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Programa de radio LGTB, (Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales) producido para Onda Local de And Compartimos Noticias, Entrevistas, Opinion, Musica

Todos los viernes de 18:05 a 19:00 horas en hablamos de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales.

La cruzada homófoba en África pone en riesgo la lucha contra el VIH: “Las enfermeras o los doctores tienen miedo y prefieren no atenderlos” 11/08/2026

La ola conservadora que en los últimos años ha endurecido las leyes contra la población LGTBIQ+ en países como Uganda, Senegal o Burkina Faso, y que amenaza con hacerlo también en Ghana, se ha convertido en un obstáculo más en la lucha contra el VIH. Uganda es el ejemplo más grave, con la ley aprobada hace tres años que prevé p***s de cadena perpetua e incluso de muerte en casos considerados como “homosexualidad agravada”, que incluyen relaciones con menores, personas con discapacidad u otros supuestos, como que una de las personas es seropositiva

La nueva norma ha condenado a la clandestinidad a miles de personas que hasta no hace mucho aún confiaban en una red de apoyo formada por clínicas, ONG y plataformas de la sociedad civil. Se ha instalado un clima de miedo que hace que muchos incluso dejen de acudir a buscar las píldoras de la profilaxis previa a la exposición (PrEP), de consumo diario. A la legislación homófoba se suma el problema de los recortes de la ayuda internacional, que se agudizaron tras el cierre de USAID, la agencia de cooperación de Estados Unidos.

Ruth Kikonyogo, investigadora y especialista en salud pública de Plan Internacional Uganda y Save the Youth Uganda, asegura a este diario que los pacientes ya no van al hospital a por las pastillas. “Y no solo es un tema de la comunidad LGTBIQ+”, asevera. “Cualquier persona que les ayude puede acabar en la cárcel. Incluso las enfermeras o los doctores tienen miedo y prefieren no atenderlos. La mayoría dice que son heterosexuales para recibir el tratamiento, pero algunos no quieren mentir y han dejado el país”.

Kikonyogo habla con miedo desde la Conferencia Internacional del Sida que se acaba de celebrar en Río de Janeiro y donde ha presentado un estudio sobre el impacto de las leyes homófobas en las políticas antiVIH. Confiesa que cada vez que sube a un escenario para hacer una presentación, por mucho que esté a miles de kilómetros de casa, se fija bien en la platea por miedo a que haya ugandeses que puedan jugarle una mala pasada, ya que, debido a la nueva normativa de su país, su trabajo en defensa de los colectivos vulnerables podría encuadrarse como “promoción de la homosexualidad”, que también prevé p***s de cárcel.

A pesar del riesgo, asegura que su vida en Uganda no corre un peligro extremo porque ella es heterosexual, pero muchos de los colegas con los que trabaja viven rozando la clandestinidad, invisibles. “Ser gay en Uganda siempre ha sido difícil, pero desde que se aprobó la ley se instaló un clima de desconfianza muy grande. La gente con la que teníamos contacto y a la que hacíamos seguimiento ha desaparecido. Muchos desconfían incluso de nosotros”, dice

Realizar el estudio no fue fácil para Kikonyogo, pero entre otras conclusiones encontró que, entre la población gay, que en Uganda es la más estigmatizada dentro del colectivo, el acceso a tratamiento para el VIH cayó 14 puntos en los últimos tres años, pasando del 72% al 58% de los encuestados. Una parte de los 141 participantes iniciales (hombres g**s jóvenes) dejó de coger el teléfono en algún momento por miedo. Todos los indicadores de ansiedad, depresión e intentos de suicidio han aumentado en ese periodo.

Penalizaciones en Ghana

Noticias similares llegan desde Ghana, donde el Parlamento aprobó en mayo un proyecto de ley que, si finalmente es promulgado por el presidente John Mahama, endurecerá la legislación de la época colonial sobre “el contacto carnal contra natura”, hasta el punto de contemplar p***s de hasta 10 años de cárcel.

