26/05/2026
DIA 2: CAMINO A CHALLAPAMPA – CAMPAMENTO BUENA VISTA
Distancia: 22 km | Desnivel: -775 m | Tiempo: 11 horas.
Nos despertamos a las 7:00 hrs.
de la mañana bajo un cielo plomizo y cargado de nubes. La noche había sido silenciosa, solo interrumpida por la intermitente llovizna y el rumor constante y lejano del río. Gracias al s**o de dormir, no sentí frío en ningún momento.
Desarmamos el campamento bajo la humedad matinal y a las 8 en punto ya estábamos caminando.
Esta etapa resultó ser una de las más hermosas del Choro Trek, un constante cambio de paisajes y sensaciones.
1. El descenso hacia Choro
Las primeras tres horas fueron un suave y continuo descenso por una antigua pista de piedra. Aunque la calzada estaba resbaladiza por el barro y la humedad, el camino era muy llevadero.
A ambos lados se abría un bosque verde y exuberante, casi selvático. Grandes helechos, begonias silvestres de intensos colores, bromelias y orquídeas discretas asomaban entre el follaje. Pequeñas cascadas brotaban de las paredes de roca verde, cayendo en finos hilos de agua cristalina. De tanto en tanto, el bosque se abría para regalarnos vistas impresionantes del valle profundo, completamente cubierto de selva virgen, con jirones de nubes bajas que se enredaban entre las copas de los árboles.
La fauna nos acompañó durante todo el tramo: mariposas de colores vibrantes —azules, amarillas y blancas— revoloteaban a nuestro paso como si nos escoltaran. En un momento, un grupo de loros verdes cruzó el cielo con sus gritos estridentes, rompiendo el silencio del valle. En el camino también vimos algunas tumbas aisladas, vestigios humildes que recordaban la dureza de esta antigua ruta prehispánica.
Llegamos a Choro con la ilusión de encontrar un plato caliente y una cerveza fría, pero el lugar estaba completamente cerrado y desierto.
Decidimos parar a desayunar y de paso chequear el mapa de la ruta, regalandonos con café caliente, atún, quinua, maní y barritas energéticas
2. Villa Loa
Más adelante, en Villa Loa, pudimos conversar con un grupo de bolivianos que tenían una pequeña tienda. Lamentablemente, debido a los bloqueos en La Paz, casi no tenían nada que vender. Fue ahí que recordé las palabras de mi padre:
—“Cuando se te antoje algo, cómpralo… porque llegará el día en que tendrás dinero, pero no podrás comprar nada.”
3. Camping Buena Vista
Tras un breve descanso, continuamos. Cruzamos el río Chucura por un puente colgante recién reparado en marzo, que se balanceaba suavemente sobre las aguas turbulentas.
Apenas pasamos el puente, la pista se convirtió en un estrecho y empinado sendero que se internaba en la selva cerrada, una caminata apta para los "profugos de la breña"
El ascenso fue exigente.
La vegetación se cerraba a nuestro alrededor: helechos gigantes, hojas de plátano silvestre, enredaderas colgantes y un suelo mullido de hojas húmedas. El calor y la humedad eran intensos. Pronto estábamos empapados en sudor, con el corazón latiendo fuerte y la respiración agitada. El ambiente era casi asfixiante, pero también mágico; se sentía como adentrarse en un túnel verde vivo.
Después de un buen rato de subida sostenida, el sendero se suavizó y de pronto llegamos al Camping Buena Vista. El nombre no podía ser más acertado. Se trataba de un verdadero paraíso verde: un claro rodeado de montañas imponentes, lleno de árboles frutales —naranjos, mandarinos, chayotes y plátanos— que llenaban el aire de un aroma fresco y dulce.
Don Justino y su familia nos recibieron con enorme amabilidad. Como en otros puntos del camino, tenían poco que vender, pero sí mucha generosidad. Me di una ducha fría que revivió cada músculo del cuerpo y armé la carpa. A partir de las 16:00 comenzó a bajar una densa neblina acompañada de llovizna, pero estábamos cómodos y protegidos.
La cena fue especial: intercambié una bolsa de platanitos dulces deshidratados por unos deliciosos buñuelos recién hechos que preparó Nieves, la hija de Don Justino. Fernando recibió varios chayotes de la huerta y los cocimos al fogón. Comimos con hambre y gratitud.
Por la mañana, la niebla se levantó y nos regaló una vista espectacular de las montañas cercanas, iluminadas por los primeros rayos de sol. Un cierre perfecto para una etapa inolvidable.
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