09/18/2025
He llegado a mi libro 30/100
La carretera, de Cormac McCarthy.
Un mundo postapocalíptico.
Un padre y su hijo avanzan por la carretera con lo que pueden cargar, intentando no morir en el intento.
Todo está quemado, gris, frío.
No hay animales, no hay comida, no hay electricidad, no hay suministros.
Nada.
Solo personas tratando de sobrevivir unas de otras.
Da la sensación de ser el después de una bomba nuclear o de incendios devastadores.
Y la única salida es seguir caminando.
El padre y el hijo recorren la carretera como se recorre la vida: con momentos buenos y malos, dolor, tristeza, esperanza y desesperanza.
Con pura adversidad.
Lo interesante es que, pese a toda la destrucción, el dilema no es solo físico. La pregunta que se repite es: ¿cómo se sobrevive en la hostilidad sin volverse un monstruo más?
El padre ya está marcado por lo que vivió.
Tiene un concepto de bueno y malo heredado de un orden social que ya no existe. La desconfianza es su manera de protegerse. Para él, ser “bueno” no sirve en un entorno donde la violencia es la norma. Pero al mismo tiempo carga con culpa y vergüenza cuando rompe el código de bondad que alguna vez conoció.
El hijo es lo contrario. Es conciencia y esperanza. Insiste en preguntar si todavía son “los buenos”. Incluso después de robar, de no ayudar, de sobrevivir a costa de otros, el niño vuelve con la misma duda: ¿seguimos siendo diferentes?
Esa pregunta sostiene todo el libro. Porque ¿qué significa ser bueno cuando no hay reglas y lo que conocías de la vida ya no existe?
La carretera no es solo un trayecto físico. Es una metáfora de la vida: avanzar sin certezas, sin garantías, con la duda permanente de si vale la pena seguir.
El final no da consuelo. McCarthy deja abiertas las preguntas: ¿confiarías en otros?, ¿aguantarías un día más?, ¿qué estarías dispuesto a hacer para seguir vivo?
Ahora bien, a mí el libro me aburrió un poco. Ya había leído otras distopías con los mismos elementos y no encontré sorpresa. Pero, como siempre, lo figurativo me mantiene atenta: cualquier novela, leída desde lo simbólico, puede volverse interesante.
Le doy un 6.5/10.
09/08/2025
La flor púrpura de Chimamanda Ngozi Adichie
Es mi libro número 29 de 100.
No me gusta hablar de escritores favoritos, pero con esta obra y con Medio sol amarillo, Chimamanda acaba de entrar en esa categoría.
Este libro atraviesa tantas capas reales de la crueldad humana que merece una buena charla para digerirlo.
Si quieres leer sobre violencia doméstica, sobre un padre narcisista, cruel, ultra religioso: lee este libro.
Si quieres asomarte a las heridas de unos hijos oprimidos toda su vida en nombre de Dios: lee este libro.
Si quieres entender cómo el patriarcado y la iglesia pueden convertirse en vehículos de violencia y desigualdad: lee este libro.
Mi reseña completa está en mi newsletter.
Si quieres leer más sobre este y otros libros, el enlace está en mi bio.
Recomendado al 100 %. Le doy un 10/10.
08/02/2025
Qué sabroso el día de hoy.
Me fui a la feria del libro de Coruña con amigos que son pura buena vibra.
Caminamos, comimos rico, hablamos de todo y de nada.
Cero pantallas. Solo nosotros y los libros.
Creo que tengo la oxitocina, la dopamina y no sé cuántas hormonas más bailando por dentro.
Cuando conectas con gente linda y encima te compras un par de libros… el cerebro te aplaude.
Más días así, por favor.
05/16/2025
Este es mi libro 13/100.
De nuevo Thomas Mann.
Esta vez con Mario y el mago, que viene junto a Muerte en Venecia.
Dos cuentos distintos, pero con el mismo pulso debajo: el de una Europa que se desmorona.
Mario y el mago es incómodo desde el inicio.
Un viaje de verano a un balneario italiano, de esos que prometen descanso, pero terminan revelando todo lo que está mal.
