Casa de Fe

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NO TENGAS MIEDO

Cómo Vencer el Miedo y vivir una vida abundante

​Imagínate parado a la orilla de un río embravecido. No cualquier río, sino el Jordán en su época de desborde anual: una marea turbia de corriente salvaje de más de 30 metros de ancho. Detrás de ti hay más de dos millones de personas mirándote a los ojos, esperando tu primera orden. Adelante, ciudades amuralladas hasta el cielo y hombres gigantes curtidos en la guerra. Y a tu lado, el espacio vacío de tu mentor, Moisés, la leyenda que los sacó de Egipto y que ya no está.

​Cualquiera se desmorona ahí. De hecho, la neurociencia moderna nos explica exactamente qué le pasaba a Josué en el cerebro en ese momento: la amígdala cerebral libera cortisol y adrenalina a chorros, activando el circuito del pánico. En psicología le llaman la «parálisis por análisis» o la respuesta de congelamiento. El miedo real te congela las piernas.

​Pero Dios no le envió a Josué un manual militar ni una estrategia de asedio. Le dio un entrenamiento directo al corazón, exactamente como lo necesita cualquiera de nosotros hoy cuando la vida nos pone frente a un reto que nos supera.

​1) ATRÉVETE A DAR EL PRIMER PASO

El milagro no ocurre en la orilla

​Hay un detalle fascinante en Josué 3:15-16.
La Biblia enfatiza que el Jordán «solía desbordar todas sus riberas al tiempo de la siega». En términos humanos, era el peor momento para cruzar.
La lógica diría: "Esperemos a que baje el nivel del agua".
​Pero Dios les dijo a los sacerdotes que cargaran el Arca de la Alianza y caminaran directo hacia el agua.

​Fíjate bien en el orden: el río no se secó mientras estaban secos en la orilla. Tuvieron que mojarse la túnica en el lodo con la corriente chocándoles en los tobillos para que el agua se detuviera allá arriba.

​A veces pensamos que la fe es la ausencia de miedo o que debemos sentirnos 100% seguros antes de dar un paso antes de tomar una decisión difícil, como:

Perdonar a alguien que nos ha hecho mucho daño

Iniciar un negocio

Comenzar a servir a Dios

Aceptar una mayor responsabilidad en el trabajo

Pero la fe bíblica no es un sentimiento; es el acto de avanzar mientras te tiemblan las rodillas.

​2 Corintios 5:7

​2) DIOS TE DIO CAPACIDAD Y TALENTOS SUFICIENTES

la batalla de la mente

​Años antes de este momento, doce espías entraron a explorar esa misma tierra. Diez regresaron aterrorizados y dos (Josué y Caleb) regresaron motivados.
¿Vieron cosas distintas? No, vieron exactamente a los mismos gigantes (los anaceos) y las mismas murallas.
​La diferencia estuvo en la percepción interior.

En Números 13:33, los diez espías miedosos dijeron una frase reveladoramente honesta sobre cómo se veían a sí mismos frente a los problemas.
​Ese es el truco del miedo: la miniatura mental. Cuando te enfocas en el problema sin Dios en la ecuación, te achicas a ti mismo hasta sentirte del tamaño de un insecto frente a la prueba. Por eso Dios, en el primer capítulo de Josué, no se enfoca en describirle a los enemigos, sino en reprogramar la mente de su nuevo líder:

​ Josué 1:8
​ Romanos 12:2

​Estudios contemporáneos sobre la atención selectiva muestran que el cerebro humano tiende por naturaleza al sesgo de negatividad:

recordamos y magnificamos el peligro cuatro veces más que las oportunidades.
Dios le dio a Josué la solución milenaria a este problema biológico: la meditación en su verdad.

Llenar la boca y los pensamientos de la Palabra de Dios no es una rutina devocional aburrida, es el antídoto neurobiológico contra el pánico.

3)​ SOLTAR EL PASADO VIVIR EL PRESENTE.

