12/08/2026
FOTORRELATO - 379
Si alguna vez realizara un improbable taller de cómo hacer un fotorrelato, este de hoy podría ser el de la excepción de la regla, pues, a pesar de que en mi interior conservo este procedimiento, no es precisamente el más didáctico: está hecho al revés.
Era uno de esos días en que uno observa a su alrededor que todo le resulta ajeno, que uno no conecta con el entorno, que cada imagen parece como impostada para diseñar la actualidad de un rompecabezas de piezas que no logra encajar y que, de seguido, y causalmente, te viene a las mientes una frase de Albert Camus que, paradójicamente, resulta extraña de casar con su pensamiento cabal… Y vas y al día siguiente te encuentras, recién levantado en el sofá de tu casa, bolígrafo en mano reflejando esa meditativa pulsión como si el mismo párrafo fuese un poema hervido en el magín de otro que ya ni eres tú… Como si el escritor, desubicado, fuese extranjero en un lugar en el que, además, no tiene entre manos una mera imagen de arte que logre ilustrar su relato.
Es decir. Camus no fue el inicio, ni tampoco Marat Morik: ambos fueron consecutivos al texto, pero entre la cita del francés y, vía Morik, los versos de Ajmatova, haciendo conjunto, ha sido la forma de pergeñar esto que ahora veréis más abajo.
Los caminos de la creación son variadísimos e inescrutables.