La ghanesa Akua Gyamerah lideró un estudio desde la Universidad de Buffalo (EE UU) que confirma que el clima que se instaló en los últimos años en su país está teniendo efectos en las políticas de contención del VIH entre la población de riesgo. En sí, la homofobia imperante no impacta en el acceso inicial a los tratamientos, pero sí en la adherencia, pues hace que aumenten los casos de depresión y otros problemas de salud mental que al final llevan a que los pacientes dejen de medicarse y los que están más expuestos al virus dejen de protegerse. De entre casi 300 encuestados en el área metropolitana de Accra, la capital del país, el 27% dijo haber sido amenazado con una denuncia ante la policía por su orientación sexual y el 22,5% dejó de acudir a los grupos de debate sobre salud LGTBIQ+ por miedo. El desánimo llevó a pensar en la posibilidad del suicidio al 30% de los participantes.

La paradoja es que en algunos de estos países el miedo del colectivo convive con un momento esperanzador: la llegada del lenacapavir, un antirretroviral de acción prolongada que protege del virus con dos inyecciones al año. No solo es más práctico y cómodo que la PrEP oral diaria; el hecho de que sean ap***s dos pinchazos es clave para poblaciones estigmatizadas, personas que no quieren verse señaladas por su entorno por tomar pastillas.

Los especialistas coinciden en que su expansión marcará un antes y un después en la estrategia para frenar la epidemia de VIH en el continente africano. El problema es que las dosis todavía son muy escasas; están llegando con cuentagotas. De momento, se han beneficiado casi 66.000 personas en nueve países considerados prioritarios, en los que se han suministrado 191.620 dosis, según los datos más recientes, ofrecidos en la conferencia celebrada en Río. Entre ellos está Uganda. “Sabemos que ha llegado un lote este año en un distrito, pero todavía no tenemos mucho acceso, y lo peor es que muchos no sabrán nada porque les hemos perdido la pista”, lamenta Kikonyogo.

La cruzada homófoba en África pone en riesgo la lucha contra el VIH: “Las enfermeras o los doctores tienen miedo y prefieren no atenderlos” En Uganda, donde la ley prevé cadena perpetua para personas homosexuales, una encuesta revela que el acceso al tratamiento entre la población LGTBIQ+ ha caído del 72% al 58% en los últimos tres años

Del tardeo lésbico al Le***an Garros: cómo han cambiado los espacios de encuentro entre mujeres ‘q***r’ 08/07/2026

Un vistazo a la prensa internacional lo deja claro. Desde 2021, los reportajes sobre la desaparición de bares lésbicos se multiplica. Según datos del Le***an Bar Project, en Estados Unidos existían unos 200 bares de este tipo a finales de los años ochenta; en 2019 quedaban ap***s quince, un descenso de casi el 93%. La escritora Joan Nestle recordaba en Smithsonian Magazine que fue en esos locales donde nacieron los gestos, los códigos y los rituales de una comunidad despreciada que consiguió allí construir su propio mundo.

Partían, además, con una desventaja. Las mujeres han tenido históricamente menor renta disponible y han consumido menos alcohol que los hombres, por lo que muchos bares lésbicos funcionaban con márgenes más estrechos. Tras dieciocho años de actividad, el Lexington Club de San Francisco cerró en 2015. Su propietaria, Lila Thirkield, explicó en varias entrevistas que no cobraban entrada y que las consumiciones eran más baratas, aunque el alquiler fuera el mismo que el de cualquier otro negocio. “Cuando tu público es el 5% de la población, sabes que es un negocio difícil, si no imposible”, afirmaba en un documental de Vice.

Para Ana Murillo, cofundadora de la librería LGTBQ+ y transfeminista Mary Read, la cuestión no es solo económica. Históricamente, los bares lésbicos han funcionado como espacios de reconocimiento y pertenencia más que como lugares de consumo: “Porque las lesbianas hemos tenido muchísimos menos lugares donde encontrarnos, el bar funcionaba como un lugar al que ibas a ver y a dejarte ver, a confirmar que existían otras como tú, y eso no implicaba necesariamente beber mucho ni gastar mucho, sino estar y reconocerte en las demás, de manera que la función que de verdad cumplían los bares no siempre significaba que pudiese sostenerse”. En algunos casos, cuando los bares dejaron de ser rentables y se reconvirtieron en espacios LGTBIQ+ más generalistas, también perdieron parte de la clientela lesbiana, que dejó de percibirlos como lugares propios. A lo que se suma la gentrificación. No solo por el aumento de los alquileres, sino porque las comunidades que sostenían estos espacios han sido desplazadas a otros barrios.

