08/05/2022
En las diferentes esferas que están involucradas en el deporte, se produce y reproduce ejercicio de poder, involucrando a diversos actores: dirigentes, entrenadores, árbitros, entre otros. Generalmente estamos enterados del padecimiento de grandes deportistas y de las luchas (todas invisibles) que atravesaron, una vez que llegan a ocupar lugares de admiración, y, “de pronto” se convierten en héroes por todo lo que atravesaron para llegar a donde están. Cuánto silencio para tamaña “recompensa”.
La asimetría propia de las relaciones que aparecen, son productoras de efectos en los deportistas. Algunos de esos efectos, en el mejor de los casos, podrían ser aprendizajes, confianza, motivación, pertenencia. Pero efectos muy diferentes es cuando algunos deportistas, comienzan a dudar de sus posibilidades, siendo la mejoría del rendimiento aquello que se convierte en zanahoria, pero, dirigentes y entrenadores, limitan (con intención) los caminos para conseguirla.
Liderazgo y comunicación se mencionan como slogans de lo que todos saben y quieren para la conducción, pero qué sucede cuando aquello, actúa como barrotes que limitan el accionar de deportistas. ¿Quién se encarga de esos efectos?
Hay una lógica imperante de búsqueda constante de resultados, la imposición de hacerlo bien, de encontrar recetas mágicas, de crecer porque así debe ser.
Cada deporte sostiene su cultura y valores, pero algunos, más que otros, reproducen lo que se vive en la calle, como si dentro de una cancha, no pudiera ser diferente, como si allí no hubiera posibilidad de transformación. Aparecen argumentos vagos de aquellos que tienen que hacer uso de su poder, siendo el resultado el abuso del mismo, generando lo que se supone que habría que evitar.
Se naturaliza que haya presencia policial en los partidos de nuestro club de barrio, nos horrorizamos de la violencia, como si no nos perteneciera, aplaudimos el insulto, respondemos con agresión la agresión justificando una defensa, nos molesta lo diferente y miramos al costado. ¿Cuánto de esto se genera por un abuso en el ejercicio del poder?
Hay una justicia que no es justa dentro del campo de juego. No son equivocaciones, son displicencias de actores con un rol fundamental para la enseñanza, para la intervención de lo posible, para la transformación hacia lo diferente, hacia el salto estructural.
Autoridad, no siempre, es sinónimo de control, pero si el control se vuelve sinónimo de dominio, jamás se romperán las lógicas que aprisionan y no permiten un crecimiento real: deportistas con poder de decisión, deportistas que promuevan el respeto, deportistas que no se sean avasallados por lógicas resultadistas, en conclusión, deportista que puedan y quieran transformar realidades.