Masakatsu Dojo - Aikido Aikikai

Esta Páguina muestra la Historia de un Dojo de Artes Marciales en Cuba que con el paso de los años se ha convertido en una Familia de Amantes del Budo

El Guerrero a la Sombra del Cerezo

«Cuando el mundo está en paz, el auténtico guerrero reposa con su espada junto a él».

Wu Tsu

Las Piedras de Chihaya

Es preferible que te guardes dentro de ti todo el arrojo y la fiereza, manteniendo un aspecto externo de delicadeza y bondad.

IZAWA NAGAHIDE

El Guerrero a la Sombra del Cerezo

«No sé cómo superar a otros hombres. Todo lo que sé es cómo superarme a mí mismo».

Yagiu Muneyoshi

Armas Rotas. Por los Senderos del Camino.

“La etiqueta sirve para controlar el ego que busca siempre satisfacer sus instintos primarios, orientando la energía para utilizarla en el sentido mas positivo o provechoso”.

- Tamura sensei

El Guerrero a la Sombra del Cerezo

«La serenidad de espíritu, y no la habilidad con la espada, es lo que distingue a un auténtico samurái».

Tsukahara Bokuden

(Fotografía de David M.)

Karate mi estilo de vida

Excelente inicio de semana !!!

Chi Ryu Aiki-JuJitsu Honbu Dojo

Fall down seven times, stand up eight.

Challenge yourself! Following a teacher is never meant to be easy. The path will be rocky and you will stumble a lot. But in the end it will be worth it.

#martialarts #chiryuaikijitsu #chiryuaikijujitsuhonbudojo #thegreysamurai #path #challenge #dontquit

Puño y montaña

«La fuerza debe usarse como último recurso, únicamente cuando el sentido de humanidad y de justicia no puede prevalecer, pero si se hace uso de los puños libremente sin consideración alguna, la persona perderá el respeto de los demás y será vilmente tratada y censurada por actuar de forma bárbara.»

Gichin Funakoshi, Karate Do Kyohan.

Fotografía. Gichin Funakoshi.

Milton F. Nasimba T.

Aikido - the best of the best
Www.katanadojo.com

Armas Rotas. Por los Senderos del Camino.

Sin embargo, la compasión es más desafiante emocionalmente que la bondad amorosa porque implica la voluntad de sentir dolor. Definitivamente requiere el entrenamiento de un guerrero.

Extraído de:

Los lugares que te asustan.
Una guía para la valentía en tiempos difíciles.
por Pema Chödrön

Ankor Inclán

Tu peor enemigo....
https://www.ankorinclan.es/grupos-whatsapp/

El Guerrero a la Sombra del Cerezo

«El honor no te da poder, pero hará que te respeten. Y a la larga, el respeto es poder».

Ishida Mitsunari

El Guerrero a la Sombra del Cerezo

«Mil días para forjar el espíritu, diez mil días para pulir lo que has forjado».