Las aplicaciones de citas parecieron llenar durante un tiempo ese vacío. Según datos del Pew Research Center, hace 30 años, el 24% de la comunidad LGTBIQ+ conoció a su pareja online. Pero según el Huffinton Post UK, la gente se ha cansado de hacer swipe, de dar like y de los perfiles falsos. “Creo que las apps están de capa caída, aunque en su momento fueron fundamentales. En lo digital, hoy nos conocemos más en las redes sociales”, opina Murillo. En España, donde cuatro décadas de dictadura retrasaron la visibilidad pública de las lesbianas, los bares específicos han sido escasos desde el principio. “En Madrid, la escena exclusivamente lé***ca, o como ahora denominaríamos bibollo, ha sido realmente escasa”, opina Sandra Cendal, cofundadora de la editorial Continta me tienes. “Más allá de El Escape, El Fulanita y algunos bares en Lavapiés, las lesbianas nos hemos movido por espacios compartidos con maricas, personas trans y otros perfiles LGTBIQ+, sin que nuestra sigla fuese necesariamente la predominante”, añade.

Aun así, la escena madrileña llegó a adquirir fama internacional y, a mediados de la década pasada, plataformas como EveryQueer señalaban la capital como el principal destino para el turismo lésbico. “Pero poco a poco desaparecen los bares y cambian las formas de encontrarse”, resume Ana Murillo, cofundadora de la librería transfeminista y LGTBIQ+ Mary Read. Si antes el encuentro giraba en torno a un local, ahora lo hace en clubes de lectura, presentaciones de libros, equipos de fútbol, fiestas itinerantes o en redes sociales.

La transformación no es exclusiva de España. En Reino Unido, el festival Out & Wild nació precisamente a partir de una constatación: muchas mujeres q***r ya no buscaban conocerse en bares, sino a través de experiencias compartidas. “Nos dimos cuenta de que las mujeres q***r estaban mucho más interesadas en conectar con posibles parejas mediante intereses comunes y actividades compartidas que simplemente quedando en un bar”, explica su cofundadora, Polly Shute.

Out & Wild, que se presenta como el mayor festival británico para mujeres lesbianas, bisexuales, q***r y no binarias, organiza actividades de senderismo, natación en aguas abiertas, recitales de poesía, talleres… Nada de speed dating. “Creamos experiencias donde se conversa y se comparte, y lo demás surge de forma natural”. Después del confinamiento por la pandemia, muchas personas han querido apostado por encontrarse en espacios físicos. Basta con echar un vistazo a plataformas como Meetup para darse cuenta. En Madrid, los encuentros cambian de ubicación constantemente. “Estamos viviendo una época terrible para los espacios comunitarios. La gentrificación y la turistificación nos expulsan de nuestros barrios, pero también a las librerías, los bares o los centros sociales. Por eso proliferan las fiestas puntuales y los eventos que no requieren mantener un local abierto durante todo el año”, afirma Murillo.

“Cada vez hay más eventos, tardeos, torneos deportivos o viajes pensados exclusivamente para nosotras”, explica María Jesús Méndez Muñoz, directora de MíraLES, una plataforma de medios, ocio y viajes para mujeres lesbianas. “Los tardeos se han convertido en la opción preferida. Muchas mujeres vuelven a casa antes de medianoche y buscan otras formas de socializar”, añade. Las convocatorias de MíraLES reúnen entre 500 y 900 asistentes. “Vienen atraídas por las fotos y vídeos que publicamos en redes, por la sensación de libertad y por la posibilidad de encontrar amigas o pareja”, cuenta Méndez Muñoz. “Me emociona recibir a mujeres que llegan desde Latinoamérica, Europa, Emiratos Árabes o incluso Kazajistán. Madrid se ha convertido en uno de los grandes referentes internacionales del ocio lésbico”.