La sombra del roble que ya no está

​Imagínate el peso sobre los hombros de Josué. Durante 40 años, si había un problema con el agua, Moisés golpeaba la roca. Si el pueblo se rebelaba, Moisés intercedía. Moisés era el gigante espiritual. ¿Cómo llenas esos zapatos?
​Dios comienza la conversación con Josué de una forma casi tajante:
​ Josué 1:2

​Suena duro, pero era una liberación. Dios le estaba diciendo: "Josué, la era de Moisés terminó, pero mi presencia no se fue con él".
​Un error muy común en la vida cristiana es intentar enfrentar las batallas de hoy apoyándonos en las muletas del ayer: un líder espiritual que ya no está, una etapa dorada que ya pasó o la nostalgia de "cómo solían ser las cosas".

El miedo se alimenta del luto no resuelto y de la comparación incapacitante.

​ Isaías 43:18-19

​El respaldo no venía de la capacidad personal de Josué ni del legado de Moisés. Venía del Dios vivo que prometió:
​ Josué 1:5

​4) SIN MIEDO AL MAÑANA.

El miedo no es una opción cuando hay mandato

​Hay un detalle gramatical precioso en el famoso Josué 1:9.

Dios no le dice: "Si te sientes con ganas, sé valiente". Tampoco le dice: "Te sugiero que lo intentes".
​Leamos Josué 1:9

​La valentía en el Reino de Dios no es una opción de la personalidad o una virtud reservada para unos pocos elegidos; es un mandamiento. ¿Por qué? Porque cuando dudamos o nos acobardamos frente a lo que Dios nos pidió hacer, en el fondo estamos diciendo que el obstáculo es más poderoso que el Dios que nos envió.

​El célebre predicador del siglo XIX, Charles Spurgeon, decía en uno de sus sermones: «La fe no es la ausencia de sentido del peligro, sino la presencia del Dios todopoderoso en medio de ese peligro».

​Busquemos 2 Timoteo 1:7
​Al final, Josué no cruzó el Jordán porque fuera un superhombre sin temores. Lo cruzó porque entendió que el miedo pierde todo su poder en el momento exacto en lo deque das el primer paso obedeciendo a Dios, dejando la orilla cómoda del pasado y mojándote los pies en el río de lo desconocido.

​Autoexamen del Corazón:

¿Frente a qué Jordán estás parado hoy?

​Para pasar del papel a la práctica, tómate un momento para responderte estas preguntas con total sinceridad:

​1. Identificando tu Jordán: ¿Cuál es ese proyecto, emprendimiento, llamado ministerial o decisión familiar que Dios ha puesto en tu corazón, pero que sigues postergando por temor a fracasar o a "no estar listo"?

​2. El fantasma del pasado: ¿Hay algún "Moisés" al que sigues aferrado? (Un error del pasado, un fracaso anterior, la sombra de alguien más o una etapa de tu vida que ya cerró y te impide ver la "cosa nueva" que Dios quiere hacer).

​3. El análisis del tamaño: Cuando miras el reto que tienes enfrente, ¿con qué te comparas? ¿Te ves como una "langosta" ante las dificultades, o miras la prueba a través del tamaño y la fidelidad de Dios?

​4. La prueba de la orilla: ¿Estás esperando a que el agua se seque por completo (que todo esté perfecto, seguro y sin riesgos) para recién dar el primer paso, o estás dispuesto a "mojarte los pies" en obediencia hoy mismo?

​5. El costo del miedo: ¿De qué bendiciones, frutos o crecimiento crees que te has estado perdiendo hasta ahora simplemente por haberle dado el micrófono a la voz de la cobardía en lugar de al mandamiento de Dios?

Pero sobre todo y lo más importante ningún Jordán se puede atravesar ningún miedo se puede vencer si no se mantiene una comunión con Dios orando constantemente.

28/08/2026

CRISTO VIENE PRONTO

24/08/2026
24/08/2026

El es el único y verdadero DIOS

16/08/2026

CÓMO DISFRUTAR LA TIERRA PROMETIDA.

Los Enemigos Internos y Cómo Vencerlos

​Así como los israelitas enfrentaron tribus enemigas en lo físico, el cristiano enfrenta gigantes invisibles que se alzan dentro de su propia mente y corazón.

