El símbolo y la camiseta
Según los primeros estatutos citados por el ex presidente del Club, Ing.
Grande y popular desde su nacimiento
Los años correspondientes a la década del veinte fueron de especial importancia para el desarrollo de la vida política, cultural y deportiva del Perú. Fueron los tiempos inmediatos a la Reforma Universitaria que tuviera lugar en la ciudad de Córdoba, Argentina, en 1918, y que generara en los estudiantes latinoamericanos el despertar a una consciencia social. En
el Perú, los universitarios se unían a los obreros en la lucha por la jornada de ocho horas laborales y, posteriormente, en la Universidad Popular Manuel González Prada, bajo el rectorado de Victor Raúl Haya de la Torre, compartían con ellos los conocimientos adquiridos en las aulas. En medio de estos tiempos de combustión sociopolítica un grupo de estudiantes universitarios iba a fundar el club más exitoso de la historia del fútbol peruano. Al caer la noche del 7 de agosto de 1924, en el local de la Federación de Estudiantes del Perú, ubicado en la calle Juan de la Coba N°106, un grupo de estudiantes universitarios, en su mayoría pertenecientes a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos – la más antigua de América -, fundó la Federación Universitaria de Fútbol, institución primigenia que antecediera al Club Universitario de Deportes. Así, los universitarios decidían promover la práctica del fútbol en el ámbito universitario y, con él, la doctrina impuesta por el profesor de Educación Física, Carlos Cáceres Álvarez: “No hay educación sin deporte y no hay deporte sin educación”. Pronto los universitarios empezaron a llamar la atención por el excelente estado físico que poseían, resultado de la disciplina en los entrenamientos y en su estilo de vida, el cual los llevaba a sobreponerse de resultados adversos en los minutos finales de los partidos, como el que disputaron frente al Club José Gálvez de Lima, el 3 de mayo de 1925, cuando tras ir perdiendo por dos a cero lograron el empate a falta de diez minutos para el final del encuentro, con goles de su capitán y caudillo, el defensa Mario de las Casas. A pesar de no ser un resultado auspicioso, la prensa coincidió en destacar el espíritu combativo de los universitarios, el mismo que se consolidaría como la principal característica de los equipos cremas. Rafael Quirós Salinas – reconocido también por su labor de historiador de Universitario -, el símbolo de la U encerrada en un círculo granate, fue obra del estudiante arequipeño Luis Málaga Arenas. En los primeros estatutos también se definió el color blanco como característica principal del uniforme, probablemente en relación a los hábitos blancos de los padres dominicos, fundadores de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, institución de donde provenían la mayoría de fundadores del Club. Sin embargo, no hay noticias que confirmen que dichos uniformes de color blanco hubiesen sido utilizados alguna vez. Sobre el origen de la camiseta crema que identifica a Universitario, se presume que ésta debe su color a un hecho accidental, cuando los universitarios ordenaron confeccionar sus primeros uniformes y, en lugar de las camisetas blancas que ordenaron originalmente, les entregaron otras de color crema, pues se había terminado la tela blanca. Otras versiones dan cuenta de un accidente al lavar los uniformes, donde las insignias granates habrían teñido las camisetas blancas, dando lugar al color crema. Sin embargo, resulta difícil imaginar que los universitarios de entonces hubieran concebido presentarse en las canchas con uniformes echados a perder. La U en Primera División
En 1928, la Federación Peruana de Fútbol, como parte de su política de ampliación del torneo local – en 1927 el torneo había reunido apenas a ocho clubes -, invitó a la Federación Universitaria de Fútbol, junto a otros diez equipos, a participar en el campeonato de Primera División. La U marcó diferencias desde su primer encuentro en la máxima división, pues debutó con una goleada de siete a uno sobre el José Olaya. Posteriormente, tras cinco victorias, tres empates y apenas una derrota, la U clasificó a la liguilla que iría a definir al campeón de aquella temporada, junto al Atlético Chalaco, Alianza Lima, Sport Progreso y Círcolo Sportivo Italiano. El clásico del fútbol peruano
La Federación Universitaria de Fútbol había llegado a la última fecha del torneo con cuatro puntos, dos menos que Alianza Lima, a quien debía enfrentar en la fecha final. Al cuadro aliancista le bastaba un empate para lograr el título de aquel año. Pero la tarde del 23 de setiembre de 1928 será siempre recordada como la que dio inicio a incansables disputas entre las dos identidades futbolísticas más importantes del país, cuando un equipo de jóvenes universitarios apeló al recurso del despliegue físico y el coraje para contrarrestar la expeciencia y habilidad de sus oponentes. Esa tarde, los jugadores de la Federación Universitaria de Fútbol se impusieron por un gol a cero en un encuentro accidentado, con jugadores expulsados por ambos bandos, y que terminó en una gresca general entre los jugadores aliancistas y los simpatizantes universitarios, quienes utilizaron sus bastones – elemento indispensable en el buen vestir de la época – para defenderse. De ahí que las crónicas periodísticas recuerden aquel episodio como “El Clásico de los bastonazos”. Al salir del estadio, los jugadores cremas fueron alzados en hombros y paseados en caravana por las calles de la ciudad. La U había empatado el primer lugar y forzaba así una definición extra con Alianza. Y aunque el título finalmente no fue para la Federación Universitaria de Fútbol, sus jugadores habían logrado ganar para nuestros colores la primera página de gloria en la historia de los clásicos. El primer título
En 1929, la Federación Universitaria de Fútbol se encargaría de demostrar que la campaña del año anterior no fue un hecho accidental. En un torneo interrumpido debido a los diversos encuentros internacionales que se jugaron en la capital, la U logró coronarse por primera vez como el campeón del fútbol peruano. Por entonces, ya contaba el equipo crema con un gran número de simpatizantes en las graderías del antiguo Estadio Nacional. En este año ingresó a San Marcos Arturo Fernández Meyzán, hermano mayor de Lolo, quien años después fuera a convertirse en el máximo ídolo del fútbol peruano. A los pocos meses de ingresar a la universidad, Arturo pasó a integrar el equipo de la Federación Universitaria de Fútbol, junto a los ya destacados Jorge Alba, Mario de las Casas, Plácido Galindo, Eduardo Astengo, Alberto Denegri, Jorge Góngora y Luis de Souza Ferreyra, entre otros tantos que escribieron las primeras páginas de gloria para la institución. La temporada correspondiente a 1929 llegó a su fin la tarde del 23 de febrero de 1930, cuando en el estadio Víctor Manuel III, propiedad del Círcolo Sportivo Italiano, se enfrentó este cuadro frente a la Federación Universitaria de Fútbol. Ambos equipos llegaron a la fecha final con dieciséis puntos, pero el resultado le dio el título a la U de manera inobjetable: ganamos por siete goles a cero, con cuatro anotaciones de Carlos Cilloniz, el delantero estrella de esa tarde.