Los hábitos de consumo también cambian. “Siempre se ha dicho que los hombres g**s gastan más en ocio y consumen más alcohol”, señala. “Pero nuestra experiencia es que cada vez hay más mujeres lesbianas dispuestas a invertir en espacios y actividades que les permitan conocer a otras mujeres”. Para Méndez Muñoz, esa transformación tiene que ver con una mayor aceptación de la propia identidad. “Cuando vives tu lesbianismo con libertad y alegría, eso también se refleja en los lugares que frecuentas y en cómo eliges relacionarte”.

La comunidad también se organiza cada vez más alrededor de intereses compartidos. “Desde hace más de una década vemos crecer espacios de encuentro vinculados al deporte, los libros o las aficiones”, explica Marina Beloki, cofundadora de Continta me tienes. “Ligas de fútbol donde la inmensa mayoría de las participantes son bibo***ras, torneos como Le***an Garros o iniciativas recientes como Chessbian. Igual que ocurre con los clubes de lectura, la gente se reúne para hacer algo que le apasiona y a partir de ahí construye vínculos”.

No todas las formas de comunidad atraviesan, sin embargo, un momento de expansión. “Lo que sí creo que está mu**to son los espacios activistas”, lamenta Murillo. “Hay una desmovilización bastante importante y grave”.

La discusión actual ya no gira únicamente en torno a dónde encontrarse, sino también a cómo nombrarse. Mientras algunas personas celebran la amplitud de los espacios q***r, otras lamentan la desaparición de los pocos lugares específicamente lésbicos. Murillo se muestra crítica con el éxito reciente del término “sáfico”. “Me parece una palabra demasiado cómoda”, afirma. “Suaviza la incomodidad que todavía provocan palabras como lesbiana o bo***ra y nos resta parte de nuestra carga política y transgresora”.

La cuestión no es solo terminológica. También afecta a la transmisión de la memoria. “Siempre se ha transmitido en persona, mirando a otras bo***ras que ya habían vivido lo que tú estabas empezando a vivir. El peligro es que cada generación crea que inventa el lesbianismo desde cero y vuelva a discutir cuestiones que ya estaban resueltas”, reflexiona Murillo. Méndez Muñoz coincide: “Las generaciones más jóvenes muchas veces desconocen todo lo que se ha luchado para llegar hasta aquí”, señala. “La memoria lé***ca no son solo películas, series o libros. También es conocer la historia de las mujeres que sufrieron violencia y exclusión para conquistar los derechos que hoy damos por sentados”. Por eso rechaza los discursos que defienden abandonar las etiquetas. “Lo que no se nombra no existe. Mientras haya mujeres que sufran por ser lesbianas, seguiré utilizando esa palabra”.

La tensión entre espacios lésbicos y espacios q***r atraviesa buena parte de estos debates. Para Murillo, el problema no es la existencia de espacios amplios e inclusivos. “Las alianzas han sido fundamentales para nuestros avances en derechos”, reconoce. “Lo que me preocupa es que desaparezcan los espacios que se atrevan a llamarse lésbicos”.

Porque, al final, la pregunta que plantea Jeremy Atherton Lin sobre los bares g**s también sirve para pensar la experiencia lé***ca. ¿Qué pierde una comunidad cuando deja de tener lugares propios? “Pierde lo imprevisto, el cuerpo, la memoria y lo intergeneracional”, responde Murillo. “Pierde el sitio al que volver”. Sin esos espacios, concluye, una comunidad puede seguir reuniéndose, pero corre el riesgo de convertirse en una suma de individualidades incapaces de construir una memoria compartida o de dotar de sentido político a la experiencia de ser lesbiana.

