09/07/2026
La mentalidad también juega.
Y muchas veces es lo que termina separando a los futbolistas en los momentos importantes.
La comparación entre James Rodríguez y alrededor de una misma actividad deja una lectura interesante: la bicicleta después de entrenar.
James recordó cómo Niko Kovač les pedía a sus jugadores hacer 30 minutos de tras la práctica y su respuesta fue tajante:
“No, no lo voy a hacer. ¿Qué voy, al Tour de Francia o qué? Yo soy jugador de fútbol”.
Del otro lado aparece Haaland.
Cuestionado sobre esa misma actividad, el noruego no solo la aceptó: la estaba haciendo mientras respondía.
“¿Quiero hacer esto? No, no quiero. ¿Lo haré? Sí. ¿Lo estoy haciendo? Sí. Porque… ¿por qué no? Es bueno para mi cuerpo. Es bueno para mi mente”.
Dos frases.
Dos maneras de entender el trabajo.
Una desde la resistencia a hacer algo que no se siente propio del futbolista.
La otra desde la disciplina de hacer incluso lo que no quieres, porque entiendes que puede ayudarte.
No se trata de negar el talento de James ni de reducir carreras a una sola respuesta.
Pero sí de entender algo: en la élite, el talento no siempre alcanza.
La diferencia muchas veces está en lo que haces cuando nadie te obliga.
En lo que aceptas cuando no tienes ganas.
En la rutina que parece pequeña, pero que termina construyendo rendimiento.
Ahí también se gana.
Ahí también se compite.
Ahí también se forma la mentalidad.
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