Para tomar posesión de las promesas de Dios, es necesario identificar a estos enemigos, entender cómo operan en nuestro día a día y aplicar la verdad de la Palabra de Dios para derrotarlos.

​a). El Temor y la Ansiedad.

​ El temor paraliza la fe y exagera el tamaño de los problemas, mientras que la ansiedad llena la mente de escenarios trágicos sobre el futuro.

Este enemigo nos impide dar pasos de obediencia por miedo a perder la seguridad o al fracaso.

​ El padre o la madre de familia que no logra conciliar el sueño pensando en cómo pagará las deudas o en los riesgos que sus hijos corren en la calle.

También el creyente que rechaza una oportunidad laboral o un llamado a servir en su comunidad por la convicción interna de que no sabrá resolver los problemas que surjan.

​ Enfrentamos el temor cambiando el enfoque de la mente: dejando de mirar la magnitud de la tormenta para fijar la atención en el carácter de Dios.

La ansiedad se vence mediante la oración continua y la gratitud anticipada, entregando cada preocupación en las manos del Padre.

​«Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.» — 2 Timoteo 1:7

​«Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.» — Filipenses 4:6-7

​b). La Incredulidad y la Duda

​La incredulidad es la incapacidad o resistencia a confiar en que Dios cumplirá lo que ha prometido.
Nos lleva a depender exclusivamente de nuestras fuerzas, de la lógica humana o del saldo en la cuenta bancaria.

​ El creyente que atraviesa un diagnóstico médico desfavorable o una crisis en su matrimonio y, aunque escucha promesas de restauración en la iglesia, por dentro piensa que su caso es la excepción y que no hay nada que Dios pueda hacer.

​ ¿Que hacer?
La duda no se elimina razonando, sino alimentando la fe con la lectura constante de la Biblia y recordando los testimonios pasados de la fidelidad de Dios.

La fe se activa cuando decidimos dar el paso y obedecer aun cuando las circunstancias parezcan adversas.

​«Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra.» — Santiago 1:6

​«Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo.» — Hebreos 3:12

Además te recomiendo rodearte de personas llenas de de.

c). La Amargura y la Falta de Perdón.

​La amargura es el veneno que queda en el corazón cuando guardamos resentimiento por ofensas, traiciones o injusticias vividas.
Funciona como una cadena invisible que nos mantiene atados a las personas o situaciones que nos dañaron en el pasado.

​Ejemplo. Quien ha logrado construir una vida estable, pero al recordar las palabras duras de un familiar durante la infancia o la traición de un socio comercial, vuelve a sentir la misma ira y frustración, arruinando momentos de gozo presente con su familia.

​ El perdón no es un sentimiento; es una decisión.

Vencemos la amargura decidiendo cancelar la deuda espiritual que otros tienen con nosotros, recordando que Cristo nos perdonó a nosotros una deuda infinitamente mayor.

​«Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os perturbe, y por ella muchos sean contaminados.» — Hebreos 12:15

​«Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.» — Efesios 4:32

​d) La Culpa y Condenación.

​La culpa constante nos susurra que no somos lo suficientemente buenos, que Dios está enojado con nosotros o que nuestros errores pasados nos descalifican para siempre de recibir sus bendiciones.

​ El creyente que cometió faltas graves en su juventud y que, a pesar de haberse arrepentido y entregado su vida al Señor, siente que cualquier problema que enfrenta hoy es un castigo divino. Esta mentalidad le impide orar con confianza o disfrutar la paz de saberse amado.

Vencemos la culpa aceptando la suficiencia de la cruz. Debemos aprender a distinguir entre la convicción del Espíritu Santo —que nos guía al arrepentimiento y a la restauración— y la acusación del enemigo —que busca destruirme y alejarme de Dios.

​«Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.» — Romanos 8:1

​«Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.» — 1 Juan 1:9

​f). El Conformismo y la Postergacion.
(Procrastinación Espiritual)

​El conformismo es la actitud de resignarse a vivir en la mediocridad espiritual por miedo al esfuerzo que requiere la conquista.
La postergación nos hace posponer las decisiones importantes de cambio para "después".

