01/05/2026
Hay etapas en la vida que no vuelven… pero nunca se van.
Entre los años 90 al 93, tuvimos el honor de representar a la provincia del Guayas. No éramos conscientes de todo lo que estábamos construyendo. Solo entrenábamos, competíamos, caíamos, nos levantábamos… y volvíamos a intentar. Con disciplina, con ilusión, y con ese fuego que solo entiende quien ha vivido el deporte desde adentro.
En ese tiempo, tener una foto no era algo sencillo. No había celulares, no había redes… había momentos. Y esos momentos, si quedaban en un periódico, se convertían en tesoros. Hoy comparto estas imágenes no por nostalgia, sino por memoria… por identidad.
Porque muchos de los que estuvimos ahí seguimos de pie, en distintas trincheras: entrenadores, jueces, dirigentes, incluso emprendiendo dentro del deporte. Cada uno tomó su camino, pero todos llevamos algo en común: el carácter que se forja cuando uno lo da todo sin garantías.
Yo también pasé por varias etapas. Competidor, formador, dirigente… y en cada una di lo mejor que tuve en ese momento. No fue perfecto, pero fue real. Y eso deja huella.
Hoy, al mirar a mis hijas, veo reflejos de esa historia. Veo fuerza, determinación, y algo más… una base. Tal vez no sé hasta dónde llegarán, ni si seguirán el mismo camino, pero sí sé que el deporte ya les dio algo que nadie les puede quitar: una forma de enfrentar la vida.
Esto no es solo un recuerdo…
es una pregunta abierta:
¿Quién eras tú en esa etapa?
¿Quién eres ahora… gracias a eso que viviste?
Y si pudieras volver un momento a ese tiempo…
¿qué te dirías?