30/07/2026
Juegos Centroamericanos y del Caribe 2026
Día 01
Estilo Libre
57 Kgs, 65 Kgs, 74 Kgs, 86 Kgs, 97 Kgs y 125 Kgs
De Lucha, de esto va este sitio.
30/07/2026
Juegos Centroamericanos y del Caribe 2026
Día 01
Estilo Libre
57 Kgs, 65 Kgs, 74 Kgs, 86 Kgs, 97 Kgs y 125 Kgs
30/07/2026
Falta 1 día para el inicio de la madre y padre de todos los deportes en los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2026
Otro en espera de que inicien las acciones
🏟️ Barranquilla 2018: El Coliseo de la Universidad del Atlántico fue testigo de grandes batallas épicas sobre el colchón 🤼♂️🤼♀️
12 países, 132 luchadores (45 en grecorromano, 48 en libre masculino y 39 en libre femenino) y una sola certeza: Cuba llegó a arrasar. 🇨🇺
7 de las 12 naciones se colgaron al menos una medalla.
💪 DOMINIO MASCULINO CASI ABSOLUTO:
Cuba ganó 11 de los 12 oros en pruebas masculinas. ¡Una exhibición de poder! La única grieta la abrió Luillys Pérez 🇻🇪, quien se llevó el oro en los 97 kg grecorromano, rompiendo la barrida cubana.
👩 FEMENINO REPARTIDO:
Aquí hubo más equilibrio:
· 🇻🇪 Venezuela: oros en 53 kg y 62 kg.
· 🇨🇴 Colombia: oros en 50 kg y 76 kg.
· 🇨🇺 Cuba: oro en 57 kg y 68 kg.
🔥 De los 18 oros en disputa, Cuba se llevó 13. Una superioridad histórica que reafirma su legado en la región. Pero Venezuela, Colombia y el resto demostraron que la lucha centroamericana y caribeña sigue creciendo.
¿Qué país te sorprendió más? ¿Crees que alguien puede destronar a Cuba en el futuro? 👇
30/07/2026
En espera del debut del la disciplina que es madre y padre de todos los deportes en la edición del centenario de los Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe
🏆 a Veracruz 2014: cuando la lucha encendió el Centro de Convenciones 🤼♂️🤼♀️
Los Juegos Centroamericanos y del Caribe celebraron su edición XXII en tierras veracruzanas, y la lucha dejó momentos para la historia. 🌟
Datos clave:
· 12 países compitieron en el World Trade Center de Veracruz.
· 18 eventos en total: 12 masculinos (greco y libre) y 6 femeninos (libre).
· 10 de las 12 naciones se colgaron al menos una medalla. ¡Nivelazo!
🔥 Figuras que brillaron:
· 🇨🇺 Mijaín López (130 kg greco) – oro y abanderado de Cuba, leyenda viva.
· 🇨🇺 Reineris Salas (86 kg libre) e Ismael Borrero (59 kg greco) también subieron a lo más alto.
· 🇲🇽 Juan Escobar (75 kg greco) – ¡oro por segundo Juego consecutivo!
· 🇻🇪 Pedro Mejías (57 kg libre) – primer oro para Venezuela en esa división desde La Habana 1982.
· 🇵🇷 Franklin Gómez (65 kg libre) – oro; Jaime Espinal (bronce en 86 kg) y Pedro Soto (tercera edición consecutiva con medalla).
💪 Mujeres que hicieron historia:
· 🇨🇴 Carolina Castillo (48 kg) – oro, después de plata en Mayagüez 2010.
· 🇲🇽 Jane Valencia (53 kg) – oro, tras ser plata en 58 kg en la edición anterior.
· 🇨🇴 Jackeline Rentería (62 kg) – ¡oro por segundos Juegos seguido!
· 🇻🇪 Mayelis Caripa (48 kg) – bronce, frenando una racha de 3 oros consecutivos.
¿El dato? Cuba dominó con 10 oros, pero México, Colombia y Venezuela dieron batalla. El nivel de la región sigue creciendo. 🌎
¿Recuerdas estas combates?
¿Cuál fue tu lucha favorita? 👇
29/07/2026
🏆 ¡Atención, amantes del deporte! La edición de los 100 años de los Juegos Centroamericanos y del Caribe ya está aquí, y la acción promete ser inolvidable.
