03/11/2019
Música para aprender a bailar 04
Aníbal Troilo - Con sus cantores
Troilo, el niño, gastaba horas simulando tocar el fueye con un almohadón y se había comprometido a pagar él mismo cada una de las cuotas del bandoneón que le consiguiera su madre. El mismo Troilo comentó “el fueye me atraía tanto como una pelota de fútbol. La vieja se hizo rogar un poco, pero al final me dio el gusto y tuve mi primer bandoneón: diez pesos por mes en catorce cuotas”. Pero luego de cobrar la cuarta el comerciante murió y nunca nadie reclamó el resto. Con ese instrumento tocó casi toda su vida. Troilo comenzaba su historia con el tango con una deuda impaga.
Aníbal se hizo un hueco entre la escuela y el fútbol, quería aprender, probó con el maestro Juan Amendolaro. Después de seis meses febriles, Amendolaro tiró la toalla. "Ya está, pibe. No tenés nada más que aprender de mí". Nadie entendía bien de dónde venía el talento musical. Su padre, carnicero, apenas rasgaba la guitarra; su madre, ni eso. "Yo no soy músico —diría mucho después—; yo soy tanguero. ¿Me imaginás a mí tocando la flauta?". Al poco lo pararon los amigos en la esquina. "¡Dogor! –le gritó el jorobadito Goyo- ¿te querés ganar unos mangos? Te conseguimos una actuación en el Petit Colón”. Desde entonces la presencia de Pichuco –como se lo conocía a Troilo- en el cine y el teatro es muy fuerte, desde sus 11 años de edad lo suyo fueron las presentaciones en público. Muy pronto se aventuraría a la radio, que ocupará un rol importante en su carrera.
A días de cumplir los veintitrés años, Aníbal Troilo debutó con su propia orquesta. Su ascenso fue meteórico. Fue uno de esos contados artistas que nos hacen preguntar qué misterio, qué magia produjo semejante comunión con el público. Como ejecutante del bandoneón no fue un estilista, ni un virtuoso, ni un creador múltiple, ni un fraseador. Pero de todo tuvo algo y fue, fundamentalmente, él mismo, personalidad y sentimiento en la expresión. Tocaba ligeramente inclinado hacia adelante, los ojos cerrados. Sobre esto comentó “Se dice que yo me emociono demasiado a menudo y que lloro. Sí, es cierto. Pero nunca lo hago por cosas sin importancia». Sus músicos decían que llevaba al tango en la piel. Tocaba como bailaban los bailarines de antes, resbalando sobre el piso encerado. Eso no se lo enseñó nadie. Es necesaria una sensibilidad muy especial y Troilo la tenía, por eso fue lo que fue. Como director de orquesta cultivó un estilo netamente tanguero, equilibrado, sin efectismos y de buen gusto. Supo rodearse de los mejores ejecutantes de acuerdo a sus ideas musicales; eligió buenos cantores, que a su lado dieron lo mejor de sí.
Como compositor Troilo creó un extenso número de obras fundamentales. “Yo nunca puedo escribir música por escribir - dijo sobre sí mismo-. Preciso una letra primero. Una letra que me guste. Entonces la mastico. La aprendo de memoria. Todo el día la tengo en la cabeza. Es como si la fuera envolviendo en la música. Es muy importante para mí lo que dice la letra de una canción”. Por ello Pichuco fue muy cercano a poetas imprescindibles como Cátulo Castillo o Enrique Cadícamo. Pero sobre todo fue muy amigo de Homero Manzi: “Eramos como hermanos, con una sensibilidad parecida. Por eso me gustaban las letras de Manzi”. La muerte de Manzi le produjo una profunda depresión que duró más de un año. Una noche interrumpió un juego de Bacarat se aisló en una habitación para componer su obra Responso, un lamento que está catalogado como uno de los tangos más brillantes de todas las épocas. Lo grabó pero luego se negaba a tocarlo. Lo ha hecho a pedido del público, pero se sabe que sufría cuando lo hacía.
Troilo tuvo en su orquesta al innovador del tango, cuando joven, Ástor Piazzolla, a quien designó como su arreglador. Sin embargo Troilo fue famoso por ser implacable con su goma de borrar para ignorar muchos de los cambios de sus arreglistas. Troilo siempre le recordaba a Piazzola: “la gente quiere bailar, no perdamos el baile, porque si perdemos la milonga, sonamos”. Esa relación de amor -y también de algunas broncas- entre Troilo y Piazzolla quedó plasmada en la honda emoción del disco Suite troileana de Piazzolla. Más que un tema, Ástor necesitó todo un disco para expresarle su afecto. Es que en los arreglos Troilo sabía perfectamente lo que quería, sin ser un orquestador.
Está claro: como ejecutante, como director, como compositor, Troilo no dejó escuela. Cualquier continuador sonaría a imitación. En 2005 se declaró la fecha del 11 de julio (natalicio de Pichuco), como el Día Nacional del Bandoneón. La vieja deuda —las diez cuotas impagas del bandoneón— puede considerarse saldada.
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Sigue el link para escuchar una lista de reproducción del mismo:
ANIBAL TROILO - FRANCISCO FIORENTINO - TE ACONSEJO QUE ME OLVIDES - TANGO - 1941
Entre los principales tangos de este binomio inmortal. La mejor época del Tango. www.carlostangodj.com