19/08/2017
En la competencia del día "International panamerica karate championship"
Dojo William Artes Marciales Karate - Do escuela dedicada al entrenamiento del karate tradicional japonés estilo Shotokan. Twitter @DojoWAMK
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19/08/2017
En la competencia del día "International panamerica karate championship"
18/05/2017
Proverbio Japonés
03/05/2017
Mi Camino
A mis 7 años, mi madre nos llevó, a mí y a mi hermana, a un establecimiento recreativo llamado “Yaneira Sosa”, donde el actual Shihan, William Pérez, se encontraba empezando una de sus clases, creo que esa fue la primera vez que vi una clase de Karate-Do, recuerdo a mi madre decirnos: “Entren, que van a llegar tarde”; mi hermana y yo decidimos quedarnos a jugar en el parque cercano a donde practicaban.
Años despues, a mis 12 años, mi madre nos recomienda de nuevo a ambos, practicar Karate-Do, esta vez si estábamos decididos a entrar a la clase. Aún recuerdo el primer día, el maestro nos presentó a los demás estudiantes y comenzamos a entrenar, ese día, hicimos Kumite, o combate, luchó mi hermana antes que yo, despues el maestro dijo mi nombre, me levanté, corrí a mi posición, vi que mi oponente era 5to Kyu, o cinturón Morado, y el maestro empezó a decir las palabras, en japonés, para iniciar el combate, recuerdo que por mi mente pasó un: “¿¡Qué!?”, al empezar el combate, el maestro me hace indicaciones y me dice donde debo poner mis manos y como debía moverme, atacar y defender. Gané mi primer combate, contra un estudiante que era 5 cinturones más avanzado que yo, el siguiente combate fue contra un compañero que también tenía el grado de 5to Kyu, despues de unos cuantos golpes, gané de nuevo, me sentía espectacular, hasta que el maestro dijo un nombre que sí me asustó, nombró a luchar al que, en aquel tiempo, era cinturón negro “Shodan Ho”, Alejandro Machado, al verlo levantarse, la sensación genial que tenía por haber ganado dos combates seguidos se esfumó instantáneamente, el maestro dijo “Preparados” y empezó el combate, solté dos o tres golpes, pero él marcó el primer punto, la disputa para ganar el segundo fue para él y en la parte final del combate, pude observar claramente, como Alejandro posaba un pie delante del otro, para ejecutar lo que se conoce como una Yoko Geri Keage (Patada Lateral Penetrante), golpeando con su pie orientado horizontalmente, justo en el centro de mi estómago, empujándome hacia atrás lo suficiente para golpear mi espalda contra la pared, en ese momento, el maestro detuvo el combate mientras yo luchaba contra la falta de aire, el Shihan William me dijo que no me preocupase, eran cosas que pasaban en la práctica del Karate, por mi mente pasó: “Quiero aprender a hacer eso”, el primer día de mi practica me gusto, pero por haber ganado dos combates y ver cómo me ganaban otro haciendo algo que se vio espectacular, me planteé como objetivo entrenar lo suficiente como para lograr hacerle un punto a Alejandro. Cuando le encargaban a él dar los calentamientos, nunca podía terminar de hacer una serie de ejercicios, eran exhaustivos, pero, al menos, trataba de hacerlos mientras aguantaran mis músculos
Pasó el tiempo y llegué a cinturón verde, ya era un estudiante avanzado y el maestro ya me encargaba a mí los calentamientos, a estas alturas, Alejandro ya había fundado su dojo, me enseñaron Kobudo (Lucha con Armas de Okinawa) un vocabulario más diverso y muchas técnicas de mano y de pie que no conocía, además del Kata correspondiente, estaba muy satisfecho con mi practica del Karate, pero no lo veía como algo más que un arte marcial. En esta etapa, a veces, hasta me fastidiaba tener que ir a practicar, hasta que llegué a 5to Kyu, cinturón morado, y una de mis compañeras ascendió a 3er Kyu, cinturón marrón, recuerdo que, en el evento de ascenso de grado, el maestro dijo a todos los que subieron hasta el 3er Kyu: “Muchachos, aquí es donde su práctica se pone buena… para mí”, en aquel momento no lo entendí, pero despues, en sus prácticas, pude admirar que todos los maltratos, gritos y regaños que yo recibía, era un camino de rosas comparado con el trato hacia los marrones. Durante esa etapa, el maestro William nos dijo que, de 10 cinturones marrones, solo uno asciende a cinturón negro. Todos, excepto uno, de mis compañeros cinturones marrón, eran familiares, pero con el tiempo fueron dejando la práctica, dejando