28/03/2024
CONDENADOS AL FRACASO
Pets. 43 jorgeegarciaz
“…pobrecitos de los niños de la Colonia Portales, tenedores de todo y poseedores de nada”. Santiago Ramírez
“Me llamo M… y quiero volar”. Así escuché la demanda de un cliente, cuando después de tres consultas fallidas, por fin llegó a la hora propuesta para conocernos y empezar a trabajar en su preparación mental, dese luego a solicitud de su papá, cuya demanda era: “hágamelo un campeón”. Se le propuso una serie de tareas que incluían trabajo de acondicionamiento físico, técnico y desde luego la práctica de técnicas básicas de auto control, concentración y auto regulación. Se midió con la prueba de Cooper su condición física y desde luego era muy mala. A los 16 años después de correr 5 minutos su frecuencia cardiaca rebasaba por mucho su 100%, a esta edad correr ese tiempo y tener 240 pulsaciones por minuto es alarmante, ya que lo normal debería ubicarse entre los 140 y 160 ppm. Su técnica era muy deficiente, lanzaba la bola hasta 4 metros (“es que así me enseñaron en Estados Unidos, porque estuve en una clínica en Las Vegas”) y su control era pésimo, su antemesa era totalmente inconsistente y tenía una irregularidad en la llegada. Desde luego su promedio era menor a los 170 pinos y lograr un 200 era todo un triunfo, que sucedía muy eventualmente. Participaba ya en dos torneos y su posición se ubicaba en los últimos lugares. Fuerte era el reto y muchas sus deficiencias. Sin embargo, había que tomar el desafío de enseñarle responsabilidad a un adolescente, meterlo a una disciplina, hacerle ver las conveniencias de los ajustes técnicos para su ejecución y yo estaba seguro que al ver mejoras en sus resultados progresaría a su ritmo.
Su demanda era muy concreta: “quiero ser primera fuerza y quiero ser campeón nacional”. Se trataba de un joven en plena adolescencia con una aspiración muy alta en su deporte, pero, desde luego una aspiración muy válida, sí y sólo sí pagaba el precio del éxito que deseaba con disciplina, trabajo y responsabilidad El camino era largo, todavía no participaba en ningún campeonato juvenil, seguiría tercera, segunda y primera fuerza. Se trataba de un joven obeso, con un sobre peso de al menos 20 kgs, estructura ósea ancha y estatura de 1.74 mts. Ropa muy ancha y suelta para disimular su gordura, descuidado tanto en su presentación como en sus modales, comía papas con cátsup y tomaba refresco de cola mientras entrenaba y jugaba. Estudiante de preparatoria, proveniente de una familia integrada por tres miembros más; la mamá dedicada al hogar, una hermana, estudiante y el padre, dedicado a los negocios, dirigía una cadena de varios Verificentros (centros de verificación vehicular, donde el verdadero negocio está en el “brinco”, esto es la dádiva o soborno pagado para obtener el visto bueno) así como otros negocios en un rancho en Tlaxcala. Familia con un modo de vida económico alto. Situación que le permitía a este joven disfrutar de un deporte caro; el equipo que consistía en por lo menos 6 a 10 bolas de primera calidad estaba complementado con la vestimenta, la maleta y los zapatos de calidad profesional. Su medio de transporte era un automóvil BMW de la alta gama, esto es, de los más caros, automóvil con un costo sobre los dos millones de pesos. Algo que me llamó la atención era la jactancia que mostró cuando pregunté si tenía alguna creencia religiosa, dijo orgullosamente que su familia y él eran “Mormones” y se distinguen por la observancia de un rígido celibato y el seguimiento de sus mandamientos, otra de sus presunciones era que tenía entre otras tarjetas de crédito la tarjeta “Golden Card” de American Express, no entendí para qué un joven de 16 años necesitaba una tarjeta con crédito ilimitado, con la cual si así lo deseaba podría darle la vuelta al mundo. Este hecho me hizo preguntarle a su papá cuál era el objetivo de darle esta tarjeta a un jovencito. El padre se concretó a afirmar que había educado a sus hijos en la idea de que no les faltara nada, ya que él había crecido "con muchas carencias”.