Miyamoto Musashi

«Según contaba mi abuelo, Kunimura era un shokunin muy reputado en la provincia de Higo —comenzó Kenjirō su relato—. Un día, sin saber nadie por qué, expulsó a sus ayudantes del taller y, acompañado solo de su hijo, subió a la montaña, hasta una forja abandonada excavada en una cueva volcánica. Al parecer, tardaron semanas en hacer rugir el fuego, pero cuando este estuvo listo, poseyó el alma y el brazo de Kunimura durante siete meses.
»Según se dice, mil veces mil martillazos descargó el herrero, doblando el lingote una y otra vez, haciendo saltar las impurezas con cada golpe hasta obtener un acero tan blanco como el fulgor del alba. Durante el proceso obligó a su hijo a alimentar la fragua con tal ahínco que fue necesaria la madera de un pequeño bosque para mantener el fuego; y tal era el calor que emanaba del horno, que todo ser vivo huyó de la montaña, y solo permanecieron los kami del fuego y el acero, absortos en el fanático martilleo del herrero. El sudor de sus cuerpos se evaporaba a tal velocidad que cada noche bebían el agua que hubiera saciado a una aldea durante una semana, hasta que el último mes el hijo del herrero desfalleció y quedó inconsciente, y así lo hubiera hecho también el padre, de no ser porque el propio Susano-o sostuvo el brazo de aquel hombre haciéndolo percutir sin cesar, tronando con cada descarga del martillo.
»Cuando hubo concluido su labor, Enju Kunimura anunció que había forjado su última espada, pues ya todas las que hiciera serían una pálida sombra de aquella, y puesto que no fue un encargo, anunció que se entrevistaría con aquellos que quisieran convertirla en su espada familiar.
»Cuando corrió la voz, grandes señores de las provincias próximas se presentaron en el taller del herrero. Uno tras otro se entrevistaron con el maestro, y uno tras otro fueron repudiados. Ningún pago parecía suficiente para tan soberbia espada, que el maestro exhibía desenvainada tras de sí cuando se reunía con los interesados. Algunos señores ofrecieron la mitad del diezmo de su feudo durante un año, otros la mano de una hija en matrimonio, también le fueron ofrecidos castillos, caballos de Kansai e incluso un pequeño latifundio de tres mil koku, pero cada propuesta fue rechazada.
»Los señores de la región terminaron por decidir que el viejo herrero había perdido la cabeza y que jamás entregaría su espada. Poco a poco, la casa de Kunimura fue quedando en calma. Fue entonces cuando un samurái rural se atrevió a visitar el taller del shokunin. Quería comprar la más modesta de las espadas que tuviera el herrero, aquella que considerara más indigna de su talento, ya que, según dijo, tal arma sería un enorme privilegio para su familia. Quería que fuera el regalo de mayoría de edad para su hijo, mi tatarabuelo —prosiguió Kenjirō—. El herrero le preguntó cuánto estaba dispuesto a pagar y aquel hombre le dijo que llevaba consigo toda la fortuna de la familia, que apenas sumaba treinta y cinco ryo, más la promesa de que jamás nadie con su apellido deshonraría el acero que le entregara. «Te confío entonces la que será mi última creación», le dijo Kunimura, «se llama Filo de Viento, pues el viento invernal sopló dentro de mi fragua para avivar el fuego cuando yo desfallecí. No la he considerado digna de ningún gran señor, pero quizás sí sea el arma adecuada para que un samurái rural se la regale a su hijo el día de la mayoría de edad».
»Mi cuarto abuelo, en cuanto vio esta espada, fue consciente del inmenso regalo que el herrero le ofrecía. La aceptó con humildad y, para no ser castigado por poseer un arma mejor que la de su señor, envolvió la funda en tela trenzada y sustituyó el rico cordaje de seda por cintas de algodón, de modo que, envainada, pareciera el más vulgar de los sables.
»Kenjirō tomó entonces la vaina forrada y, con sumo cuidado, deslizó la hoja en su interior».

Fragmento de OCHO MILLONES DE DIOSES, novela publicada por Editorial Suma de Letras.

Puño y montaña

«Quedarse quieto es retroceder; los que piensan que ya han aprendido todo y se tornan engreídos y fanfarrones, que hablan de sus propios méritos después de haber dominado los pasos de algunas katas y haber adquirido destreza en sus movimientos físicos, no son dignos de ser considerados como estudiantes serios de artes marciales.»

Gichin Funakoshi, Karate-dô Kyöhan.

Fotografía. Kongōrikishi o Niō (Zochoten o Komokuten), guardianes de Buda (https://flic.kr/p/6mZyym).

El Guerrero a la Sombra del Cerezo

«En el zen, como en el camino del guerrero, el entrenamiento lo es todo. Me preguntan: ¿cuánto tiempo hay que entrenarse?, ¿durante cuántos años tengo que hacer zazen? Yo respondo: hasta la muerte».