El ambiente es opresivo, la gente está tensa, y el mago (Cipolla)aparece para terminar de torcerlo todo.
Un hipnotizador feo, soberbio, magnético.
Lo ves y no quieres verlo.
Y sin embargo, todos se quedan mirando.
Obedecen.
Lo inquietante es que Mann escribió esto en 1929, antes de que Hi**er llegara al poder.
Y sin decirlo, ya lo estaba diciendo todo.
Cipolla es el totalitarismo vestido de espectáculo.
La manipulación disfrazada de entretenimiento.
El poder que encanta y asfixia al mismo tiempo.
Y ahí está Mario, al final.
El único que rompe el hechizo. Con rabia. Con violencia. Con dignidad.
Lo curioso es que en Muerte en Venecia, escrita antes de la Primera Guerra, ya se respiraba una decadencia parecida: un artista atrapado por el deseo, una ciudad hermosa al borde de la peste.
Como si Mann tuviera una brújula interna para leer las grietas antes de que se abrieran del todo.
Primero la decadencia, luego el dominio.
No es una lectura ligera.
Pero sí necesaria.
Thomas Mann no te quiere cómodo.
Te quiere despierta.
Por cierto Thomas Mann recibe el premio Nobel el mismo año que pública esta obra.
05/07/2025
Este es mi libro 10 de 100.
Y qué librazo me tocó.
Las intermitencias de la muerte, de Saramago, no es una novela cualquiera.
Es una sacudida disfrazada de ficción.
Un día, así sin más, la muerte se toma un descanso.
No lo avisa, no deja nota.
Simplemente deja de hacer su trabajo.
Y aunque suene a milagro, el resultado es un desastre.
Porque aunque nadie quiere morir, todo el sistema, moral, religioso, económico, está montado sobre esa certeza: que en algún momento nos vamos.
La muerte nunca duerme, decían… hasta ahora.
Y claro, cuando lo hace, el mundo colapsa.
Los hospitales se llenan de viejitos que no se mueren pero tampoco viven.
Las familias esconden a sus “casi cadáveres” como si fueran muebles rotos.
La iglesia se queda sin discurso y el gobierno, sin idea.
La vida eterna, sin propósito, se vuelve una especie de tortura absurda.
Saramago me cautiva por su ironía suave como cuchilla afilada, para recordarnos que el sinsentido también es parte del orden natural.
La novela es un acto de rebeldía literaria, donde el absurdo no es un recurso cómico, sino una lupa existencial.
Pero lo más insólito no es que la muerte pare.
Lo más insólito es que se enamore.
Sí, señoras y señores: la muerte, la gran constante, la invencible, se pone cursi.
Observa a un hombre que no puede matar, y en lugar de mandarlo al más allá, le manda cartas que no puede entregar.
La muerte duda. Se pregunta. Se transforma. Y entonces, por primera vez, no es la muerte quien decide que se muere, sino la posibilidad del amor lo que la detiene.
Al final, la misma frase con la que comienza se repite:
“Al día siguiente, nadie murió.”
Pero ahora no es accidente. Es elección.
Y eso, es lo más absurdo, poético y humano que puede escribir un ser humano:
Que incluso la muerte, cuando ama, también se detiene.
05/01/2025
Libro 9-100
Hay libros que no se terminan, se quedan ahí.
Como un dolor sordo que viaja ida y vuelta entre garganta, pecho y tripas
Como algo que no sabes si fue sueño o memoria.
“Imposible decir adiós” me dejó muda.
No por falta de palabras, sino porque las que tengo no alcanzan.
Hay cuerpos que callan tanto que terminan cayéndose.
Hay casas que guardan ausencias como si fueran muebles.
Y hay dolores que no te pertenecen, pero igual los cargas.
Porque alguien los vivió y nadie los nombró.
Leer esto fue como entrar descalza a una habitación donde alguien acaba de llorar.
No sé si puedo recomendarlo.
Solo sé que hay que leerlo despacio, en silencio, y dejar que haga lo que vino a hacer.