Cuerpo Arte Danza. Norma Barbosa

Cuerpo Arte Danza. Norma Barbosa

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Autoelongación y biomecánica aplicada a la Danza. Técnica. Coreografía. Expresión artística.

15/05/2025

La entrevista a Ricardo Darín cuando contó que rechazó participar en Hombre en llamas:

—¿Por qué tengo que ir a los Oscar? ¿Qué creen que pasa ahí? Yo ya fui una vez. Ya lo vi. Ya está. Fui, lo viví, y no me hizo muy feliz. Estoy bien acá.

A mí me ofrecieron una sola vez un papel contundente y serio en Hollywood, y dije que no. Y después empezó a molestarme un poco que el director no aceptara el "no" como respuesta. Me dijeron: "De parte del director, no se acepta un no".

La película era Hombre en llamas, con Denzel Washington. Yo llevaba mucho tiempo trabajando en España, haciendo teatro, y lo único que quería era terminar la temporada e irme a casa con mi mujer y mis hijos.

Me ofrecían hacer de un narcotraficante mexicano. ¿Y por qué tenía que hacerlo? Para ellos, todos los narcotraficantes son latinoamericanos. Cuando el país con mayor consumo de dr**as es el que produce esas películas.

Primero, no me gustó el rol.
Y segundo, quería volver a mi casa con mi familia. Llevaba seis meses haciendo teatro en España.

El periodista lo interrumpió:

—¿Vos sabés la guita que hubieras ganado?

Y Darín respondió:

—¿Y? ¿Para qué sirve?

—Para vivir mejor —le dijo el periodista.

—¿Mejor de lo que yo vivo? —contestó el actor—. Me doy dos duchas calientes por día. Me estaba yendo bien, estaba trabajando bien en el teatro, la gente nos amaba.

La ambición te puede llevar a lugares muy oscuros, muy desoladores. Estas sociedades modernas pretenden hacernos creer que la forma de cuidarnos es el individualismo... y hay gente que no tiene ni un plato de comida al día.

15/05/2025
14/05/2025

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01/05/2025

— Tráeme, por favor, a mi Rojito. Para despedirme… No lo metas a la fuerza en la bolsa, explícale. Él lo entiende todo.
El hijo aceptó y fue a buscar al gato. Rojito, viejo y casi completamente ciego, había sido en los últimos años el único compañero constante de su padre enfermo. Estaban juntos día y noche — silenciosos, cansados de la vida, pero aún aferrados el uno al otro.
Cuando el hijo regresó, el padre apenas podía moverse. Estaba acostado, aferrado con dedos temblorosos a la sábana, asintiendo levemente a las palabras. Sus labios apenas se movían, casi inaudibles. Solo sus ojos, llenos de dolor y amor, seguían buscando algo.
El hijo soltó a Rojito sobre la cama.
— Despídete, Rojito… — dijo con voz temblorosa, acercando al gato a la cabecera. — ¿Te muestro dónde está papá?
Pero Rojito no necesitaba que le mostraran nada. Como si pudiera ver, avanzó con paso seguro, extendió sus patas y se acurrucó contra el rostro de su amado humano.
— Rojito… Mi querido Rojito… — susurraron casi sin sonido los labios del hombre.
El gato ciego frotaba su nariz contra sus mejillas, sus labios, tratando de absorber el último calor. Y de sus ojos, velados por la enfermedad, brotaban lágrimas verdaderas.
El hombre, con gran esfuerzo, alzó su mano temblorosa y la apoyó en el suave pelaje. Los dedos apenas se movían, pero Rojito sentía todo — el calor, el amor, la desesperación.
El hijo estaba de pie, sin poder contener las lágrimas. Nunca en su vida había presenciado algo tan triste y tan lleno de luz al mismo tiempo.
— Gracias… por todo… — susurró apenas el padre. Su mano quedó inmóvil. Y Rojito seguía abrazándolo, como si supiera que si soltaba, su humano se iría para siempre.
La habitación quedó en silencio. Solo se oía un leve ronroneo — como si el gato intentara retener la vida con su voz, traerla de vuelta.
El hijo se sentó al borde de la cama y cubrió la delgada y ya fría mano de su padre con la suya.
— Papá… — dijo suavemente. — Estamos aquí. No estás solo…
Rojito permaneció acostado, pegado a él, sin moverse. Como si su pequeño corazón se hubiese roto.
Luego levantó la cabeza y maulló débilmente — breve, triste, casi humano. Como si llamara. Como si pidiera que regresara.
El hijo se quedó inmóvil, observando cómo Rojito se acercaba al rostro, lamía sus párpados cerrados y luego volvía a acurrucarse, abrazándolo con todo su cuerpo. Como si quisiera absorber todo el dolor y el frío que ya nadie podía detener.
Pasaron minutos, horas — nadie las contó. El tiempo se detuvo.
Más tarde, el hijo contaría que esa noche comprendió que el amor puede ser tan puro, tan silencioso y verdadero, que ningún idioma podría describirlo.
Cuando amaneció, Rojito seguía acostado al lado.
No se había ido. No había abandonado. Permaneció en su puesto hasta el final, protegiendo el último silencio de su amado humano.
Y solo cuando el hijo, llorando, lo tomó en brazos y lo apretó contra su pecho, Rojito suspiró suavemente, hundió su nariz en su mano y se quedó inmóvil. Había cumplido su misión. Hasta el final.
🥲
Para siempre.
* GARRITAS ♥️Amor por los animales *Historias.

26/12/2023

Barbe Bleue (1977) Pina Bausch

25/05/2023
25/05/2023
24/05/2023
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