Taisen Deshimaru

«Sogo franqueó el pórtico y se detuvo en los límites de la densa oscuridad, a la espera de que sus ojos se adaptaran a la penumbra. Una penetrante vaharada de incienso llegó hasta él e, instintivamente, buscó el punto de luz incandescente. Pudo distinguir en las profundidades de la sala un cuenco lleno de arena en el que se habían clavado innumerables varillas de incienso; la mayoría aún ardía, inundando la estancia de un olor que a Sogo se le antojó malsano. Y, al mirar más allá del humo del incienso, descubrió que doce figuras los contemplaban en silencio, todas en la posición de loto, de espaldas a un gran Buda de piedra apenas intuido entre las tinieblas que anegaban el fondo de la estancia. Las manos de la estatua formaban el mudra de la rueda del dharma, y con ellas parecía amparar a los hombres que meditaban a sus pies.
Asaji y Hiroshi miraron a su oficial, a la espera de alguna orden, pero este parecía sobrecogido por la visión de los ascetas. Por fin, consciente de que sus hombres aguardaban a que tomara la iniciativa, dio un paso al frente:
—¿Quién de vosotros es Sen-Yo?
Los doce monjes guardaron silencio, perfectamente inmóviles, ajenos a la presencia de los recién llegados.
—Soy Sogo Iemasa —anunció, ahora con más autoridad—, oficial del ejército del señor Akechi, hemos venido a esta montaña en busca de Igarashi Bokuden.
Volvió a callar, a la espera de que alguno de aquellos hombres respondiera, pero permanecieron al amparo de las sombras y el silencio.
—Se nos ha dicho que Sen-Yo sabría dar con este hombre. ¿Quién de vosotros es Sen-Yo? —repitió en tono imperativo.
El silencio persistió, como si los samuráis no fueran más importantes que un gorrión que revoloteara entre las vigas del techo.
Sogo levantó la barbilla y afiló la mirada; la indignación comenzaba a bullir en sus entrañas. Si permitía que esos bonzos lo trataran así, estaba tolerando un insulto al blasón que llevaba cosido al pecho. Tras sopesarlo, miró a Asaji, que se hallaba a su izquierda, y le dio una orden muda.
Este echó mano al carcaj y tomó una flecha tocada con una pluma de garza. Colocó el proyectil en la cuerda y separó los brazos hasta conseguir la máxima tensión.
—Por última vez —insistió Sogo—, ¿dónde puedo dar con Igarashi Bokuden?
Aguardó hasta convencerse de que ninguno de aquellos hombres tenía intención de abandonar su meditación. Por último, desvió la mirada hacia el arquero y asintió.
Un tañido seco restalló en la sala cuando Asaji liberó la saeta. Esta cruzó la oscuridad con vertiginosa violencia e impactó en el estómago de uno de los bonzos, hundiéndose hasta el penacho. Sin embargo, el monje no solo permaneció en silencio, sino que mantuvo su postura de meditación.
—¿Cómo es posible? —masculló Sogo, presa de un súbito escalofrío.
—Vuestras flechas no herirán a mis hermanos —se elevó una voz.
—¿Quién ha hablado? —exclamó el oficial, recorriendo con ojos nerviosos aquellos rostros en penumbra.
—Hace años que alcanzaron la iluminación a través del sokushinbutsu y ahora están más allá de este mundo de sufrimiento. Si sus cuerpos siguen aquí, es solo para enseñarnos que la voluntad del espíritu puede doblegar incluso a la decadencia de la carne.
—¡Muéstrate! —exigió Sogo—, o clavaré flechas hasta dar contigo.
El bonzo, uno más entre las momias, giró la cabeza hacia el samurái. Su semblante era tan marchito e inexpresivo como el de sus hermanos muertos.
—¿Eres Sen-Yo?
—¿Importa quién sea? ¿Acaso no procedemos todos del mismo lugar, acaso no regresaremos allí? La individualidad es una ilusión del ego que solo persiste durante nuestro tránsito por este mundo.
El samurái avanzó hasta detenerse frente al monje. Apoyaba una mano sobre la empuñadura de la katana, pero no halló en los ojos de su interlocutor nada parecido al miedo o el respeto.
—¿No me temes?
—¿Por qué habría de hacerlo? —preguntó el otro—. No eres más que un hombre.
—Un hombre que podría matarte con la misma facilidad que aplasta a un insecto.
—Cada día avanzo con paso firme hacia mi muerte. Tus actos apenas supondrían una diferencia.
Sogo arrugó el ceño y se aproximó un poco más, hasta que el monje estuvo al alcance de su brazo.
—Quizás te privara de la posibilidad de alcanzar la iluminación en esta vida —repuso. Y sujetando la funda del sable con la izquierda, lo hizo girar sobre su cadera hasta colocar el filo hacia arriba, en posición de desenvainar.
—No alcanzaré la iluminación ni en esta vida ni en la siguiente —dijo Sen-Yo con absoluto sosiego—, mis pecados aún me atan al ciclo del karma.
El samurái gruñó, hastiado, y estuvo a punto de escupir a sus pies, pero algo lo obligó a contener tal desprecio. Era bien sabido que discutir con un bonzo acababa con la paciencia de cualquiera.
—Escucha bien, monje: a menos que nos digas cómo encontrar a Igarashi Bokuden, prenderemos fuego a este templo contigo dentro. Entonces veremos si tus hermanos fueron tan santos como para que sus cuerpos resistan el calor de las llamas.
Hiroshi se agitó al escuchar la amenaza de su oficial; quemar un templo podía acarrear grandes desgracias, sobre todo si algún demonio guardián habitaba entre aquellos pilares decrépitos. La criatura podría arrancarles los ojos y obligarlos a vagar ciegos por el Yomi. Un alto precio solo por encontrar a un viejo ermitaño.
—Si queréis dar con Bokuden, solo tenéis que ascender por el camino que escala a la cumbre. Si su karma es que el mundo vuelva a él, ¿quién soy yo para evitarlo? —dijo Sen-Yo, y pareció sonreír antes de añadir—: Si por el contrario la montaña desea retenerlo aquí, es probable que muráis despeñados o atravesados por un rayo. En cualquier caso, rezaré por vuestras almas inmortales.
Sogo mantuvo la mirada en el monje, la mandíbula tensa y la compostura a punto de quebrarse.
—No somos campesinos a los que puedas intimidar con tus supercherías, bonzo —le advirtió, masticando las palabras—. Buscaremos a ese hombre, y si no lo encontramos donde dices, volveremos para que rindas cuentas de tus mentiras.
Con aquella amenaza como despedida, giró y se dispuso a salir de allí. Pero antes de alcanzar la puerta, lo retuvo la voz de Sen-Yo:
—Ten cuidado, samurái. Con ese al que buscáis tampoco os servirán vuestras flechas.
Sogo se detuvo en seco y apretó la empuñadura de la katana. Por un instante sopesó las consecuencias. Finalmente, reanudó el paso hasta saludar con alivio la luz del sol en su rostro».