Del tardeo lésbico al Le***an Garros: cómo han cambiado los espacios de encuentro entre mujeres ‘q***r’ En el mes del Orgullo LGTBIQ+ de Madrid, Capitán Swing publica ‘Bar Gay. Fragmentos de aquellas fiestas’, un ensayo-memoria que se pregunta qué ocurre cuando desaparecen los espacios que funcionan como archivos de la memoria ‘q***r’. En SModa hemos querido trasladar esa pregunta a otro ter...

"El amor oscuro" de Lorca por Juan Ramirez de Lucas en el 154 - Desde Fuera del Armario 24/05/2026

Al hilo de la polémica sobre la frase de Javier Ambrossi “Lo mataron porque era gay”, sobre Lorca, viene bien recordar de forma reposada el episodio del programa en que entrevistamos a Manuel Francisco Reina sobre su libro “Los amores oscuros”, que trata del último gran amor de Lorca, Juan Ramírez de Lucas. Por él no se fue a México, y lo mataron. Imprescindible también la entrevista a Eduardo Mendicutti.

"El amor oscuro" de Lorca por Juan Ramirez de Lucas en el 154 - Desde Fuera del Armario Escucha " "El amor oscuro" de Lorca por Juan Ramirez de Lucas en el 154" de Desde Fuera del Armario. El ultimo amor de García Lorca, es novelado en "El amor oscuro" de Manuel Francisco Reina. Con él hablamos de su novela, de Lorca,... Descarga o reproduce en línea en Poderato.

02/04/2026

🏳️‍⚧️ Trans women are women.
🏳️‍⚧️ Trans men are men.
🏳️‍⚧️ Non-binary people exist.

📢 Trans rights are under attack in Europe and in other places including the US and the UK, but we say it loud and clear: trans rights are human rights and deserve protection and recognition.

Including trans women in any gender-equality and anti-violence policy is essential to ensure that all women are protected by the law.

💞 Today is Transgender Day of Visibility & we celebrate all of the trans women, trans men & non-binary people in Europe (and beyond!).

Un campo de castigo franquista para g*is en Fuerteventura, primer lugar de memoria LGTBIQ+ de España 28/02/2026

Día de memoria, reconocimiento y desagravio en lo más profundo del desierto de Fuerteventura. El Gobierno de España ha declarado este viernes Lugar de Memoria Democrática la antigua Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía, en el árido centro de la isla canaria. Este espacio, primer Lugar de Memoria de Canarias y primero de España dedicado a las personas LGTBIQ+, albergó entre 1954 y 1966 un campo de trabajos forzados para personas de este colectivo. Por sus dependencias pasaron varios centenares de reclusos que vivieron en condiciones infrahumanas, obligados a desempeñar trabajos forzados solo por su orientación sexual.

El acto ha servido, además, para rendir homenaje a las víctimas por la represalia en las islas y en España, y de reconocimiento a la lucha del colectivo LGTBIQ+. La libertad y el peligro de un crecimiento de la extrema derecha planeó sobre el escenario y en todas las intervenciones. “Nacer en libertad no es garantía de morir en libertad”, ha advertido en su discurso el ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, quien ha aprovechado su turno para lanzar una advertencia: “Que se lo piensen al intentar difundir discursos de odio, porque nos van a tener enfrente”

Esta lucha se ha personalizado en diez galardonados, quienes durante el acto recibieron sendas declaraciones de Reconocimiento y Reparación. “Ya no son ustedes personas sin papeles”, les ha reconocido Torres.

El presidente de Canarias, Fernando Clavijo, también se dirigió a los homenajeados, a los que agradeció su “perseverancia”. También ha aprovechado para dedicar unas palabras a las generaciones más jóvenes. “La libertad no es un regalo, sino una conquista de cada día”. Y ha sentenciado: “Durante demasiados años, este territorio árido y aislado fue un escenario de castigo para personas cuyo único delito fue amar, vivir y pensar de una forma que el régimen no admitía”. Y ha cerrado: “Como presidente, me comprometo a que este reconocimiento no sea un punto final, sino de partida. La lucha de estas personas ha de ser nuestro combustible”.

