Casa Malinalli Tepoztlán

Casa Malinalli Tepoztlán

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Espacio Cultural, Holístico y de Bienestar

Photos from Casa Malinalli Tepoztlán 's post 01/07/2024

Casita en el pueblito mágico de Tepoztlán

A dos cuadras de la av principal (centro/zócalo)
Wifi
Agua caliente
Habitación con cama king
Opción a colchón inflable extra.
Cafetera
Tv
Bocina
Estamiemiento techado
Utensilios cocina
Refri
Parrillita

Pet friendly


2 personas $650 x noche
3 personas $750 x noche
4 personas $850 x noche

por semana 7 noches ($3500) ,
quince días ($6500)
mes ($8500)

MÁS INFORMACIÓN WHATSSAP ‪‬

06/03/2024

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02/03/2024

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29/02/2024
19/02/2024

La Leyenda de Tepoztlán

Si bien no se sabe con certeza quienes fueron los primeros pobladores, se cuenta que un grupo de Tlahuicas atravesó las montañas del Valle de México hasta llegar al espacio sagrado que hoy conocemos como Tepoztlán.

El líder del grupo tenía una bella hija que solía bañarse en el Rio Axitla, cerca de las pozas de Atongo, en el corazon del Valle. Si bien tenía una guardiana, la leyenda cuenta que el dios del viento, disfrazado como una bella ave, la visitaba diariamente para deleitar su baño con bellos cantares y que un día dejó caer unas plumas que la doncella ató a sus cabellos quedando en cinta.

Otros cuentan que saliendo de bañarse, caminando por los cerros le "dio un aire" y así el dios del viento la impregno con su esencia.

Lo que sabemos es que quedó embarazada lo que no gustó en lo más mínimo a su padre que se propuso terminar con la vida del príncipe "hijo del viento".

Durante el momento adecuado hurtó al bebe de su cuna y puso su cuerpo en el agujero de un hormiguero gigante esperando que las hormigas los picaran hasta llevarlo a una dolorosa muerte pero lejos de picarlo, lo alimentaron con migajas y llevaron de vuelta a su hogar.

Al verlo de vuelta en su cuna, su abuelo, lleno de ira y sin pensarlo dos veces lo llevó a los más alto de la montaña y lo aventó por un risco esperando que se quebrará contra las rocas del fondo pero su padre, el dios del viento, lo llevo volando de vuelta a su casa y lo tendió con delicadeza sobre sus aposentos para que una vez más lo encontrara ahí al volver el viejo abuelo iracundo.

En un acto de desesperación final tomó la cuna y la aventó al rio esperando que se hundiera, ahogara y fuera devorado por sus creaturas, pero el en vez de esto flotó río abajo hasta llegar a lo que ahora se conoce como San Juan Tlacotenco dónde fue recogido por una pareja de ancianos que habían ansiado toda su vida ser padres sin tener éxito y que lo criaron como su propio hijo, poniéndole por nombre "Tepoztécatl", el futuro patrono de Tepoztlán.

Cerca de su hogar vivía una creatura legedaria, la gran serpiente Xochicalco. Que a cambio de no atacar el pueblo y a sus habitantes recibía como ofrenda a los más ancianos para devorarlos. Así un día los líderes locales eligieron al padre adoptivo de Tepoztecatl, había llegado su turno para fungir como sacrificio a la serpiente, pero Tepoztecatl habló con los líderes y los persuadió para que lo dejaran ir a él como voluntario -Tu irás este mes y tu padre el que sigue, es inevitable- murmuraron mientras el se marchaba en camino a la madriguera de Xochicalco.

Mientras corría rumbo a la serpiente un soplido del viento desbalanceó su cuerpo empujándolo sobre una pila de rocas de obsidianas que rasgaron su piel y se atoraron entre sus cabellos. Tepoztecatl se levantó y continuó camino a Xochicalco.

Al oler la sangre y ver las rasgaduras de obsidiana en todo el cuerpode Tepoztecatl, Xochicalcó pensó que su sacrificio estaba siendo atacado por otro ser que también buscaba devorarlo y sin pensarlo se abalanzo para degustar de un bocado a Tepoztecatl.

Mientras se deslizaba por el interior de la serpiente empezó a notar como las obsidianas en sus cabellos hacían que la serpiente se contorsionara de dolor y analizando esto tuvo la idea de desenredar una de las obsidianas de sus cabellos y así la encajó en los adentro de Xochicalco, abriendo su vientre y saliendo en una sola pieza de el.