A la tercera llegada tarde a la sesión de trabajo, lo di de baja, cerré mi trabajo con él, advirtiéndole que mi tiempo es oro y que si en mi quehacer profesional tenía campeones nacionales, mundiales y olímpicos y de ellos tenía su respeto a los tiempos y acuerdos de horario, metas y tareas, no veía por qué un joven que no era nadie no pudiera mostrar un mínimo de respeto a un trabajo profesional y compromiso por su superación, pues ninguna de las tareas encomendadas había sido cumplida. Únicamente sonrió burlonamente y dijo “está bien”.
Diez años después, ya con 26 años de edad me vuelve a buscar, solicita preparación mental, pues ha estado a punto de tirar varias veces un 300; hacer un juego perfecto en el boliche, “pero me da miedo cuando todos se quedan callados y están viendo cuando voy por el último tiro”. Ya consulta a una nutrióloga para su problema de obesidad, aunque tiene un sobre peso de 25 kgs. Ha recorrido los cursos que ofrecen los diferentes especialistas y entrenadores en boliche en México y Estados Unidos, entrena un promedio de 30 líneas semanales más las 12 y 14 que tira en los diferentes torneos en los que participa y “está dispuesto a trabajar muy duro pues ya viene su campeonato nacional de primera fuerza”. Si consideramos que actualmente la línea de boliche está en un promedio de $90.00 pesos y el señor juega al menos 40 a la semana, hablamos entonces que tan solo en líneas gasta aproximadamente $36.000.00 a $20,000.00 pesos, más el costo de inscripciones, traslado, equipo, la inversión anual está sobre un millón de pesos anuales, ya que en su programa de competencias incluye torneos foráneos, más dos por año en Las Vegas, entonces esto me da un indicio de que hay un compromiso y una aspiración válida.
Acepto trabajar nuevamente con él, las condiciones son claras y las reglas no se mueven, puntualidad, cumplimiento de tareas, registro de actividades preparatorias, estrategias de juego, ejercitación y aplicación de las técnicas de auto control recomendadas y pago de las sesiones por adelantado. Chequeo médico, asesoría nutriológica y asesoría técnica con un entrenador reconocido. Se diseña su Plan de Excelencia y lo cumple puntual y metódicamente durante 3 meses. En su primer campeonato nacional queda entre los primeros 15 lugares, en el torneo de la Vegas, pasa a la final en segundo lugar y gana 16,000 dólares. Por lo que se queda una semana más por esos lugares, ocupando sus ganancias en alquilar un helicóptero y sobre volar El Gran Cañón, así como ir a un Centro de Tiro para alquilar un rifle calibre 50 y atinar a un blanco que se ubica a una distancia de un kilómetro, obviamente cada disparo por el equipamiento y los permisos, está sobre un costo de $16,00.00 pesos mexicanos y desde luego no se conforma con uno. El optimismo crece y las expectativas se acrecientan para seguir mejorando su promedio, el cual ahora se encuentra en 211 en 40 líneas semanales, esto es, su efectividad está sobre un 90%, para alcanzar la categoría de alto rendimiento hay todavía un 7% que mejorar y subirlos a 220, es posible si mantiene su efectividad durante los próximos 6 meses. Pero.
“Vanidad de vanidades, todos es vanidad”. Al regresar a México decide entrar a una “Barber Shop” para acicalarse y cambiar su “Look”, por sus rumbos, Cuautitlán Izcalli. Es ahí donde hace su aparición El Milagro de Santa Sofía. Conoce a una jovencita que a sus 24 años tiene su propio negocio, es autosuficiente, trabajadora, responsable, dulce y risueña como en los anhelos de cualquier hombre que se respete: una muchacha con los pies en tierra. Empieza el romance, el acercamiento, las salidas y desde luego, los planes y la oferta de la vida a un futuro en pareja. La invitación es a reflexionar, la cosa va en serio es una cuestión vital, pero qué le puede ofrecer, si no ha terminado la carrera que apenas inicia, el plazo de vida en pareja estará postergado, al menos para M durante los próximos 6 años, una vez que concluya sus estudios y tenga una estabilidad laboral.
Consecuentemente reduce sus tiempos de entrenamiento, sus cuotas de trabajo, baja su promedio en el boliche a 200 y su foco de atención es la pareja. El padre ya no le subsidiará las salidas con la novia, únicamente sus gastos escolares y su provisión en el seno familiar. Si quiere novia, él tiene que pagar esos gastos. Desde luego, empieza a jugar por dinero, pero no siempre gana en las apuestas, por lo que opta por estudiar y hacer con Sofía un plan de matrimonio a un largo, largo plazo, pues él “le va a echar muchas ganas a la escuela, al trabajo y al boliche”. Ahora sí, la naturaleza apremia, el deseo lo mueve y la vida le pone enfrente a una mujer, mujer. Pero él no está listo, sigue siendo un adolescente irresponsable.
