22/09/2026
Charcas 2026: Una aventura que te transforma el alma
Fecha: 18, 19 y 20 de septiembre 2026
Guia: Juan Martín Landeros García
Reseña: Aurora Martínez
El inicio inesperado
La aventura empezó con un mensaje de Luz Ma: "Tengo que declinar el viaje, si quieres te paso mi lugar". Yo, Aurora, me emocioné, pero a la vez no sabía de qué se trataba. Así que busqué a Betty; ella, como siempre, me explicó. Me animé, aunque también me preocupé, pues ya saben cómo es esto de que uno planea y Dios dispone.
El jueves tuve un tema complicado en el trabajo, me puse ansiosa porque tenía muchos pendientes que resolver en muy poco tiempo para poder levantarme el viernes e irme a la aventura. Así que volví a llamar a Betty, le dije y a la vez no dije nada, y me dice: "Auro, tranquila". No estuvimos mucho en el teléfono pues yo estaba muy acelerada; total, colgamos. Me enfoqué en mi trabajo, avancé en pendientes, atendí a Loki (mi perro), a mis plantas, y alisté la mochila con la firme idea de despertarme a las 3:00 a. m. para estar en el punto de reunión a las 4:30 a. m. en Plaza Real.
El punto de partida y el Paso del Diablo
Llegó la camioneta, nos saludamos y nos presentamos los nuevos integrantes. Los hombres se organizaron para subir las mochilas y acomodar todo para disponernos a salir rumbo a nuestra aventura llamada "Charcas". Yo no entendía tanto, pues sabía que caminaríamos mucho, ¡pero jamás pensé que en un solo día!
Empecé a tomar confianza y a platicar con el resto del grupo; varios comentaban que ya era su cuarta vez y yo me sorprendía, pues nunca había hecho una caminata así. Ahora que la viví, entiendo por qué regresan. No hace mucho platicaba con mi mamá y mi hermana Ana María sobre cómo hay gente que hace peregrinajes, jamás pensé que sería una de esas personas, y ahora que lo experimenté, ¡lo amé! Ver a las personas apoyarnos, alimentarnos y resguardarnos te hace olvidar todas las cosas malas que pasan en el mundo.
· Primera parada (Paso del Diablo): Un lugar mágico, como todo en la naturaleza. Comenzamos nuestra caminata sobre el acueducto, sumándose una pequeña de cuatro patas que nos acompañó todo el recorrido. Conforme avanzábamos se ponía más retador —sobre todo para los que les da vértigo—, pues había momentos donde el camino se ponía muy estrecho. En el trayecto nos encontramos árboles de granada, aguacate y nuez; la naturaleza y Dios nos dan todo lo que necesitamos y nos lo demuestran en cada paso. Martín me comentó que el agua sí se podía beber, así que llené mi vejiga con agua del acueducto: simplemente deliciosa. Tuve la oportunidad de conocer a las mujeres fuertes y valientes del grupo; casi todo el camino platiqué con Flor, cuya energía me hizo sentir muy bienvenida.
Llegada a Charcas y la hospitalidad
Regresamos hacia la camioneta donde comimos un lonche para organizarnos e irnos a nuestra segunda parada: Charcas. En el trayecto nos tocó lluvia (afortunadamente ya íbamos a bordo) y vimos vacas cubriéndose debajo de un árbol.
Llegamos por la tarde y nos recibió el suegro de Martín, un señor bastante amable que nos hizo sentir en casa. Salimos a la plaza, nos tomamos fotos en las famosas letras y conviví un poco más con Mimi y Arge hasta que nos dijeron la palabra mágica: "cenar".
Pasaron por Mau, Betty y por mí para llevarnos a la casa de Doña Carmen (hermana de Martín), donde volvimos a recibir el mismo amor y apoyo. Nos dio de cenar unos deliciosos tamales y un café que no había probado igual. Doña Carmen nos prestó su baño para un merecido regaderazo y nos ofreció camas para dormir.
Rumbo a Tinajuelas y Berrendo
Al día siguiente, nos despertamos temprano para iniciar la caminata un poco pasadas las 5:00 a. m. Martín nos recordó que no eran carreras, que mantuviéramos la mirada hacia adelante ubicando a los demás para no perdernos y que disfrutáramos el camino y la compañía.