La cita es en Santo Domingo 2026, capital de la República Dominicana, y aunque la fiesta arrancó con la inauguración el 24 de julio , el calendario de competencias está que arde. 🔥
📅 Fechas clave para tu agenda:
La Lucha, la madre de todas las demás disciplinas una de los deportes más esperados, tendrá su momento estelar del 31 de julio al 2 de agosto. ¡Prepárate para ver a los gladiadores modernos darlo todo sobre el colchón! 🤼♂️
¿Sabías que...? La lucha no estuvo en las primeras ediciones de estos juegos. Debutó hasta la tercera edición, celebrada en San Salvador en 1935 . ¡Todo un clásico que llegó para quedarse!
Y esto es solo el comienzo. El atletismo, el boxeo, la natación y muchos más deportes se disputarán hasta el 8 de agosto. ¿Cuál es tu favorito? 🥇
👇
12/05/2026
Día 4
Coralville bajó el telón: todos al laboratorio
Se acabó. La segunda escala rumbo a Lima 2027 y la segunda parada hacia Los Ángeles 2028 cerró sus puertas. Los equipos recogen sus medallas, sus derrotas, sus glorias mínimas y sus vergüenzas íntimas. Vuelven al laboratorio. Y los entrenamientos, créanlo, serán más pesados que nunca. Porque después de Coralville, nadie puede hacerse el inocente.
Los americanos, anfitriones y dueños del colchón, ya están anotando en sus pizarras de Colorado Springs la brecha exacta que existe entre su primer hombre y su segundo hombre con respecto a los caribeños en la libre. La tienen medida, calculada, escaneada. Como quien mide la distancia entre el águila y su presa. Saben que en femenil la superioridad es abrumadora, casi ofensiva. Y en la greco, el avance es real. Notable. Quizá por un golpe de localía, sí, pero quizá también porque los cubanos de afuera —esos que cambiaron el malecón por el corn belt— les están enseñando a los americanos cómo derribar a los cubanos de adentro. La historia es retorcida, pero efectiva: el imperio contrata a los hijos de la revolución para descifrar los secretos de la isla. Y funciona. Claro que funciona.
Canadá, la siempre cumplidora. Sin reflector, sin aspavientos, sin charlatanes con computadora que ofrezcan el siguiente nivel. Llegaron, compitieron, se colgaron varias medallas, dos podios por equipos y se fueron sin hacer ruido. Como ese vecino que no saluda pero tiene el jardín impecable. Son eficientes hasta para pasar desapercibidos. Y eso, en estos tiempos de escándalo y postureo, es casi un arte. Canadá no necesita gritar: sus medallas hablan bajito, pero hablan.
La bella Cuba, mientras tanto, haciendo tormentas en vasos de agua. Como siempre. Como nunca. Los isleños llegaron con la delegación contada, con los bolsillos vacíos y con el orgullo a punto de reventar. Y aún así, cumplieron. En el combate, ahí donde las consignas se quedan sin aliento y solo vale lo que haces, Cuba respondió. Pero el barco sigue haciendo agua. Y no es culpa del bloqueo ni de los orishas: es culpa de los que, desde dentro, se niegan a tapar los agujeros. Aún así, los gladiadores cubanos se subieron al colchón y pelearon como si la isla no se estuviera hundiendo. Y eso, señores, merece un aplauso. Aunque sea uno corto, antes de que el agua les llegue al cuello.
Brasil dio el campanazo. Sorprendió, desbancó, incomodó. En la greco, los brasileños hicieron lo que no estaba en el guión: meterse donde no los llamaban y quedarse con lo que no era suyo. Ojo ahí. Mucho ojo. Porque detrás de ese avance hay un loco estudioso lusitano —un portugués con pizarra, obsesión y método— que está cocinando algo en los laboratorios de Sudamérica. No es casualidad. Es plan. Y cuando Brasil tiene plan, el continente tiembla. O debería.
Puerto Rico, Ecuador, Colombia, República Dominicana. Los boricuas con su garra de isla prestada, los ecuatorianos con sus francotiradores de siempre, los colombianos peleando contra el rival y contra su propia logística, los dominicanos con talento de exportación. Hasta chapines figurando. Hasta Guatemala asomándose en el mundillo de las llaves y las proyecciones. No llenaron titulares, pero llenaron el torneo de historias mínimas que son las que, al final, sostienen al Pancracio.
