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10/11/2019
19/02/2019

Los mejores juguetes no son juguetes...

16/02/2018

LOS NIÑOS NECESITAN SER FELICES, NO LOS MEJORES

Vivimos en una sociedad altamente competitiva en la que parece que nada es suficiente y tenemos la sensación de que si no nos ponemos las pilas, nos quedaremos rápidamente atrás, siendo barridos por los nuevos adelantos.
Por eso, no es extraño que en las últimas décadas muchos padres hayan asumido un modelo de educación sustentado en la hiperpaternidad. Se trata de padres que desean que sus hijos estén preparados para la vida, pero no en el sentido más amplio del término sino en el más restringido: quieren que sus hijos tengan los conocimientos y las habilidades necesarias para hacerse de una buena profesión, obtener un buen trabajo y ganar lo suficiente.
Estos padres se han planteado una meta: quieren que sus hijos sean los mejores. Para lograrlo, no dudan en apuntarles en disímiles actividades extraescolares, allanarles el camino hasta límites inverosímiles y, por supuesto, empujarles al éxito a cualquier costo. Y lo peor de todo es que creen que lo hacen "por su bien".
El principal problema de este modelo educativo es que añade una presión innecesaria sobre los pequeños, una presión que termina arrebatándoles su infancia y crea a adultos emocionalmente rotos.

Los peligros de empujar a los niños al éxito:

Bajo presión, la mayoría de los niños son obedientes y pueden llegar a alcanzar los resultados que sus padres les piden pero, a la larga, de esta forma solo se consigue limitar su pensamiento autónomo y las habilidades que le pueden conducir al éxito real. Si no le damos espacio y libertad para encontrar su propio camino porque le colmamos de expectativas, el niño no podrá tomar sus propias decisiones, experimentar y desarrollar su identidad.

Por eso, pretender que los niños sean los mejores encierra graves peligros:

- Genera una presión innecesaria que les arrebata su infancia. La infancia es un periodo de aprendizaje, pero también de alegría y diversión. Los niños deben aprender de manera divertida, deben equivocarse, dejar volar su imaginación y pasar tiempo con otros niños. Esperar que los niños sean “los mejores” en determinado campo, poniendo sobre ellos expectativas demasiado elevadas, solo hará que sus frágiles rodillas se dobleguen ante el peso de una presión que no necesitan. Esta forma de educar termina arrebatándoles su infancia.

- Provoca una pérdida de la motivación intrínseca y el placer. Cuando los padres se centran más en los resultados que en el esfuerzo, el niño perderá la motivación intrínseca porque comprenderá que cuenta más el resultado que el camino que ha seguido. Por tanto, aumentan las probabilidades de que cometa fraude en el colegio, por ejemplo, ya que no es tan importante lo que aprenda como la nota que consiga. De la misma manera, al centrarse en los resultados, pierde el interés por el camino, y deja de disfrutarlo.

- Planta la semilla del miedo al fracaso. El miedo al fracaso es una de las sensaciones más limitantes que podemos experimentar. Y esta sensación está íntimamente vinculada con la concepción que tengamos sobre el éxito. Por tanto, empujar a los niños desde temprano al éxito a menudo solo sirve para plantar en ellos la semilla del miedo al fracaso. Como consecuencia, es probable que estos pequeños no se conviertan en adultos independientes y emprendedores, como quieren sus padres, sino que sean personas que apuesten por lo seguro y acepten la mediocridad solo porque tienen miedo a fracasar.

- Genera una pérdida de autoestima. Muchas de las personas más exitosas, profesionalmente hablando, no son seguras de sí. De hecho, muchas supermodelos, por ejemplo, han confesado que creen que son feas o están gordas, cuando en realidad son Íconos de belleza. Esto sucede porque el nivel de perfeccionismo al que siempre han estado sometidas les hace creer que nunca será suficiente y que basta el más mínimo error para que los demás las desprecien. Los niños que crecen con esta idea se convierten en adultos inseguros, con una baja autoestima, que creen que no son lo suficientemente buenos como para ser amados. Como resultado, viven pendientes de las opiniones de los demás.

¿QUÈ DEBE SABER REALMENTE UN NIÑO?

Los niños no necesitan ser los mejores, solo necesitan ser felices. Por eso, solo debes cerciorarte de que tu hijo sepa:

- Que es amado, de forma incondicional y en todo momento, sin importar los errores que cometa.

- Que está a salvo, que le protegerás y apoyarás siempre que puedas.

- Que puede fantasear y jugar con sus amigos.

- Que puede elegir lo que más le gusta y dedicarse a esa pasión, sin importar de qué se trate. Que puede pasar su tiempo libre haciendo collares de flores o pintando gatos con seis patas si es lo que le apetece, en vez de practicar la fonética o el cálculo.

- Que es una persona especial y maravillosa, al igual que muchas otras personas en el mundo.

- Que merece respeto y que debe respetar los derechos de los demás.

¿Y QUÈ NO EBEN OLVIDAR LOS PADRES?

También es fundamental que los padres sepan:

- Que cada niño aprende a su propio ritmo, y que no deben confundir la estimulación que desarrolla con la presión que agobia.

- Que el factor que más influye en el rendimiento académico infantil es que los padres les lean a sus hijos, que les dediquen un rato cada noche para cultivar juntos esa pasión por la lectura, no las escuelas carísimas o los juguetes hípertecnológicos.