Los diez galardonados han sido Octavio García Hernández (fallecido en 2018), recluido en Tefía de 1956 a 1957; Juan Curbelo Oramas (fallecido en 2004), primera persona que en 2001 habló públicamente de su encarcelamiento en Tefía; Empar Pineda, referente del feminismo y del activismo lésbico en España; el bilbaíno José Antonio Nielfa, La Otxoa, autor del himno Libérate, que marcó un hito en la visibilidad del movimiento g*i en 1979; el exsacerdote carmelita Antonio Roig, finalista del Premio Planeta en 1977 por Todos los parques no son un paraíso, expulsado de la orden por defender los derechos del colectivo; Marcela Rodríguez, quien encabezó la primera manifestación del orgullo que se organizó en Canarias en junio de 1978.

También Montserrat González, presidenta del colectivo grancanario LGTBIQ+ Gamá; la senadora y exdiputada socialista tinerfeña Carla Antonelli; el colectivo majorero (natural de Fuerteventura) Altihay, que lleva más de 24 años de lucha en defensa de la dignidad, la igualdad, los derechos, la participación social y la visibilidad de las personas LGTBIQ+; así como del diputado y abogado socialista Pedro Zerolo (fallecido en 2015), quien fue clave en la defensa y aprobación del matrimonio igualitario y uno de los principales impulsores de la reforma del Código Civil aprobada en 2005.

“Venimos del insulto”

“Venimos del insulto, del desprecio social, de la humillación, de ser invisibilizadas y silenciadas, solo por ser diferentes”. La abogada y activista Desiré Chacón ha tomado la palabra en nombre de los diez homenajeados. “Tefía es mucho mas que un espacio físico”, ha proclamado emotiva, “es la representación de una etapa oscura de nuestra historia”. Y ha concluido: “Nuestro país ha tenido un serio problema con su memoria y con su historia”.

Chacón ha hecho especial hincapié en el castigo y la invisibilidad añadida que tuvieron que enfrentar lesbianas y mujeres trans, pese a que se pueda pensar que pudieran disfrutar de más libertad que los hombres, en parte por haber menos expedientes abiertos por la dictadura. “Que estas mujeres tuvieran relaciones sexuales de manera plena era algo imposible”, había incidido previamente en este sentido la socióloga, historiadora y activista Gracia Trujillo. “Había otras formas de represión: a muchas las denunció gente de su entorno, acabaron expulsadas, lo que se conoce como sexilio, o internadas en conventos y sanatorios”.

La Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía fue una de las instalaciones previstas en la Ley de Vagos y Maleantes de 1933, destinadas a la rehabilitación de personas que tuvieran “tendencias delictivas”. El régimen franquista añadió en el año 1954 al catálogo de categorías establecidas en la ley, como las de vagos habituales, proxenetas, mendigos profesionales o ebrios y toxicómanos habituales —entre otros— a los homosexuales que, a partir de ese año, podían ser declarados en “estado peligroso” y sometidos a las medidas de seguridad fijadas en esa ley.

Esta norma se aplicaba como instrumento de represión y control social y político, uso este último que el régimen franquista dio a la ley sin complejos hasta su derogación y su sustitución por la Ley de Peligrosidad Social de 1970. Las instalaciones donde se ubicó la colonia agrícola habían hecho las veces de aeropuerto, si bien en ese momento se encontraban abandonadas.

Ahora se ha convertido en un lugar de memoria democrática. “La memoria no es una cosa simbólica”, ha expresado en este sentido Miguel Ángel Fernández, director de la Fundación Zerolo, quien mantuvo un debate previo con Trujillo y el historiador y activista Víctor Ramírez. “La memoria es una cosa política y democrática. Sin memoria, los derechos se debilitan; sin memoria, la historia se manipula. Y hay intentos para manipularla”.

