23/07/2026
Hay quienes nacen con un talento que deslumbra desde el primer día. Yo no fui uno de ellos. Llegué al softbol con dudas, errores y más ganas que experiencia. Cada ponche dolía, cada error en el campo pesaba, y muchas veces pensé que quizá este deporte no era para mí.
Pero los años, aunque pocos, me enseñaron que el verdadero crecimiento no se mide por el tiempo, sino por la voluntad de levantarse una y otra vez. Hoy miro hacia atrás y casi no reconozco a aquel jugador inseguro. No porque ahora sea perfecto, sino porque aprendí a convertir las derrotas en fuerza y las críticas en motivación.
Aún me queda un largo camino por recorrer. Todavía hay partidos que me recuerdan lo mucho que debo aprender. Sin embargo, llevo conmigo la satisfacción de saber que cada entrenamiento, cada caída y cada sacrificio han construido al jugador que soy hoy.
Quizá mi historia apenas comienza, pero si algo he aprendido es que los sueños no pertenecen a quienes avanzan más rápido, sino a quienes nunca dejan de correr hacia ellos, incluso cuando el corazón pesa más que el uniforme. 🥎⚾️✨️