenía precio, y la ciencia —literalmente— desenterraba el alma humana.