Un campo de castigo franquista para g*is en Fuerteventura, primer lugar de memoria LGTBIQ+ de España Durante el acto se han entregado diez declaraciones de Reconocimiento y Reparación a víctimas y a personas destacadas del movimiento

Seis de cada diez personas trans y no binarias han sufrido violencia física o sexual a lo largo de su vida 22/01/2026

“Seis de cada diez personas de género diverso —que incluye a trans, no binarias o intersexuales— han sufrido violencia física o sexual a lo largo de su vida. El dato es una de las conclusiones de un metaanálisis que abarca casi un centenar de estudios, publicados entre 2010 y 2023, con opiniones de más de 65.000 personas provenientes de 22 países y que acaba de publicar ha publicado la revista especializada en salud Jama Network Open

“Este trabajo representa la mejor evidencia disponible hasta la fecha sobre la prevalencia de la violencia contra las personas trans a nivel mundial”, apunta Sarah Peitzmeier, investigadora y profesora asociada a la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Maryland, en un texto que comenta la investigación. La experta considera las conclusiones del trabajo una prueba “innegable” de la vulnerabilidad de estas personas y que exige algún tipo de intervención.

La investigación, que ha estudiado la prevalencia combinada de la violencia interpersonal ―física y sexual, pero no de la psicológica ni de la económica―, concluye que un 36% de las personas trans y no binarias ha sufrido ataques físicos en algún momento de su vida. Además, un tercio (33%) ha sido asaltada sexualmente, según el metaanálisis, liderado por la investigadora Cortney McLellan, de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins Bloomberg (perteneciente a la prestigiosa universidad estadounidense Johns Hopkins).

“Las personas trans tienen el doble (2,2) de probabilidades de experimentar violencia física por parte de una pareja íntima que las personas cis [alguien cuya identidad de género coincide con el s**o que se le asignó al nacer] y 2,5 veces más de sufrir violencia sexual”, cuantifica el trabajo. Los investigadores vinculan ese aumento del riesgo con “factores estructurales multifacéticos: el estigma social, la falta de protecciones legal adecuada, y la discriminación económica o en el acceso a la atención sanitaria”. “Estos factores aumentan el riesgo de sufrir violencia y, al mismo tiempo, limitan el acceso a programas de prevención y respuesta de la misma”, alertan.

“Yo he recibido violencia física”, cuenta la política Carla Antonelli (Más Madrid), un referente, pues fue la primera mujer trans en España en ser elegida diputada en España y después también en convertirse en senadora. Habla de puñetazos, de golpes, de palizas o de “una pi***la apuntándome a la cabeza”. “Esa violencia la sufrí cuando era más joven, cuando estaba más expuesta, en la calle, en el ámbito familiar, con la policía”, matiza. “Ahora, por suerte, ya no la sufro, aunque muchas personas trans la siguen padeciendo”.

Sin embargo, Antonelli denuncia que como política es víctima de otro tipo de ataques: miradas de desdén, humillaciones, mofas cuando interviene o un cuestionamiento continuado a sus opiniones: “Esa transfobia es mucho mayor de lo que yo pensaba y sigue ocurriendo a día de hoy. Se mezcla con el clasismo, pues hay gente en espacios políticos que considera que una mujer trans no merece estar ahí [en un puesto de representación pública]”.

El metaanálisis resalta también la importancia de la interseccionalidad ―la interrelación de diferentes realidades que pueden llevar a sufrir racismo, machismo, lgtbifobia, clasismo… o una mezcla de todos― a la hora de investigar la violencia y también en el diseño de estrategias de intervención. Y lo hace constatando un dato: “El 94% de las personas trans y de género diverso identificadas como asesinadas en 2023 en los trabajos analizados eran mujeres trans o personas transfemeninas. La amplia mayoría, además, eran negras o racializadas y todas estaban involucradas en el trabajo sexual”. “Hay una necesidad urgente de investigación interseccional”, inciden los autores.

“Ser una persona trans incrementa el riesgo de ser víctima de odio en cualquiera de sus formas. Es una violencia que no se limita a un contexto concreto, sino que es una situación estructural, que permea en todos ámbitos”, apunta la presidenta de la Federación Estatal LGTBI+, Paula Iglesias. “En España, en el último año, precisamente son las personas trans las que más reportan experiencias de agresión física o verbal. Además, más de la mitad de las personas no binarias han sufrido situaciones de discriminación”, ahonda. De ahí que considere como “imprescindible” la aprobación de un Pacto de Estado contra los discursos de odio hacia los grupos en situación de vulnerabilidad.

