Coach Giss Ojeda
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09/05/2026
JAJAA tal cual 🥴🤢
😂
09/05/2026
Está escrito en las leyes del Gimnasio 😂📃
21/04/2026
A los 53 años fui por primera vez en mi vida al gimnasio. El entrenador me dijo una frase que me hizo llorar toda la noche. Y por la mañana volví otra vez…
A los 53 años fui al gimnasio por primera vez en mi vida.
No porque quisiera. Sino porque el médico me dijo que tenía que hacerlo. La presión, la espalda, el sobrepeso. Lo dijo con total naturalidad, como quien habla de pastillas o de una dieta. Y yo salí de la consulta pensando: bueno, ya he llegado a esto.
Me apunté a una clase de prueba. Durante todo el camino me estuve convenciendo de no darme la vuelta.
En el gimnasio había muchos espejos. Fue lo primero que noté. Espejos por todas partes, y yo en todos ellos. Con unas zapatillas viejas, con unos pantalones que había comprado cuando aún era más joven, con la cara de alguien que había llegado a un lugar al que no pertenecía.
El entrenador resultó ser joven. Unos treinta años, no más. Enseguida decidí que me iba a mirar con ese aburrimiento educado con el que se mira a la gente que ha llegado demasiado tarde.
Me pidió que le hablara de mí. Le dije: 53 años, nunca he hecho ejercicio, me duele la espalda, el médico me lo mandó.
Asintió. Me enseñó algunos ejercicios sencillos. Observó cómo los hacía. Me corrigió.
Y luego dijo:
— ¿Sabe cuánta gente de su edad quiere venir y no viene? Se lo plantean durante años. Esperan el momento adecuado. Pero usted ha venido. Y eso, en realidad, es muchísimo.
Y eso fue todo. Una frase simple. Nada extraordinario.
Asentí, dije «gracias» y llegué hasta el vestuario.
Allí me senté en un banco y me eché a llorar.
No podía parar durante unos diez minutos. Estuve sentada llorando, en silencio, para que nadie me oyera, y ni yo misma entendía por qué.
Después lo entendí.
No lloraba porque me sintiera herida o porque me doliera. Lloraba porque de repente vi cuántos años me había ido posponiendo a mí misma. No estaba posponiendo el gimnasio. Me estaba posponiendo a mí.
Siempre había algo más importante. Los hijos, el trabajo, la casa, los asuntos de los demás, las necesidades de los demás. Yo siempre estaba en algún rincón, al final de mi propia lista. No porque alguien me hubiera empujado hasta allí. Simplemente ocurría así, sola, poco a poco, sin que se notara.
Y de pronto está delante de mí un chico joven diciéndome: ha hecho muy bien en venir. Y algo dentro de mí se rompió. Porque de repente entendí que era la primera vez en muchísimo tiempo que alguien me decía algo bueno precisamente sobre mí. No sobre lo que había hecho por otros. Sobre lo que había hecho por mí.
Esa noche me quedé mucho rato sentada en la cocina.
Pensaba en todos esos «después» que se habían ido acumulando con los años. Me apuntaré después. Empezaré después. Me ocuparé de mí después, cuando los niños crezcan, cuando el trabajo esté más tranquilo, cuando tenga tiempo, cuando tenga dinero, cuando, cuando, cuando.
Y después... aquí está. 53 años. La espalda duele. El médico dice que hay que hacerlo.
A la mañana siguiente me levanté y volví a ir al gimnasio.
No porque me lo hubiera mandado el médico. Sino porque, por primera vez en muchos años, me dieron ganas de hacer algo por mí. Solo por mí. Sin motivo, sin que le sirviera a nadie más.
Eso fue hace tres años.
Sigo yendo. Tres veces por semana. La espalda casi no me duele. La presión se ha normalizado. Pero eso no es lo principal.
Lo principal es que por fin dejé de ser la última en mi propia lista.
Y todo empezó con una frase sencilla de un desconocido que simplemente dijo la verdad: que yo hubiera venido ya era muchísimo.
A veces eso es justo lo que nos falta. No un consejo. No un plan. Simplemente alguien que diga: has hecho muy bien en venir. Pase lo que pase, haya pasado lo que haya pasado antes.
Y tú, ¿hay algo que llevas mucho tiempo dejando «para después»? ¿Y qué te impide empezar ahora mismo?
14/04/2026
🏋🏼♀️😎🫶🏻🤠
13/04/2026
No se diga más🤭
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