Podríamos ahondar en el caso mexicano. Pero merecen su propio espacio, su propio diván, su propio espejo. Ellos ya lo saben.
Lo cierto es que el continente y el mundo pusieron sus ojos en Coralville. Y por drama, emoción y heroísmo no hubo queja. Tuvimos giros de Hollywood, villanos cubanos, águilas imperiales, arepas rebeldes, hojas de maple silenciosas y un elenco de reparto que no pidió permiso para robarse escenas. Fue un Panamericano digno de su época: desigual, feroz, contradictorio, pero jamás aburrido.
Ahora, todos regresan a los laboratorios. A preparar los próximos experimentos. A medir brechas, a pulir fallas, a soñar con Lima y con Los Ángeles. Porque esto no termina aquí. Esto es solo el final del segundo acto. Y el tercero, como siempre en el Pancracio, promete ser aún más salvaje.
Apaguen las cámaras, guarden las lonas. Nos vemos en el próximo experimento.
10/05/2026
Día 3: El día de los rebeldes
Tercera jornada. El colchón se calienta, los favoritos empiezan a sudar tinta y los rebeldes, esos que nunca pidieron permiso, toman el micrófono.
Lucía Yépez sigue construyendo su leyenda. La ecuatoriana ya no es promesa: es cátedra. Y comienza a impartirla en las lonas del mundo con la autoridad de quien no pide permiso para subirse a la tarima. Su pronóstico era concreto, un poco tímido, como si los oráculos no quisieran comprometerse. Y sin embargo, la no sorpresa fue sorpresa. Porque cuando todos esperaban que alguien más diera el golpe, Lucía ya estaba ahí, erguida, derribando rivales y dudas con la misma cadencia. Ecuador no compite con ejércitos: compite con francotiradores. Y Yépez es la bala más certera.
La categoría absoluta de las mujeres es, sin duda, la de mayor calidad en todo el continente. Y aquí, en los 76 kilos, la americana Kylie Wleker hizo lo que las águilas hacen cuando el viento sopla a favor: volar. Pero no fue un vuelo de rutina. Fue un vuelo con turbulencias, de esos que dejan a dos medallistas olímpicas y a la campeona mundial vigente viendo el podio desde abajo. La estadounidense no ganó por inercia ni por himno: ganó porque la categoría más feroz del torneo exigía algo más que bandera. Exigía tripas. Y ella las puso.
Mientras tanto, el cubano Geanis Garzón se hizo con la gloria. Y lo hizo en los 74 kilos, justo donde el imperio ya preparaba la fanfarria. Garzón aguó la fiesta al equipo de Estados Unidos con la serenidad del que sabe que un solo derribo puede valer más que todo un presupuesto federativo. Cuba presentó a dos gladiadores. Solo dos. Y uno de ellos, Garzón, le recordó al continente que la isla no ha mu**to: solo pelea con lo puesto. Fue un respiro para la delegación caribeña, un eco de otras épocas, un "todavía respiramos" que resonó más fuerte que todos los himnos previstos. No fue barrida cubana, fue venganza en miniatura. Y supo a gloria.
Estados Unidos, por su parte, hizo válido el pronóstico. En los 61 y 86 kilos, los americanos facturaron sin necesidad de épica. Ganaron como ganan los imperios: con método, con fondo de armario y con la certeza de que, cuando falla una bala, siempre hay otra en la recámara. No fue crueldad, fue oficio. El guión se cumplió. El elefante blanco, por si alguien dudaba, sigue despierto.
Al final del día, el medallero cuenta lo de siempre. Pero el eco que queda no es solo el del himno de las barras y las estrellas. Es el de Yépez enseñando sin pedir permiso, el de la americana sobreviviendo a la categoría más bestia del torneo, y el de Garzón, ese cubano que con un solo oro silenció a los que ya daban por mu**ta a la gallina de los huevos dorados.
Porque en la Lucha, como en la vida, siempre hay un rebelde dispuesto a romper el guión. Y hoy, día 3, fue el día de los rebeldes.