Fragmento de OCHO MILLONES DE DIOSES, novela publicada por Editorial Suma de Letras | Me gusta leer

El Guerrero a la Sombra del Cerezo

«El verdadero guerrero es aquél que se alza sobre el resto y se mantiene firme en medio de la tormenta».

Yamamoto Tsunemoto

El Guerrero a la Sombra del Cerezo

«El ser humano se encuentra en constante movimiento. Si no avanza hacia lo que es bueno, con total seguridad se moverá hacia lo que es malo».

Issai Chozanshi

Nanzenji 南禅寺

Historia-Cultura del Japón

Los grandes Budas (Daibutsu) de Nara y Kamakura 🙏🌹

La palabra "Daibutsu" significa, literalmente, “gran Buda”, y se refiere a las figuras de gran tamaño de Buda. Desde que el budismo llegara a Japón en el siglo VI se han erigido numerosas estatuas de este tipo, algunas para pedir la paz o el bienestar del pueblo y los nobles. Sin embargo, cuando oyen hablar del “gran Buda” muchos japoneses piensan en dos estatuas concretas: los Budas de Nara y Kamakura. Ambas son impresionantes figuras del Buda sentado en actitud pacífica.

🔹Gran Buda de Nara (Buda Vairocana. Tesoro nacional)
El Gran Buda se encuentra emplazado en el templo Tôdaiji (東大寺), situado en el extremo norte del parque de Nara (奈良公園)

El emperador Shōmu ordenó que se construyera esta estatua con la esperanza de lograr valerse del poder del budismo para acallar el malestar social que habían causado los disturbios políticos y las rebeliones, y para proteger al pueblo de las epidemias y el daño causado por los desastres naturales. En 752 se celebró una ceremonia de “apertura de ojos” (en la que se dota de espíritu a la estatua). El pabellón (Daibutsuden), donde reside el gran Buda, ardió dos veces durante ciertas batallas, y la estatua sufrió daños. El pabellón, que fué reconstruido durante el periodo Edo (1603-1868), es una de las estructuras de madera más grandes del mundo y está registrada como tesoro nacional.

