22/09/2026
Imagínate tener 72 años, irte a acostar y ver una foto tuya cuando tenías 20, 30 o 40. Y pensar: “Qué buena decisión tomé ese día cuando empecé a entrenar. Y qué bueno que nunca lo dejé”. No porque hayas mantenido el mismo físico toda tu vida, sino porque entendiste que entrenar nunca fue solamente verte bien.
No sé ustedes, amigos, pero esta es una de mis grandes metas. Llegar a viejo y saber que entrené durante décadas. Que hubo años donde pude entrenar muchísimo y otros donde apenas pude hacer un par de sesiones por semana, pero que de alguna manera siempre encontré la forma de mantenerme activo. Porque seguramente mi cuerpo cambiará, mis prioridades también y llegará un momento donde levantar más peso o tener el abdomen marcado me importe bastante poco.
Quizá a los 70 el verdadero “récord personal” sea algo completamente distinto: poder levantarme del piso sin ayuda, cargar mis propias cosas, salir a caminar durante horas, viajar, subir escaleras o jugar con mis nietos sin sentir que mi cuerpo me limita. Y pensar que una pequeña parte de esa libertad se construyó con todas esas sentadillas, dominadas, presses y caminatas que hice durante tantos años.
Por eso cada vez me gusta menos pensar en el ejercicio como algo que hacemos únicamente para conseguir cierto físico. El físico es increíble y claro que podemos disfrutar perseguirlo, pero hay algo muchísimo más grande detrás: estamos construyendo un cuerpo que queremos seguir utilizando durante toda nuestra vida.
Ojalá algún día pueda mirar una foto de mí entrenando cuando era joven y pensar: “No sabía todo lo que iba a pasar en mi vida, pero con esto sí acerté”. ❤️