28/10/2025
Hoy se cumple un año desde que te fuiste, y todavía me cuesta creerlo. No hay un solo día en que no piense en ti, en nuestras horas de entrenamiento, en las risas, en los viajes a las peleas, solo tú y yo contra el mundo.
Fuiste más que un alumno, Daniel. Fuiste como un hijo para mí. Te vi crecer, caer, levantarte, y convertirte en el gran deportista y la gran persona que siempre supe que serías. Tenías esa energía única —alegre, intensa, imparable— que llenaba todo lugar al que llegabas.
Extraño esas madrugadas de entrenamiento, las charlas antes de las peleas, tus bromas, tus ganas de siempre dar más. Entrenarte fue uno de los mayores regalos que me dio la vida, pero tenerte cerca como amigo fue aún más grande.
Hoy no te lloro solo con tristeza, sino también con orgullo. Porque todo lo que fuiste sigue vivo en mí, en los que te conocimos, y en cada golpe, cada risa y cada recuerdo que dejaste.
Dondequiera que estés, hijo, espero que sigas peleando con la misma fuerza y alegría que siempre te definieron.
Aquí seguimos, con el corazón lleno de gratitud por haberte tenido en mi camino.
Te extraño, Daniel. Siempre vas a estar conmigo. 🕊️
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