26/05/2026
En memoria de mi amigo Héctor Emilio Castellanos
Cuando conocí a Héctor hubo un balón de por medio.
Hace aproximadamente veinte años se acercó para sumarse al esfuerzo que organizamos para apoyar a la Selección Nacional de Honduras. Trabajaba en el Seguro Social y llegó acompañado de un grupo de amigos que se hicieron llamar la Barra Buyanguera. Desde el primer momento recuerdo su alegría, su entusiasmo y su amor incondicional por la H.
También recuerdo su lucha constante contra el asma. Siempre andaba pendiente de su salbutamol porque, si no lo utilizaba a tiempo, se ahogaba. Pero aun así nunca dejó que eso le impidiera acompañar a la Selección ni dar todo por el país.
Con el paso de los partidos vi en él a una persona comprometida, leal y trabajadora. Por eso le di la oportunidad de trabajar conmigo, lo que le permitió mejorar mucho su calidad de vida. A partir de entonces compartimos innumerables experiencias y grandes alegrías.
Cuando Honduras logró la histórica clasificación al Mundial, organicé varios viajes para acompañar a nuestra Selección. Lo llevé a El Salvador en aquella inolvidable celebración de la clasificación. Recuerdo que San Salvador estaba completamente lleno y terminaron durmiendo hasta ocho personas en una misma habitación. Lo importante era estar allí, viviendo el sueño de volver a un Mundial.
Y luego vino Sudáfrica 2010.
Tuve el privilegio de llevar a más de 150 hondureños para acompañar a nuestra Selección. Entre las muchas tareas que organizamos, llevamos cajas llenas de material para promover turísticamente a Honduras: Roatán, Copán Ruinas, Utila y Guanaja. Héctor tenía la misión de repartir esos folletos en los alrededores del estadio de Johannesburgo.
Nunca olvidaré aquella escena.
Lo encontré de pie junto a las cajas, observando todo a su alrededor sin entregar un solo folleto. Me acerqué y le dije:
—“Héctor, despertá. ¿Qué te pasa? ¿Por qué estás paralizado?”
Y él, con una emoción imposible de describir, me respondió:
—“Jefe, entiéndame… estoy viviendo un sueño. Me imagino que así debe sentirse alguien cuando visita Disney por primera vez.”
Aquellas palabras quedaron grabadas para siempre en mi memoria.
Nunca dejó de agradecerme haberlo llevado a aquel Mundial. Pero la verdad es que quienes tuvimos la fortuna de compartir con él somos los agradecidos. Héctor era una persona sencilla, noble, humilde y profundamente agradecida; uno de esos hondureños que aman a su patria con hechos y no con palabras.
Hoy recibo con tristeza la noticia de su partida. Se va un amigo con quien compartí algunos de los momentos más felices que nos regaló el fútbol: la clasificación mundialista, los viajes, las caravanas de aficionados y el orgullo de ver a Honduras representada ante el mundo.
Mucho antes de entrar a la política, cuando simplemente ayudábamos porque creíamos en una causa y en nuestro país, conocí a personas extraordinarias como Héctor. Personas que, aun luchando contra sus propias dificultades, daban todo por Honduras y por su Selección.
Así era él.
Un hombre sencillo. Un buen amigo. Un hondureño de corazón.
Que contribuyó desde las graderías para que Honduras volviera a un mundial.
Te voy a recordar siempre, Héctor.
Gracias por tu amistad, por tu lealtad y por tantas alegrías compartidas.
Mi aprecio siempre, mi amigo.
Que Dios te reciba en su Reino, te conceda descanso eterno y te tenga para siempre en Su Gloria.
Descansa en paz, Héctor Emilio Castellanos. 🕊️🇭🇳
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