Inicia sus estudios profesionales, es aceptado en una escuela a la que llega con su BMW y aunque no es ni guapo, ni atractivo, “poderoso caballero es Don Dinero” a una de sus compañeritas de su nueva escuela le llama la atención el celular de M, pues es un modelito que se cotiza sobre los $40,000.00 pesos y empiezan a hablar de nuevas tecnologías informáticas y la velocidad de la información y esta jovencita de exactamente 20 años de edad le envía una carpeta con una serie 25 fotografías donde paulatinamente se desprende de la ropa hasta mostrarse completamente desnuda y en diferentes poses sensuales, irresistible para cualquier ser humano que lleva toda su vida en represión.
El celibato se va al carajo, los planes de matrimonio se hacen más largos todavía, el boliche baja a 190, las citas se cancelan, M pierde la brújula y yo cancelo la asesoría, no sin antes hacer una aclaración muy pertinente: “me caga la gente irresponsable”. Llegaste aquí porque tenías una meta muy clara, tus logros fueron sobre salientes con 3 meses de trabajo disciplinado, los resultados son notables, hoy la vida te pone enfrente la posibilidad de edificar una familia con una mujer comprometida, pero tienes un dilema moral: entre la satisfacción muy íntima de enorgullecerte del apego a tu religión, la posibilidad de reconocerte como un hombre responsable al respetar las reglas morales y tener un futuro saludable, gozoso y productivo, pero has optado por lo inmediato y pasajero, ¿te has preguntado por qué esta compañerita de escuela tan fácilmente te sedujo? Bastaron unas cuantas fotos para que cayeras en la trampa, no usaste ningún método preventivo ni de evitación de transmisión de enfermedades venéreas ni de prevención del embarazo, bastaba un simple condón para evitar tantas pérdidas.
Por cierto, ¿sabes por qué no puedes tirar un juego perfecto?, ¿por qué fallas en el último momento?, ¿por qué te da miedo que la gente te vea? Porque si te muestras tal y como eres, tal pareciera que te mostraras desnudo, van a ver tu cuerpo malformado, tu abandono, el niño irresponsable, dependiente y tramposo que tratas de ocultar, van a ver al hombre que haces trampas con su propia consciencia, vas a mostrar tu autoengaño, vas a mostrar los defectos que aún tienes que corregir. Empieza por hacerte responsable de tus verdaderos errores y no lo dudo, algún día la claridad de tu propia consciencia, te dará juegos perfectos.
Cuando el SuperYo es sobornable, cuando la vida es acomodaticia, cuando no se respetan los valores y las reglas, cuando se les educa en una religión con valores muy concretos, pero el ejemplo que se da no es coherente y cuando se educa a un hijo bajo el esquema “que no le falte nada” lo estamos condenando necesariamente al fracaso, les estamos negando la oportunidad de aprender, de ganarse un peso, simplemente de cumplir con esa ley de la naturaleza donde todo organismo vivo tiene que subsistir a partir de su propio esfuerzo.
Por cierto, no dudo que tarde o temprano logres un juego perfecto, ahora sabes qué es lo que tienes que trabajar, ahora tú decides. Reconocerte como hombre cargando el peso de tu propia consciencia o seguir siendo una caricatura. Como tantos jugadores que creen que el éxito se puede comprar en una farmacia y tomar como una pastilla de fácil y rápida solución. Me quedo con la gente que se respeta, con la clase trabajadora, la que le da dignidad a su vida con sus propios méritos, la que se gana el pan con el sudor de su frente y respeta sus propios valores.
Desde una perspectiva instintiva o biológica, el deporte simboliza caza, territorio, dominio, liderazgo, supervivencia. En otras palabras, deporte se inventó para que de una manera civilizada e inteligente saquemos a pasear a la “bestia” que todos llevamos dentro. En su carácter formativo, tiene como función permitir que “el pobrecito del niño-deportista demuestre que reconoce los límites y respeta las reglas y que está listo para el ejercicio de su genitalidad”. Por eso todos queremos anotar un gol o por lo menos, “llegar a la primera base”.
j.e.g.z. 270324//.
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