06/07/2020
Un día como hoy, pero hace 23 años, emprendíamos una ilusión para esta ciudad, abríamos las puertas de Neviska.
Todavía nos vemos entrando en el puerto, con tanta nitidez que parece como si, a ese estante de la memoria, lo hubieran frotado con alcohol.
No veo imágenes de un establecimiento comercial, o un negocio, mas bien lo veo como una elipsis de tiempo para escaparse y edulcorar los días, un hacedor de sueños, fabricando felicidad, esa felicidad que se reconoce solo en el lugar que pide a gritos una sonrisa. Un lugar del que nunca, pero nunca jamás nadie, se iba a ir sin intentar entrar a patinar: o porque no se animaba o por no tener plata, esa era nuestra consigna, el lema de Neviska.
Fue hogar y escuela para muchos chicos, pero también para muchos adultos, fue cucha y comida para mil perros callejeros, y algunos que vivían en la calle, fué la posibilidad de aprender a patinar sin ningún costo económico para chicos de cualquier escuela que no pudiera acceder, fué lugar de trabajo y nucleo de familia de mil amigos, -porque quien entraba a trabajar directamente pasaba a formar parte del grupo familiar-.
En síntesis, un lugar donde siempre se priorizó, siempre, la sonrisa y el bienestar de las personas antes que el rédito económico.
Vivimos mil historias, historias especiales, lindas, feas, muy feas, pero sobre todo vivimos historias mágicas, desde un nene que empezó a patinar porque no le gustaba jugar al futbol y entrenando en la pista llegó a competir en los Juegos Olímpicos. Historias de chicos que pudieron cumplir su sueño de vivir del patín ya sea actuando en shows internacionales o dando clases, de nuestra profesora que recorrió pistas del mundo y nos hizo creer que era la mejor, historias de felicidad con dos pesos con cincuenta, de dar una oportunidad sin pensar en el retorno. De haber tenido otro objetivo de trabajo, seguramente hoy la realidad seria mas holgada y cómoda, pero nunca seríamos tan felices. Muchas veces se tuvo que sacar plata de nuestros bolsillos para pagar impuestos o proveedores en las malas, pero felices y agradecidos de poder seguir. Hoy llego el final, hoy se hace imposible seguir con el sueño de regalar sonrisas de origamis, después de 23 años ininterrumpidos, se cerro NEVISKA y duele, duele por nosotros, duele por los empleados, duele por los chicos, duele por los proyectos, duele por quien, ahí, intentaría ser un rato felíz. En su lugar probablemente pongan un restaurante de categoría o un casino. Lo harán con mas dinero y menos esfuerzo de familia, lo harán con mas coherencia, y sin lugar a dudas con mejores resultados económicos. El tiempo que siempre nos acaba empatando, les dará una historia . Pero nunca sera como esta, como la Familia Neviska, tan feliz como casera.
La historia de un un negocio, pero también la espina dorsal de nuestra memoria . La historia que mas necesitamos ahora escribir, para atenuar este profundo temor o miedo al olvido de este lugar.
Agradecemos a todos los que hicieron posible estos 23 años de magia: empleados, amigos, profes, empresas, provedores y mucha gente más... muuuuucha mas.
Hoy NEVISKA vió por última vez un sueño cumplirse.
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