​ Quien sabe que debe cambiar sus hábitos de oración, buscar consejería o dejar una relación que le hace daño, pero sigue diciendo "el próximo mes lo arreglo" o "así soy yo y ya no voy a cambiar", conformándose con una vida vacía y llena de altibajos.

​ Debemos despertar de la pasividad mediante la disciplina personal y fijando metas claras de crecimiento espiritual y otras areas entendiendo que la postergación roba el tiempo y las bendiciones que Dios tiene listas para entregarnos hoy.

​«Y Josué dijo a los hijos de Israel: ¿Hasta cuándo seréis negligentes para venir a poseer la tierra que os ha dado Jehová el Dios de vuestros padres?» — Josué 18:3

​«Mirad, pues, con cuidado cómo andáis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.» — Efesios 5:15-16

Conclusión
​La Tierra Prometida no es un lugar al que llegaremos únicamente cuando moramos o cuando ocurra el arrebatamiento; es la experiencia diaria del Reino de Dios establecida en nuestra mente y corazón aquí en la tierra.

Dios sacó a Israel de Egipto para llevarlo a Canaán, y sacó a la Iglesia del pecado no para mantenerla vagando en el desierto de la angustia, el rencor o la culpa, sino para que vivamos en paz, salud mental y propósito pleno.

​Nuestros mayores obstáculos para disfrutar las promesas divinas no están de afuera; no son las circunstancias del país, la economía ni lo que otros nos hicieron. Los verdaderos gigantes a derrotar habitan en nuestro interior. Sin embargo, en la cruz de Cristo ya nos fue dada la victoria sobre cada uno de ellos. No tenemos que luchar en nuestras fuerzas, sino aprender a rendir nuestras armas humanas y permitir que la Palabra de Dios transforme la manera en que pensamos y sentimos.

​Aplicación Práctica
​Para tomar posesión activa de tu Tierra Prometida a partir de hoy, lleva a cabo los siguientes pasos:

​Haz un inventario interior sincero: Dedica un tiempo a solas con Dios y pregúntale cuál de estos cinco enemigos (temor, duda, amargura, culpa o conformismo) ha estado tomando el control de tu vida en los últimos meses.

-​Renueva tu lenguaje y tu mente: Cada vez que detectes un pensamiento de temor, duda o culpa, cancélalo respondiendo en voz alta con la promesa bíblica correspondiente.

-Reemplaza las mentiras con la verdad de la Palabra (Romanos 12:2).

-​Toma una acción concreta de fe:
​Si luchas con la amargura: Haz una lista de las personas a las que necesitas perdonar y decide liberarlas hoy en oración.
​Si luchas con la duda o el temor: Da ese paso de obediencia que has estado postergando por miedo al fracaso.

​Si luchas con la culpa: Declara que la sangre de Cristo ha borrado tu pasado y comienza a servir a Dios con libertad.

​ -Se constante: Recuerda que la conquista de Canaán no sucedió en un solo día, sino mediante batallas progresivas. Mantén la mirada fija en Jesús (Hebreos 12:2) y avanza un paso a la vez hacia la plenitud de vida que ya te pertenece.

09/08/2026

QUÉ ES LA TIERRA PROMETIDA PARA EL CRISTIANO HOY.

Tema: Cómo vivir en las Promesas de Dios y Vencer a los Enemigos Internos

​La historia del pueblo de Israel rumbo a Canaán no es solo un hecho histórico registrado en el Antiguo Testamento; es un mapa espiritual para la vida cristiana.

Dios sacó a su pueblo de la esclavitud en Egipto no para que perecieran en el desierto, sino para introducirlos en una tierra donde fluye leche y miel.

Del mismo modo, hoy Dios nos invita a poseer y disfrutar la Tierra Prometida en el presente, experimentando una vida abundante,

paz mental y plenitud espiritual antes de la segunda venida de Cristo y el arrebatamiento de la Iglesia.

​1. ¿Qué es la Tierra Prometida para el cristiano de hoy?

