En busca del Dorado (3)
Una puerta se cierra, otra se abre.
Llegué una mañana temprano al Parque de la Tierra, en el norte de la ciudad; era una zona rodeada de barrios antiguos.
A esas horas tempranas había mucha gente haciendo Tai Chi, Qigong y otras practicas que me llamaban poderosamente la atención. La mayor parte de los practicantes era gente de avanzada edad.
Tras la primera impresión, me fijé bien, tratando de encontrar aquello que había motivado mi viaje. En la puerta este del parque había varios grupos haciendo formas de Tai chi , pero el más numeroso de ellos practicaba Falun Gong (que posteriormente fue prohibido en China por sus prácticas esotéricas).
Las formas que vi ya circulaban en Occidente: estilos Yang y Chen, o fórmulas mixtas, recopiladas recientemente, y con un evidente enfoque gimnástico - terapéutico.
Me dio bajón …salí del parque dispuesto a organizar mi vuelta a España tras una semana sin encontrar lo que buscaba y no veía vías alternativas. Fui a por mi bicicleta negra, aparcada en la explanada de la entrada, donde ahora había miles de bicis todas iguales. Era realmente imposible distinguir la mía entre todas aquellas, así que decidí pasar el día en el parque esperando a que se despejase el aparcamiento.
Volví por la puerta este y me encontré con un ambiente distinto. Era mediodía y alguna gente más joven entrenaba en el parque; algunos aprovechaban para comer entre horas de trabajo y otros se reunían en pequeños grupos para practicar Tai Chi, Kung Fu y Tuishou.
Estando allí sentado, se dirigió a mí una chica. En inglés, me preguntó si me gustaba el Tai Chi que observaba . Boyum era de origen coreano, estudiaba Medicina China en Pekín y en sus ratos libres iba al parque a practicar con su maestro y algunos estudiantes.
Quedamos para el día siguiente que me lo presentaría.
Tai chi chuan para buscadores
El centro “3armonias” , desde su inauguración en el año 1991, es una referencia en la enseñanza de distintos artes inspirados en el ámbito del Taoísmo.
12/03/2026
En busca del Dorado (Parte I): Esperar lo inesperado
En 1996 pasé varios meses en China. El motivo de mi viaje era encontrar un sentido que no tenía claro en el mundo del Tai Chi Chuan de entonces.
Aunque ya conocía algunos enfoques y distintos maestros desde mi primera formación con Kuan Yen, siempre quedaba una incógnita en el aire: el uso del Tai Chi como disciplina marcial. La mayor parte de los profesores que conocía se inclinaban hacia un trabajo para desarrollar las facetas sensibles (ting jin), postergando para mi impaciencia la confianza en el arte marcial.
Por otro lado, comenzaban a aparecer en la órbita del Tai Chi muchos otros profesores que, habiendo practicado anteriormente un arte marcial externo (alguna versión de kung-fu, en su mayoría), no dudaban en aplicar estos procedimientos externos para demostrar sus habilidades, creándome —y creando— más confusión, si cabe, en este arte del Tai Chi tan esquivo.
En este panorama, pensé que si me iba a la fuente, encontraría mi Dorado y resolvería la cuestión en poco tiempo.
Preparé el viaje con antelación: llevaba direcciones y los lugares a donde tenía que ir. El vuelo de ida fue caótico; se extraviaron mis maletas y, con ellas, buena parte de mi seguridad económica y la agenda con las direcciones...
19/02/2026
La primera ola del Tai Chi: Historia contra tradición
Durante los primeros 15 años de mi etapa profesional en el Tai Chi Chuan, mi dedicación fue absoluta. Alternaba clases en el centro con seminarios de formación en fin de semana; eran siete días a la semana de inmersión total. Esta absorción comprendía no solo los aspectos técnicos, sino también culturales orientales; esto me llevó, casi sin darme cuenta, a un aislamiento cultural y social de mi propio entorno. Mi referencia del mundo exterior era el creciente interés de la sociedad occidental por el trabajo corporal y la filosofía oriental: mis clases no dejaban de crecer, lo que a su vez me exigía mas .
En este periodo de formación continua, conocí a múltiples compañeros, profesores y maestros. La diversidad de enfoques que conocí me llevó a una primera reflexión: ¿qué era realmente lo que estábamos haciendo y a dónde quería ir?
Mientras mis conceptos sobre el Tai Chi y el Chi Kung maduraban, debía lidiar con los conflictos propios de esta “primera ola”. El principal obstáculo era la escasez de información. En Occidente muchos nos embarcamos en un estudio riguroso, pero la información que llegaba de China —el origen— estaba fragmentada. La Revolución Cultural había provocado una ruptura generacional y tradicional irremediable, y muchos pretendíamos coserla con la voluntad e ingenuidad propia del entusiasmo que teníamos.
Las piedras en el camino más comunes en esta época eran:
1. El mito del maestro: Teníamos una visión idealizada y paternalista de la relación maestro-discípulo que fallaba constantemente al chocar con la realidad social y de mercado.
2. El espejismo marcial: No estaba claro si el Tai Chi podía ser realmente un arte de defensa. La mayoría de los profesores y maestros que conocimos carecían de herramientas marciales que pudieran demostrar, lo que acabó provocando profundas desilusiones en muchos estudiantes.
Paradójicamente, mi crisis estalló cuando la “primera ola” alcanzó su punto más alto en popularidad. (Hubo un momento en que los medios publicaban que el Tai Chi había desbancado al Yoga en popularidad, hacia 2005). Pero bajo ese éxito se gestaba también un profundo desconcierto.
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