· Tinajuelas: Disfrutamos de un amanecer increíble, viendo cómo el cielo cambia de colores entre pláticas interminables. Lo que para muchos representaba "alivio" eran las camionetas de apoyo, donde podíamos recargar batería, revisar los pies y, lo más esperado, la comida (¡en el pueblo comen mega delicioso!). Almorzamos tacos y tamales, compartimos y agradecimos nos tomamos la foto del grupo.
· Hacia Berrendo: Caminando tuve la oportunidad de platicar con Don Eduardo, quien tiene una fuerza incansable en sus piernas; admiro mucho su coraje para continuar en este sendero. Vi a Martín pizcando tunas y a lo lejos unas calabazas en el piso; uno va al súper y las agarra fácil, pero aquí, viendo tanta abundancia de la madre tierra, solo me quedaba agradecer.
Llegando a Berrendo nos recibieron de nuevo las camionetas blancas con refrescos, agua y comida. Ahí conocí a Vicente, de Charcas, quien nos dio una preparación de ingredientes orgánicos para aliviar el cansancio de las piernas (¡muy mágica, por cierto!). Me senté con Mayra y Palomo, me masajearé los pies y me cambié la cinta.
El tramo más retador: Guadalupe del Carnicero
Cuando anunciaron la salida, vi que todos empezaban a pararse y yo aún no terminaba. Le dije a Betty que los alcanzaba, pero me advirtió que no me fuera sola. Como la hierba en la carretera estaba muy crecida y el sol empezaba a pegar fuerte, tomamos rutas alternas.
En este tramo del camino (por las vías del tren) el cansancio se acumuló entre las piedras y el desnivel, y lo que más me preocupaba era que me saliera una víbora, aunque trataba de no pensarlo. Casi al final para llegar a Guadalupe del Carnicero, mis piernas ya venían muy cansadas, pero Vicente fue un excelente compañero: no me dejó sola y se fue a mi paso hasta llegar, algo por lo que estaré eternamente agradecida.
Llegando al punto me di cuenta de que no podía doblar las piernas, así que decidí quedarme en la camioneta a recuperar fuerzas mientras otros continuaban. Fui al Ranchito de los Coronados a dormir 20 minutos bajo un árbol, me puse la pomada mágica otra vez y milagrosamente ¡ya podía doblar las piernas!
Hacia el Cristo y la llegada a Real de Catorce
Una vez listas, nos encaminamos hacia el Cristo. En este tramo nos alcanzó la noche, vimos una puesta de sol maravillosa y sacamos las lámparas para avanzar concentrados y en silencio.
Pensando en Lupita —quien venía con calambres y decidió escuchar a su cuerpo para no forzarse—, organizamos su traslado. Entre charlas y las ocurrencias de Mayra, logro convencer a Ángel de que nos fuéramos directo a Carretas para armar las casas de campaña para los compañeros así les quitábamos una preocupación.
A la mañana siguiente, un poco después de las 5:00 a. m., Mau, Betty y yo retomamos el sendero hacia Real de Catorce. Subimos la Cuesta de los Arrepentidos muy positivos, admirando la belleza del cañón, los molinos, el cielo y los famosos Willys subiendo a toda velocidad con turistas en el techo (¡a esas personas sí que les gusta el deporte extremo!).
El gran logro y el agradecimiento total
Cuando por fin vimos la entrada a Real de Catorce, no podía creer que lo había logrado. Aunque no hice todo el circuito caminando, para mí fue un logro gigante al ser mi primera vez en una experiencia de este tipo.
Esta vivencia me dejó llena de agradecimiento, entendimiento y empatía. Antes veía a los peregrinos y me preguntaba cómo hacían; ahora tengo todas las respuestas porque lo viví en carne propia. Entendí que todos podemos lograr lo que nos proponemos, solo debemos aprender a escuchar a nuestro cuerpo, ser conscientes y honrar nuestro templo, porque solo tenemos uno en esta vida.
Me despido con el corazón lleno de gratitud y dando las gracias totales a Mimi, Arge, Martín, Ángel, Monkiki, Don Edu, Edu, Lupe, Flor, Mayra, Palomo, Betty y Mau. Gracias por ser grandes compañeros de montaña, por su humildad y por el respaldo constante. Nunca me sentí sola y agradezco infinitamente el calor con el que me recibieron en su grupo.
Y mas agradecida con Don Mario, Don Carlos, Cenizo, Vicente y Felipe, mil.gracias por todo.
"La Montaña Nos Une"
"Desde 1940 y seguimos haciendo historia"