​Para el creyente contemporáneo, la Tierra Prometida no representa un espacio geográfico ni únicamente la vida eterna en el cielo.

Es el estado de plenitud, paz y libertad que Cristo ya compró para nosotros en la cruz para ser disfrutado aquí y ahora.

​En el lenguaje de la fe, la Tierra Prometida abarca la paz interior y la salud mental para sobrellevar la ansiedad mediante la confianza plena en Dios,
según nos enseña Filipenses 4:6-7.

También incluye la sanidad de las heridas emocionales y la restauración del alma prometida en el Salmo 23:3,

así como el caminar en un propósito claro con las buenas obras que Él preparó de antemano en Efesios 2:10.

Además, implica vivir en provisión y descanso espiritual, confiando en que Dios suple conforme a sus riquezas en gloria según Filipenses 4:19.

​Dios no diseñó la vida cristiana para que sea una supervivencia llena de amargura, temor o angustia mientras esperamos la venida de Cristo. Jesús declaró con claridad en Juan 10:10 que Él ha venido para que tengamos vida y para que la tengamos en abundancia.

Esa vida abundante es la Tierra Prometida en el tiempo presente.

​2. Experimenta una vida plena antes del Arrebatamiento.

​Existe la idea equivocada de que la verdadera paz y la victoria llegarán únicamente cuando el Señor regrese por su Iglesia.
Sin embargo, la Palabra enseña en Mateo 4:17 que el Reino de Dios ya se ha acercado y que sus promesas son para vivirlas hoy.

​El apóstol Pablo recordaba a la iglesia en 1 Tesalonicenses 5:23 la necesidad de vivir santificados, guardados completamente en espíritu, alma y cuerpo para la venida del Señor.
Esto implica que la salud mental, la estabilidad emocional y la paz espiritual son indispensables para mantenernos firmes en este tiempo. Jesús refuerza esta verdad en Juan 14:27 al decirnos que su paz nos deja y su paz nos da, no como el mundo la da, y nos exhorta a que no se turbe nuestro corazón ni tenga miedo.

​Vivir la Tierra Prometida hoy significa que, a pesar de las plagas o los desiertos del mundo actual, el creyente habita bajo el abrigo del Altísimo como expresa el Salmo 91, disfrutando de gozo y estabilidad interior antes de que suene la final trompeta.

​3. Del desierto a la conquista

​La Biblia está repleta de ejemplos que ilustran este viaje espiritual hacia las promesas.

​En el relato del reporte de los doce espías en Números 13 y 14, Moisés envió a hombres a reconocer la tierra de Canaán.
Todos vieron la misma abundancia y los frutos gigantescos, pero diez de ellos fijaron su atención en los gigantes y en las murallas, llegando a decir en Números 13:33 que ante sus propios ojos ellos parecian como langostas. Solo Josué y Caleb mantuvieron un espíritu diferente según Números 14:24.
Mientras los diez dudaron por miedo y complejo de inferioridad, Caleb y Josué vieron la promesa a través de los ojos de la fe. Toda la generación miedosa murió en el desierto sin disfrutar la promesa, no porque Dios faltara a su palabra, sino porque sus propios enemigos internos, la incredulidad y el temor, se lo impidieron.

​Otro gran ejemplo es la caída de Jericó en Josué 6. Para entrar en la promesa, las murallas de la imposibilidad deben caer. La estrategia para derribar a Jericó no fue con armas humanas, sino con obediencia, fe, marcha y alabanza.

Esto demuestra que la conquista de nuestras promesas es una batalla espiritual que requiere rendición a las instrucciones de Dios.

​4. Los Enemigos Internos que nos impiden disfrutar la promesa

​Así como los israelitas enfrentaron tribus enemigas en lo físico, el cristiano enfrenta gigantes invisibles que se alzan dentro de su propia mente y corazón.

