30/09/2015
Analizamos en este artículo una nueva tendencia en lo que a running se refiere: el Barefoot. ¿Qué es, en qué consiste, y qué ventajas tiene? Veremos también varios enlaces de interés para profundizar en el tema, un estudio realizado por la Univeridad de Harvard, y varias Apps para Android que os ayudarán a dar los primeros pasos en el Barefoot.
Barefoot es un término inglés que significa descalzo. Y consiste precisamente en esto, se trata de correr sin el soporte artificial de las zapatillas tradicionales, para dejar al pie y a las articulaciones que efectúen su movimiento natural.
Hasta ahora, el diseño y desarrollo de zapatillas de running consideraba esenciales la amortiguación, el soporte, y el control de pronación y supinación. Diversos sistemas tanto de plantillas, palmillas y acolchados de aire y gel se orientaban a proteger y envolver el pie, y facilitar la pisada.
Los defensores del Barefoot argumentan que estas zapatillas no hacen sino modificar la forma en la que corremos y andamos, alterando la postura del cuerpo al correr, y haciendo trabajar de forma poco eficiente a músculos y articulaciones.
Es evidente que el cuerpo humano, biomecánicamente no se diseñó para correr con amortiguación. Hasta hace relativamente pocos años, el hombre corría, andaba y vivía sin amortiguaciones, ni sistemas de soportes. La introducción de estas barreras protectoras hizo a nuestro cuerpo vago: puesto que ahora era capaz de soportar mayores impactos, dejó de preocuparse de cual era la manera más efectiva de correr.
Veamos con detalle esto de lo que acabamos de hablar. Si os fijáis en la imagen 1, veréis que efectivamente, el cuerpo se retrasa ligeramente al correr, respecto de lo que sería su posición natural. Esto hace, por ejemplo, que la entrada de la pisada, la recepción, la hagamos en una posición antinatural para nuestro cuerpo. Las zapatillas tradicionales nos "obligan" a entrar con el talón, y aunque las zapatillas tengan amortiguación, sufrimos constantes impactos sobre todo en las rodillas.
El Barefoot nos desplaza ligeramente el centro de gravedad al correr (vamos más adelantados) esto hace, entre otras cosas, que el pie entre en una postura más relajada, y que la absorción del aterrizaje sea más gradual e instintiva, puesto que la zona delantera del pie tiene más sensibilidad y control.
De hecho, en su día la universidad de Harvard hizo un experimento con corredores que habitualmente usaban zapatillas y otros que siempre corrían descalzos. Se les pidió que corrieran sobre una placa con sensores para medir la fuerza de los impactos generados.
Como podréis imaginar, los corredores con zapatillas descargaban en cada pisada mucha más energía de golpe, mientras que los "descalzos" controlaban más gradualmente ese impacto. (ver imagen2)
Correr o andar con zapatillas amortiguadas tiene otro efecto negativo. Normalmente, en la mayoría de los casos, el calzado altera el ángulo natural de apoyo del pie. Cuando estamos descalzos ese ángulo es igual a 0. Pero según el tipo de calzado, cuando llevamos zapatillas, nuestro pie apoya contra el suelo con cierto ángulo de inclinación, lo que a la larga se traduce en problemas de rodillas y en las caderas principalmente. El caso extremo es de los tacones, pero la misma mecánica se puede aplicar, salvando las distancias, al calzado de running tradicional.
Al correr sin el colchón de seguridad de la amortiguación, obligamos a los músculos de los pies y de las piernas a trabajar para absorber el impacto, hacer la transición de la pisada, y lanzar el impulso. Todo el tren inferior entra en juego, de forma que el ejercicio es más completo, y sobre todo, el esfuerzo está más distribuido. (ver foto 3)
26/09/2015
26/09/2015