Tepoztecatl y Xochimilco

Cuenta la leyenda que durante la festividad en honor a su victoria se le negó tocar los instrumentos por lo que Tepoztecatl convocó una tormenta de arenas rojas para cegar a todos mientras el hurtaba los instrumentos y salía del pueblo. Cuentan que los pueblerinos lo persiguieron más el orinó con fuerza y abrió los valles creando la garganta que hoy es Cuernavaca y la atravesó para llegar a lo que hoy es Tepoztlán. Subió a lo más alto de los y se posó sobre el Ehecatépetl. Para que no pudiera bajar, los pueblerinos intentaron cortar los caminos y así formaron lo que hoy conocemos como "Los Corredores del Aire".

Al final se le honró por su regreso a su pueblo natal y se le nombró representante del dios Ometochtli.

Si bien la leyenda tiene distinta versiones, otros dicen que su padre fue el mismo Quetzalcoatl, la Serpiente Emplumada, que a través de la pluma de una bella ave, impregno con su hijo a la doncella Tlahuica. Hijo al que protegió desde el reino espiritual en todo momento. Siendo el quien lo empujase sobre las obsidianas con las que mató a Xochicalco.

18/02/2024

"El imponente Tlacatepetl entre neblina"

Créditos:
Carlo Moflete.

Los cerros escarpados de Tepoztlán y su aura mística no solo atraen a viajeros en busca de contacto con la naturaleza; también son objeto de distintas especulaciones y leyendas que forman parte de los vastos relatos que convergen en este lugar.
Catástrofes apocalípticas, profecías, civilizaciones antiguas y tesoros escondidos son algunas de las historias de las que los cerros de Tepoztlán son protagonistas. Hoy queremos contarte la teoría del investigador esotérico peruano Daniel Ruzo de los Heros, que reúne todos estos misteriosos ingredientes para fascinar a las mentes más inquietas en su obra del Valle sagrado de Tepoztlán.

Los Templos Atlantes de México

Daniel Ruzo afirma que las montañas que rodean a Tepoztlán no son producto de la naturaleza, la erosión y el tiempo, sino vestigios de templos tallados después del Diluvio por una antigua civilización.
Los supuestos autores de este legado escultórico son los masma, una cultura formada por exiliados de la Atlántida, quienes también dejaron huellas similares en Marcahuasi, Perú, además de lugares tan diversos y distantes como Tiahuanaco en Bolivia, los Cárpatos en Rumania, Río de Janeiro en Brasil y Stonehenge, en Inglaterra.
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Imagen: Revista Ponchito
Los nombres de las montañas esconden pistas sobre el significado de las esculturas, la identidad de los principales personajes de la leyenda y un secreto sobrecogedor acerca del futuro de la humanidad.
Claves para resolver el misterio

Según esta teoría, el Tlacatepetl (Cerro del hombre), es en realidad una efigie que representa a Tepoztécatl, el héroe legendario fundador de Tepoztlán. Si se mira con atención, el cerro tiene la forma de un hombre de hombros imponentes y rostro adusto, cubierto por un manto intrincado donde se aprecian otros rostros de forma humana.
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Pero es en las cuencas de los ojos donde el refinado trabajo de los escultores masma esconde el mayor misterio: debido al efecto de las sombras provocadas por la variación de la luz solar a lo largo del día y en distintas estaciones, los ojos de la supuesta efigie de Tepoztécatl se mueven de izquierda a derecha. Siguiendo su mirada es posible develar el enigma escondido en uno de los cerros vecinos.
¿Hacia dónde mira el Tepozteco?

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Imagen: Valle Sagrado de Tepoztlán, Ruzo
De acuerdo con la tradición, al interior del Chalchitépetl (Cerro del tesoro o de las joyas) se pueden encontrar toda clase de riquezas, accesibles solamente para los afortunados que encuentren el portal que se abre en sus laderas en determinadas fechas.
Éste se ubica justo enfrente de la cordillera principal, específicamente del Tlacatépetl y no por casualidad. Su cima abombada revela la cabeza derruida de un gigante cuyos poderosos brazos aprisionan a Can Cerbero, el temible perro de tres cabezas que resguarda el inframundo, de acuerdo con la mitología griega. Pero, a diferencia de la creencia popular, el tesoro que esconde el Chalchitépetl no tiene que ver con joyas ni oro, sino con algo mucho más importante: la supervivencia misma de “la sangre humana”.

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