El viaje va desde el desierto de las dudas hacia la Tierra Prometida de la paz, pero en medio debemos derribar estas murallas internas mediante la fe y la renovación de la mente.

a)​El primer enemigo es el temor y la ansiedad.
El miedo paraliza y nubla la visión del futuro, haciendo que enfoquemos el pensamiento en los problemas y no en la grandeza de Dios.
Su efecto causa desgaste físico, insomnio y angustia constante. Para vencerlo, 2 Timoteo 1:7 nos recuerda que no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio,
y 1 Juan 4:18 añade que en el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor.

b)​El segundo enemigo es la incredulidad y la duda.
Dudar del amor o del poder de Dios nos mantiene dando vueltas en el desierto.
La incredulidad cancela la paz y destruye la expectativa de ver el bien de Dios. Santiago 1:6 advierte que el que duda debe pedir con fe, pues es semejante a la onda del mar arrastrada por el viento, mientras que Hebreos 3:19 nos recuerda que el pueblo de Israel no pudo entrar a la promesa
precisamente a causa de su incredulidad.

c)​El tercer enemigo es la amargura y la falta de perdón.
Guardar rencor por ofensas del pasado es como cargar una mochila llena de piedras en el viaje a la Tierra Prometida, envenenando la salud emocional y robando el gozo. Hebreos 12:15 nos exhorta a cuidar que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios y que no brote ninguna raíz de amargura que perturbe y contamine. Asimismo, Efesios 4:31 nos ordena quitar toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia.

d)​El cuarto enemigo es la culpa y el condenamiento.
Muchos creyentes viven atrapados en los errores del pasado, sintiendo que no merecen las bendiciones de Dios, lo cual impide tomar posesión de su identidad de hijos. Romanos 8:1 declara con firmeza que ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, y 1 Juan 1:9 asegura que si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarlos y limpiarnos de toda maldad.

​f)El quinto enemigo es el conformismo y la postergación espiritual.
Esto ocurre al acomodarse a la rutina del desierto por miedo a la batalla que implica conquistar nuevos niveles de fe, produciendo estancamiento. Ante esto, Josué 18:3 confronta al pueblo preguntando hasta cuándo serán negligentes para venir a poseer la tierra que Dios les ha dado.

​5. Dónde podemos ver estos enemigos actualmente.
​Estos enemigos se manifiestan claramente en nuestro día a día. Por ejemplo, un profesional puede estar paralizado por el miedo al fracaso, teniendo talentos dados por Dios y puertas abiertas para emprender, pero la voz interna que le dice que no es capaz o que va a fallar actúa como el reporte de los diez espías, dejándolo atrapado en situaciones que le causan desgaste.

​Otro caso es el de una persona incapaz de disfrutar la paz familiar a causa de la amargura. Aunque haya alcanzado estabilidad económica o física, si vive resentida con un familiar por una herida del pasado, habita físicamente en Canaán pero espiritualmente sigue esclava en Egipto.

​De la misma manera, el creyente que vive en ansiedad constante, que busca al Señor pero no logra conciliar el sueño pensando en el mañana, permite que el enemigo de la preocupación le robe la paz que Jesús prometió en Mateo 6:33-34.

​6. Pasos para conquistar tu Tierra Prometida hoy

​Para tomar posesión de estas promesas en el presente, primeramente debemos renovar la mente con la Palabra de Dios, aplicando Romanos 12:2 para reemplazar cada mentira del enemigo interno con una promesa escrita.

​En segundo lugar, es necesario vencer los gigantes internos en oración, derribando el temor, la culpa y la amargura al confesarlos delante de Dios y declarando perdón y libertad.

​En tercer lugar, debemos caminar en fe y acción. A la Tierra Prometida no se entra mirando desde lejos; hay que dar el paso de fe, tal como los sacerdotes tuvieron que meter los pies en el río Jordán para que las aguas se dividieran en Josué 3:15-16.

​Finalmente, debemos mantener la mirada fija en Cristo, recordando segun Zacarías 4:6 que nuestra victoria no depende de nuestras fuerzas humanas ni de nuestro ejército, sino del Espíritu de Dios.

Las promesas de paz, salud mental, gozo y plenitud están disponibles hoy para todo aquel que decide despojarse del lastre interno y creerle a Dios.

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