10/09/2026
Hace un año corríamos por estos mismos caminos, pero el paisaje era totalmente distinto.
Este verano, el fuego lo cambió todo.
Hoy hemos vuelto a recorrer estas montañas y es imposible no impresionarse. Duele ver cuánto han cambiado y todo lo que se ha perdido.
Pero las ganas de seguir recorriéndolas siguen intactas. Porque la montaña cambia, pero nuestra forma de sentirla, no.
Y correr por la montaña también es eso: respetarla y aprender a quererla tal como es.
Por eso seguiremos recorriendo estos caminos y viendo cómo, poco a poco, la montaña vuelve a levantarse.