Marginación amplificada

La investigadora Peitzmeier, por su parte, recuerda que “la violencia es un problema de salud pública susceptible de prevención e intervención”. Mientras se ha trabajado para reducir la violencia contra las personas cis, especialmente contra las mujeres, no ha ocurrido lo mismo con respecto a las personas trans. “Esta marginación ahora se ha visto amplificada en Estados Unidos”, avisa en referencia a las políticas lgtbifóbicas de la Administración Trump. Solo en 2025, según los datos facilitados por la investigadora, en EE UU se han impulsado 12 órdenes ejecutivas presidenciales, 104 proyectos de ley federales y los distintos Estados han impulsado más de un millar de proyectos de ley para erosionar los derechos LGTBIQ+, y que han puesto especial énfasis en la exclusión de las personas trans de la vida pública.

“En Estados Unidos, las personas trans están asustadas ante el intento de destrucción masiva de sus vidas por parte del Gobierno de Trump. Al mismo tiempo, están muy activas”, resume Antonelli. “Hay sectores sociales y políticos, sobre todo vinculados a la extrema derecha, pero no solo, que intentan minimizar el sufrimiento trans y eliminar cualquier mecanismo de protección”, continúa. Ella considera que lo hacen porque “bien están tolerando esa violencia, bien la están ejerciendo”. “Si aceptaran realmente la hiperdimensión que ha adquirido la transfobia actualmente, quiero pensar que se sentirían culpables. Pero sería como delatarse, posicionarse como tránsfobos o lgtbifóbicos”.

“El trabajo liderado por McClellan subraya que estas políticas [de recorte de derechos trans] están despojando de servicios de prevención y respuesta a la violencia a una población que se ve gravemente afectada por ella”, incide Peitzmeier.

La investigadora también apunta a que el metaanálisis evidencia “vacíos críticos” a la hora de abordar la “pandemia de violencia contra las personas trans”. “Solo el 52% de los estudios incluidos en la revisión preguntaron a las personas encuestadas quién había perpetrado la violencia, y solo un pequeño número midió otros factores contextuales como el lugar donde ocurrieron los actos violentos”, ahonda la experta. Considera que esa falta de datos sobre los perpetradores y los lugares donde ocurrieron los ataques “dificulta la capacidad para diseñar intervenciones de prevención, ya sea mediante el cambio de comportamiento de potenciales agresores o a través de intervenciones ambientales basadas en el espacio donde ocurren”.

¿Cómo se ha elaborado el estudio?
Este metaanálisis ha identificado 94 investigaciones únicas, a partir de 137 artículos científicos, que se han incluido en la revisión. Así, se han recogido las opiniones de un total de 65.608 participantes de 22 países, todos mayores de 18 años, para estudiar la violencia interpersonal.
La mayor parte de los entrevistados para esos trabajos se identificó como mujer trans (46 %), seguida de hombre trans (25%), persona no binaria (23%) y persona trans sin especificar su género (6%). El 96% de los estudios incluyó a mujeres trans, el 49% recogió opiniones de hombres trans y el 37% lo hizo de personas no binarias.
Tres cuartas partes de los estudios habían sido realizados en las Américas (el 52% de ellos en EE UU). No se han podido incluir trabajos para la región africana al carecer de ellos. La mayoría de las investigaciones procedían de países de altos ingresos (66%) o de ingresos medios (23%). Solo 12 de los 94 estudios analizados (13%) provenían de países de ingresos medios-bajos. No hubo ningún trabajo de países de bajos ingresos. Casi todos los estudios se llevaron a cabo en entornos urbanos (51%) o en una combinación de urbano y rural (47%).

Seis de cada diez personas trans y no binarias han sufrido violencia física o sexual a lo largo de su vida Una revisión de casi un centenar de estudios, con más 65.000 entrevistados de 22 países, confirma un maltrato sistemático a la diversidad de género

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