12/08/2026
Ahora que ya estamos en casa, descansados y con un poco de tiempo para asimilar todo lo vivido, creo que es el momento de hacer un pequeño resumen de lo que han sido estos cuatro días en la XLII Vuelta Ciclista al Bajo Aragón.
Han sido cuatro días muy intensos. Cuatro etapas completamente diferentes, mucho calor, mucho desgaste y un nivel deportivo espectacular, con algunos de los mejores equipos cadetes de prácticamente todas las comunidades autónomas.
El viernes arrancábamos en Maella con una etapa en línea de casi 60 kilómetros. La salida era a las 18:00, pero eso no significó que hiciera menos calor. Al contrario. Rodamos con temperaturas cercanas a los 40 °C, un factor que endureció todavía más una etapa ya de por sí muy exigente.
El sábado llegaba la contrarreloj individual en Chiprana. Apenas 4,7 kilómetros, pero de esos que hacen daño. En una crono cualquier detalle cuenta, y el viento terminó siendo un protagonista más. Hubo corredores que se encontraron mejores condiciones que otros, y eso también forma parte de este deporte.
El domingo, en Fabara, disputamos la tercera etapa. Al celebrarse por la mañana, las condiciones fueron algo más llevaderas, aunque el desgaste acumulado ya empezaba a pasar factura después de dos días de competición.
Y el lunes cerrábamos la vuelta en Caspe, nuevamente por la tarde y otra vez con muchísimo calor. Fue, probablemente, la etapa más complicada de gestionar. Al tratarse de un circuito, los corredores que marchaban más retrasados podían ser retirados de la carrera si superaban el tiempo establecido por los jueces respecto a la cabeza. Son decisiones reglamentarias que forman parte de este tipo de pruebas y que, aunque a veces dejan un sabor amargo, hay que aceptar.
A lo largo de la vuelta también hubo pequeños contratiempos. Alguna caída sin consecuencias importantes, algún rasponazo, alguna salida de una curva que te obliga a poner pie a tierra y hace imposible volver a enlazar con el grupo... Son situaciones que forman parte del ciclismo y que todos los equipos acaban viviendo en algún momento.
Pero si hay algo que quiero destacar por encima de cualquier clasificación es otra cosa.
El comportamiento de nuestros seis corredores ha sido de sobresaliente.
Han competido hasta donde han podido, han luchado cada metro y no han bajado los brazos en ningún momento. Unas veces las cosas salen mejor y otras peor; unas veces la suerte acompaña y otras no. Pero si algo no puedo reprocharles es la actitud. Han representado al TBG-WIXUM de la mejor manera posible.
Y esa misma nota se la pongo también a las familias.
Cuatro días de convivencia dan para mucho, y sinceramente me llevo un recuerdo fantástico de todos. La ayuda, el compañerismo, el respeto y el ambiente que se ha respirado durante toda la vuelta han sido, para mí, uno de los mayores éxitos del fin de semana.
Porque las carreras se terminan, las clasificaciones cambian cada semana... pero las personas y los momentos que compartimos son los que realmente permanecen.
Gracias a los seis corredores por el esfuerzo, gracias a las familias por la confianza y gracias a la organización por sacar adelante, un año más, una de las vueltas cadetes más importantes del calendario nacional.
Ahora toca descansar unos días... y empezar a preparar el siguiente reto.