06/09/2026
Hay días que me pongo música, bailo sola como una loca, tomo una copa de vino, armo cajas, tiro cosas, limpio mi casa… y me siento liberada.
Como si cada cosa que s**o de un cajón también sacara un poquito de peso de adentro mío.
Y hay otros días en los que me tiro en la cama, leo un libro y lloro.
Sin hacer nada para evitarlo.
Y entonces me digo:
“Vamos, dale. Vamos a estar bien.”
Porque estoy entendiendo que el duelo no se atraviesa siempre de la misma manera.
Hay días en los que necesito moverme.
Hay días en los que necesito parar.
Hay días en los que siento que estoy soltando.
Y otros en los que extraño.
Y quizás el desapego no sea dejar de sentir.
Quizás sea aprender a dejar ir sin dejarme a mí misma.
Porque sanar no es olvidar.
No es dejar de extrañar.
No es que un día mágicamente deje de doler.
Sanar es poder mirar lo que fue, agradecer lo vivido y aun así elegir seguir adelante.
Es volver a mí.
Una y otra vez.
Aunque duela.
Aunque tenga miedo.
Aunque todavía no sepa cómo.
Porque soltar lo que termina también puede ser la manera más profunda de elegirme.
Y esta vez,
me elijo a mí. 🤍