11/10/2026
Lo confieso: nunca he tenido miedo a mirarme por dentro.
Quizá soy un poco kamikaze, pero cada vez que algo se remueve en mí, me lanzo.
Una formación, un viaje, una terapia nueva, una práctica que no conozco... Voy hacia ahí con más curiosidad que miedo.
Sin embargo, veo algo que se repite en muchas de las mujeres que acompaño.
Y es que, justo cuando empiezan a tocar partes delicadas, aparece el miedo.
Y paran.
O lo dejan para más adelante, para cuando tengan más tiempo, para cuando se sientan más preparadas...
Y yo me pregunto: ¿miedo a qué?
¿A lo que puedas encontrar si miras dentro?
¿A remover lo que llevas años guardando?
¿A que tu vida tenga que cambiar si ves las cosas con claridad?
Creo que, casi siempre, en ese momento no hay ningún peligro real.
Lo que nos asusta es salir de lo que conocemos, de la vida a la que estamos acostumbradas... aunque esa vida ya no nos haga bien.
Y parar justo ahí es quedarse a mitad del desierto: ya no estás donde empezaste, pero tampoco has llegado al otro lado.
¿No compensa ser valiente y atravesarlo?
Lo cierto es que no hace falta esperar a que el miedo se vaya.
Puedes dar el paso con él al lado, a tu ritmo y bien acompañada.
El miedo puede venir contigo; lo que no tiene que hacer es decidir por ti.
Yo, cada vez que me lanzo, me encuentro a mí misma.
Y no se me ocurre nada más valioso que puedas encontrar al otro lado (más que un ascenso, más que tener cosas, más que mil viajes).
A ti misma.
👉 Así que hoy te pregunto a ti: ¿qué harías si el miedo no decidiera por ti?