- Que las mejores calificaciones nunca garantizan que un pequeño sea el más feliz, porque la felicidad no se mide en esos términos.

- Que los niños no necesitan más juguetes sino una vida más sencilla y despreocupada, así como más tiempo con los padres.

- Que los niños merecen la libertad para explorar todo y decidir por ellos mismos que les gusta y les hace felices.

Fuente: Rincón de la psicología

29/12/2017

Enseñar el buen hábito de la lectura.

30/07/2017

“IF YOUR CHILD COULD ONLY STUDY ONE SUBJECT AT SCHOOL, YOU’D WORRY ABOUT THEIR DEVELOPMENT AND THE MISSED OPPORTUNITIES FOR THEM TO LEARN NEW SKILLS. SO WHY FOR SOME SPORTS/COACHES IS EARLY SPECIALIZATION PERCEIVED AS ACCEPTABLE?”

Photos 15/05/2017
Photos 24/04/2017

¡Atentos al juego!
Aprendizaje temprano e inteligencia emocional
(Dr. Christian Plebst)

No sabemos qué mundo le va a tocar a un niño dentro de 20 años. Lo que sí sabemos es que va a tener que saber prestar atención y elegir lo que es importante para tomar decisiones de manera no reactiva. La base de un pensar no reactivo esta en la madurez y capacidad de regular las propias emociones. Sus orígenes son bien tempranos y se da a través de la imitación de actitudes...y el juego.

Para estar en sintonía con las demandas del mundo en el 2030, el foco de la educación de un niño deberá comprender y transmitir las bases de la resiliencia, flexibilidad, adaptabilidad, cooperación, colaboración y el sentido de pertenencia hacia el bien común. Todo con la misma o quizás mayor claridad y “profesionalidad” con la que se enseñan contenidos académicos

De manera creciente, la inteligencia se considera un concepto grupal y no solamente individual, y sus bases tempranas comienzan y se desarrollan a través del juego.

El juego se encuentra en la base de la construcción de las capacidades simbólicas y de la inteligencia emocional del ser humano. La inteligencia emocional es la que nos permite regular, comprender y gestionar nuestras propias reacciones emocionales. El juego abre las puertas a la imaginación, la creatividad y al disfrute compartido y permite que un niño represente y que deje salir mucho de lo que ocupa su mundo interno y esto es muy importante para su desarrollo emocional.

Es a través del juego que también los adultos modelan como pausar, focalizar y sintonizar con la respiración, despertando en los niños sus capacidades innatas para auto-regularse. De esta manera la conexión con el cuerpo se vuelve una practica viva y un recurso natural para sentir y reconocer todo lo que sucede mientras esta sucediendo.

Comprender como funciona el nexo mente-cuerpo a través del reconocimiento de sus señales en el sentir y pensar nos otorga amplitud, calma, claridad y flexibilidad ante los desafíos cotidianos. El poder “ver” toda esta actividad mental mientras sucede evita que nos veamos arrastrados por nuestros patrones y creencias automáticas.

El riesgo actual es el comienzo demasiado temprano de la enseñanza formal, antes de los siete años. Riesgo que se suma al estrés y desconexión creciente de los adultos, al exceso de juego basado en la tecnología, a la exposición de información inadecuada para la edad, a ser blanco de la comercialización y propagandas y a la falta de juego en entornos naturales.

Los países que respetan el juego imaginativo y los tiempos madurativos, retrasando hasta los 7 años la educación formal, demuestran un mejor desempeño a nivel académico y del desarrollo socio-emocional.

Para todo esto resulta de crucial importancia proteger los primeros años fomentando el juego, facilitando un aprendizaje informal a través del juego. Al cerebro le sobra capacidad para aprender por sí mismo, inclusive para aprender a leer y escribir. Cuando el clima imperante contagia alegría, claridad, amabilidad, curiosidad, confianza y calma, bajo una comprensión sistémica de la infancia y teniendo muy en cuenta las bases de la autoestima, el aprendizaje se de manera natural.

La autoestima es uno de los mas fuertes predictores de las capacidades de aprendizaje y bienestar futuro y esta íntimamente relacionado con como fuimos mirados, tratados y validados por ser nosotros mismos. A su vez la autoestima de un niño esta bajo la influencia de la autoestima de los adultos que mas tiempo pasan con ellos y el lugar que ellos le dan al cultivo de cualidades humanas.

El cultivo de los valores comienza con la paz y coherencia que reina en las salas de educación inicial, a través del estado de presencia, autoestima y accionar de los adultos. Salas que fortalecen las bases del aprendizaje autónomo y la convivencia a través del juego. Salas en la cuales se cultiva de manera consciente la alegría, el asombro, el entusiasmo, la confianza, la curiosidad y el pensar y expresarse en libertad.

No hay mejor legado para un niño que desde el preescolar pueda ver y sentir que los valores son practicas y que su cultivo esta asociado a uno de los estados mas robustos de “sentirse bien”. Un bienestar desde adentro hacia afuera que se practica y acompaña toda la vida.

15/03/2017

"Quizás el valor de un programa para chicos deba ser medido por la cantidad que continúan jugando a los 30 años y si sus hijos juegan". Yo borraría el quizás...

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