10/05/2026
09/05/2026
El sombrero y la guerrera
En la grada, entre el mar de banderas prestadas y el rugido del imperio, una chica paisana con sombrero de charro se asoma. No grita consignas, no carga pancarta. Solo saluda. La luchadora mexicana sale de su combate —quizá con medalla, quizá sin ella— y ahí está ese gesto mínimo, ese puente de tela y sudor entre la grada y el colchón.
No es solo un saludo. Es un recordatorio.
Es la comunidad latina diciendo "aquí estoy" en el corazón de los Estados Unidos, donde todo se paga en inglés pero se sueña en español. Es el México de afuera abrazando al México de adentro. Es la paisana que no compite pero representa, que no derriba pero sostiene, que no sube al podio pero lo llena de sentido.
Pequeño símbolo, enorme eco. Porque cuando una charra saluda a una guerrera, no hay himno ajeno que calle ese diálogo. Es la patria que se confirma en un gesto, no en un pasaporte. Y eso, en tierra prestada, es casi un oro.
09/05/2026
Día 2: Imperio, rebeldía y un diezmo cubano
Segunda jornada. El colchón ya no miente y las medallas empiezan a pesar en las maletas y en las conciencias.
Estados Unidos ejerció su hegemonía en la greco con la naturalidad del que pide la cuenta en un restaurante que ya conoce.
Preocupante para el análisis técnico de los isleños, que poco a poco ven como los americanos acaparan el pastel de la greco, de 10 categorías, Cuba solo subió a lo máximo delmpodoum en 3, será interesante el debate de los especialistas desde dentro y fuera de la isla.
Mientras Estados Unidos,sin prisa, sin sobresaltos, sin piedad. Los locales hicieron lo que saben hacer: dominar, facturar, embolsarse el título y mirar al resto del continente con esa mezcla de indiferencia y cortesía que solo el imperio puede permitirse. La grecorromana fue un trámite con bandera. Un monólogo de águilas.
Cuba, mientras tanto, se queda al 60 por ciento de lo planeado. Y hay que ver lo que significa ese porcentaje en la isla: no es un dato, es un diagnóstico. Sesenta por ciento quiere decir que el plan no era malo, pero la ejecución se topó con la realidad, esa que muerde en La Habana y en Oklahoma por igual. Las derrotas en 87 y 130 kilos fueron especialmente dolorosas. Ahí donde Cuba solía sembrar gigantes, hoy cosecha silencios. En 87, la táctica se quedó corta. En 130, el corazón no alcanzó. Y cuando a Cuba le faltan ambas cosas, el marcador se convierte en un espejo incómodo que ni el mejor discurso revolucionario puede empañar.
Pero hubo un oasis. Rosillo, en 97 kilos, cumplió con el guión. Sin aspavientos, sin épica innecesaria, hizo lo que se esperaba de él y se proclamó campeón. Fue el diezmo cubano en medio del diluvio americano. Una medalla para la dignidad, para el expediente, para recordar que Cuba no ha mu**to: solo está herida. Y los heridos, a veces, todavía muerden.
En femenil, Estados Unidos perdió una batalla pero ganó la guerra. La rebeldía venezolana —esa que ya es tradición en estos pagos— le arrebató la categoría de los 68 kilos al imperio. Fue un instante de gloria con sabor a arepa, un "hasta aquí llegaste" que resonó en el pabellón como un tambor de resistencia. Venezuela, que no pide permiso ni ofrece disculpas, evitó la barrida. Pero que nadie se engañe: fue una isla en un océano de oros.
Porque Estados Unidos se impuso en las categorías de 50, 55, 57, 62 y 72 kilos. Cinco de seis. Un casi full que, aunque imperfecto, técnicamente ya aseguró el campeonato del estilo femenil. Las americanas no necesitaban la barrida completa: les bastó con cinco categorías para dejar claro que el título se queda en casa. La derrota en 68 fue una anécdota, un rasguño en la pintura de un tanque. Venezuela celebró su batalla; Estados Unidos, la guerra.
Al final del día, el elefante blanco sigue roncando sobre sus medallas. Cuba sobrevive con su 60 por ciento de wfwcrivisad y sus oros en 60,67 y 97, como quien salva la cosecha de un huracán. Y Venezuela, digna y terca, se llevó un trofeo que no cotiza en dólares pero vale más que cualquier superávit: el de haberle aguado la fiesta perfecta al imperio.
Porque ya se sabe: en casa del águila, hasta la arepa tiene espinas.