El emperador creía que el poder de Buda podría ayudar a la gente. El gran Buda fue diseñado por Kuninaka-No Muraji Kimimaro, cuyo abuelo fue un inmigrante del reino Baekje de Corea. Según la leyenda, alrededor de 2.600.000 personas en total ayudaron en la construcción del Buda (420.000 con contribuciones y 2.180.000 trabajando para construirlo); este número iguala a la mitad de la población de Japón en esa época; estos datos que no han sido certeramente comprobados. El templo fue finalizado en el 745 y el buda completado en el 751, habiendo consumido la mayoría de la producción de bronce en Japón durante varios años y dejando al país casi en bancarrota; al año siguiente de la finalizsción se realiza la "apertura de ojos".
La estatua ha sido refundida varias veces debido a razones como daños causado por terremotos y la reconstrucción del templo se hizo en dos oportunidades debido a incendios.
Este Gran Buda sedente es la estatua de mayor tamaño y peso de Japón.

Uno de los pilares que sostiene el templo posee un agujero en su base que tiene las mismas dimensiones que los orificios de la nariz del Buda. Los visitantes intentan pasar por el agujero y subir hasta la cima del pilar, ya que la leyenda dice que aquel que logre el cometido será bendecido con la iluminación. Los niños no suelen tener dificultades en pasar, pero los adultos a veces se atascan y necesitan ayuda.
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🔹Gran Buda de Kamakura (Buda de Kōtoku-in / Buda Amitabha. Tesoro nacional)
El Gran Buda de Kamakura (大仏, daibutsu) es una estatua de bronce del Buda Amitabha de 13,35 metros de alto y unas 93 toneladas de peso situada en el templo budista Kōtoku-in (高徳院), en la ciudad de Kamakura (prefectura de Kanagawa).

Con estas medidas, es el segundo Buda más grande de Japón en posición sentada, por detrás del Gran Buda del templo Tōdai-ji, en Nara, aunque es el primero de estas características al aire libre.

Se empezó a construir en 1252 y su construcción duró cerca de diez años, pero se desconocen los motivos y detalles como la fecha de la ceremonia de “apertura de ojos”. Muchas grandes estatuas de Buda se encuentran protegidas en pabellones, pero la de Kamakura es bastante especial porque está al aire libre. Inicialmente existía un pabellón, pero fue destruido varias veces por tifones y terremotos, así que desde 1498, durante más de 500 años, la estatua ha venido soportando la erosión del viento y la lluvia. Pese a ese daño sufrido, este Buda, con el cielo azul como fondo, posee una belleza que no tienen los grandes Budas que se hallan en pabellones.

No solo se puede admirar la belleza exterior de esta estatua, sino que el visitante puede pagar 20 yenes extra y entrar en ella, ya que posee una escalera interna que permite al visitante observar la estructura de construcción y las reparaciones que se han realizado. Resulta interesante apreciar estas marcas ya que son más difíciles de observar desde el exterior.

*Fuentes

https://www.nippon.com/es/features/h00353/?fbclid=IwAR0XabRn0oGIQPqrlailbjEZ-J5HqdzfSSt_c9bRI5Aho1Xwqh-NdciUXKw
https://es.m.wikipedia.org/wiki/T%C5%8Ddai-ji
https://japonismo.com/blog/viaje-a-japon-el-gran-buda-de-kamakura
https://flapyinjapan.com/2007/09/23/el-gran-buda-de-nara-%E5%A5%88%E8%89%AF%E5%A4%A7%E4%BB%8F/
https://es.m.wikipedia.org/wiki/K%C5%8Dtoku-in

*Imágenes

Buda de Kamakura
Buda de Tôdaiji
https://www.flickr.com/photos/puenteaereo/13489602863
https://www.flickr.com/photos/puenteaereo/29842053681/in/album-72157673156915572/
https://www.robinju.com/2012/11/todaiji-temple-nara.html

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