10/05/2026
En las buenas y en las malas contigo !
Edgar "Chuky" Cadena
Servicio Mecánico de Bicicletas , ruta y montaña. Servicio Mecánico en eventos y carretera . Cent Deportes y recreación
10/05/2026
En las buenas y en las malas contigo !
Edgar "Chuky" Cadena
09/05/2026
Síguelo !
La historia de Edgar Cadena: de chalán de mecánico a pedalista en Europa Entre autopartes, grasa y aceite, encontró la manera de reunir recursos para comprar su primer equipo y comenzar a competir
09/05/2026
06/05/2026
Hay días de ruta larga.
Y hay días de semáforos, avenidas y tráfico.
Pero al final,
la bici sigue siendo la mejor parte del trayecto.
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29/04/2026
Rodar en bici “más o menos” tiene un precio. Desgaste prematuro, piezas que no duran y bajo rendimiento. 📲 55 6173 7792. En Accent, prevenimos problemas antes de que escalen.
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29/04/2026
Te cuesta trabajo introducir tu rueda trasera con eje pasante ?
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ACCENT CYCLING 630 likes, 8 comments. "Colocando rueda trasera !"
Nos hizo tan feliz este ataque !
Edgar "Chuky" Cadena
Síguelo !
Créeme que siempre sorprende !
28/04/2026
En cada grupo hay uno que escucha, revisa y no deja nada al aire. 📲 55 6173 7792
26/04/2026
Tienes que leer la crónica !
Quién es?
Es ! Es Edgar "Chuky" Cadena
CHUKY PONE EN PROBLEMAS AL RELATOR-
(Edgar Cadena natural de la ciudad de México gana la tercera etapa en Asturias)
Nadie sabe cómo se llama el hombre que va adelante.
Va solo desde hace cuarenta kilómetros, o quizás desde siempre, porque hay hombres que nacen escapados y no lo saben hasta que un día encuentran una carretera que sube y deciden que ése es el momento, ese preciso instante en que el cuerpo dice ahora y las piernas obedecen antes de que la cabeza pueda arrepentirse. La montaña lo recibió sin preguntarle nada.
Las vacas detrás de las cercas lo miraron pasar con esa indiferencia solemne que tienen las vacas para los asuntos de los hombres.
El viento bajó de algún lugar entre los picos y le pegó en la cara como una bofetada sin odio, apenas una advertencia: aquí mandan otras leyes.
Detrás, el pelotón.
Pero detrás no es un lugar. Detrás es una discusión.
Hay dos equipos grandes, equipos con patrocinadores que tienen nombres de bancos y de aerolíneas y de empresas que venden cosas que la gente no necesita pero compra de todas formas, y esos dos equipos llevan desde el kilómetro cero mirándose de reojo, calculando, guardando fuerzas para el momento en que el otro equipo se equivoque.
Ninguno quiere jalar. Jalar es gastar. Jalar es darle al otro la comodidad de la rueda, el regalo del vacío ya roto. Jalar es, en el fondo, humillarse. Y los hombres de los equipos grandes no llegaron hasta aquí para humillarse.
Entonces se miran.
Tira tú. — No, tira tú.
Y así.
El hombre de adelante no sabe de esta conversación. Él sólo sabe lo que saben sus músculos: que hay una brecha, que la brecha existe mientras el cuerpo aguante, que el mundo se reduce en estas horas a una franja de asfalto gris que se enrolla hacia arriba como si la carretera también quisiera escapar de algo.
A veces piensa en cosas sin querer, así le pasa cuando el esfuerzo es muy alto y la mente se suelta de sus amarras: piensa en un cuarto pequeño, en el ruido de la ciudad enorme cuando era niño, en el olor del asfalto caliente de otra parte del mundo que también tiene asfalto caliente aunque sea otro asfalto, otro calor, otra parte. Piensa en que hay alguien más conocido en el mismo deporte, alguien que tiene el mismo oficio y el mismo origen y más nombre, siempre más nombre, y que eso es así y no duele, o duele de una manera que ya aprendió a pedalear encima del dolor.
Veintiséis segundos.
El hombre de la radio en el coche detrás le dice el número con voz neutral, con esa neutralidad profesional de quien sabe que los números suben y bajan y no hay que enamorarse de ninguno. Veintiséis segundos sobre un grupo pequeño.
El pelotón grande todavía más atrás, envuelto en su propia disputa de egos, empantanado en su propia política de quién cede primero.
La carretera baja ahora un poco. Apenas un respiro, una condescendencia de la geografía.
El hombre pedalea en el descenso también porque aprendió que el descanso es un lujo que se cobra después, que cada segundo que no se produce es un segundo que el pelotón recupera, que el tiempo en el ciclismo es una moneda que se gasta o se pierde pero nunca se guarda. Sus manos sobre el manillar.
Sus pulmones haciendo ese ruido que no tiene nombre exacto pero que todos los ciclistas reconocen, ese ruido de fuelle viejo que todavía funciona, que todavía puede, que no ha dicho la última palabra.
Detrás, los dos equipos siguen sin ponerse de acuerdo.
Un gregario del primero se acerca al gregario del segundo y le dice algo. El otro hace un gesto. Los directores deportivos hablan por radio con sus corredores y los corredores escuchan con un auricular mientras pedalean y asienten o no asienten y el director ve desde el coche que no asienten y entonces el director aprieta el volante porque eso que ve es exactamente lo que temía.
El corredor del equipo azul dice que no es su responsabilidad. El corredor del equipo rojo dice que ellos ya jalaron en la segunda etapa. Nadie recuerda exactamente qué pasó en la segunda etapa pero todos están de acuerdo en que la deuda existe y en que la deuda la tiene el otro.
Y el hombre de adelante sigue ahí.
Queda la meta. La ciudad que espera sin saber que espera, con sus casas viejas y sus bares con televisión donde la gente a veces mira las carreras y a veces no pero hoy están mirando porque le dijeron que hay un escapado y los escapados, cuando llegan, producen ese silencio especial, ese silencio de los milagros chicos.
El locutor abre la boca.
Ve llegar una bicicleta y un hombre arriba. Ve el maillot de un equipo que no es de los grandes. Ve el número. Busca en el papel. Busca en la pantalla. Busca en esa memoria que debería tenerlo todo pero a veces falla precisamente cuando más se la necesita.
Ve cruzar la línea al hombre.
Y entonces, con la voz que todavía no termina de convencerse, pregunta lo que le preguntó la carrera entera, lo que le preguntó el pelotón, lo que le pregunta la montaña que lo vio irse solo hace cuarenta kilómetros:
— ¿Quién es ese muchacho?
Marcelo J. Arnolfi
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