solo un cinturón marrón, Mariana Ramírez, quien, recuerdo con gracia, me decía “Contrólate” con un tono de advertencia, cuando hacíamos combates o endurecimiento, estando en cinturón morado y viendo los Kata avanzados que el maestro William le enseñaba, me entusiasmé, volví a querer practicar con fervor el Karate-Do, de Mariana aprendí algo importante, recuerdo cuando ejecutaba el Kata “Enpi” (“Vuelo de Golondrina”), se le hacía difícil el salto del mismo, recuerdo varias clases donde el maestro William le decía que debía practicar ese salto, saltar más alto, recuerdo como se esforzaba, recuerdo las caras de molestia consigo misma y la angustia que le ocasionaba no poder lograr lo que el maestro le decía, pero siempre seguía intentando, se molestaba, pero volvía a intentarlo, se angustiaba, pero lo hacía una vez más, hasta que un día, en un examen de ascenso, en la parte de evaluación del Kata, le toca a ella, el maestro William nombra el Kata Enpi y ella empieza su ejecución, cada vez faltaba menos para la parte crucial, estoy seguro que todos sus compañeros estábamos esperando el salto, hasta que llegó, tomando impulso con la inercia de su pierna derecha, se elevó y giro, con una altura que yo nunca la había visto alcanzar y, firmemente, aterrizó e hizo el último movimiento del Kata, saludó y se retiró. Al verla recibir el cinturón negro que definitivamente se había ganado, aprendí que no podemos rendirnos, que debemos seguir y ser pacientes, porque nuestra recompensa llegará en cualquier momento.
En el 2015, recibimos la noticia de nuestro maestro, de que iba a viajar al exterior, por lo tanto, el siguiente sería el último examen que presentaríamos a su cargo, en el examen de ascenso, mi hermana y yo organizamos un Kihon Kumibo (Combate predeterminado con Bo, Bastón largo), los nervios que sentía eran increíbles, puesto que íbamos a presentarlo frente a un público pequeño, pudimos terminarlo y todo salió excelente, recibimos aplausos y una pequeña ovación, despues nuestros compañeros y maestro nos dijeron que les había gustado, “Excelente”, pensaba yo, todo ese ensayo valió la pena. Fui llamado a recibir mi nuevo cinturón azul oscuro (4to Kyu), al hacerlo y amarrarlo alrededor de mi cintura, le doy la mano y, posteriormente, un abrazo fuerte, a mi maestro, el Shihan William, puesto que no sabía cuándo volvería a practicar con él, cuando procedo a buscar mi diploma y mi anterior cinturón de la mano del Sensei Alejandro, este me abraza y, con un tono de orgullo y emoción en su voz, me dice: “Yo te ayudaré con la marrón”, eso me llenó de fuerza de voluntad para seguir practicando en su dojo, el Meiyokai, este queda lejos de mi hogar.
Mi primera clase con el sensei Alejandro fue buena, exhaustiva, como siempre había sido en la escuela del maestro William, pero conservaba el estilo tradicional que quería mantener intacto. La primera clase de combate, me tocó luchar contra él, puesto que era mi maestro ahora, recordé el objetivo que me planteé hace mucho, lograr marcarle un punto, pensaba que estaba preparado, pero perdí sin siquiera tocarlo, cosa que me hizo darme cuenta del largo camino que aún me quedaba por recorrer, seguir practicando hasta lograrlo y luego plantearme uno mayor, en una de sus clases, logré, por fin, marcar, estaba contento, hasta que perdí de nuevo, pero lo había conseguido, le marqué, mi nuevo objetivo ahora, era ganarle un combate.
En otra de sus clases de Kumite, llamó a luchar a uno de mis compañeros, llamado Juan, quien optaba siempre por usar una guardia baja, como incentivo para que dejara de hacerlo, el sensei Alejandro posaba su mano justo delante de su cara, cosa que lo hacía ponerse incomodo, cuando trataba de atacar, estampaba su cara contra la mano del sensei, despues de haberlo hecho un par de veces más, todos pudimos ver como la actitud de guerrero y de artista marcial de Juan, se iba, de repente, empezó a atacar sin tener noción de lo que hacía, se veía como si fuera una persona totalmente distinta, frenético y furioso, pero, para detenerlo, el sensei Alejandro lo desequilibra y lo derriba de espaldas al suelo, lo toma de los brazos y le dice que se detenga, que se tranquilice, Juan, hecho una fiera, empieza a respirar con más calma, hasta que logra volver a tener la mente serena de un artista marcial. De esta experiencia logré aprender lo importante que es el autocontrol en las artes marciales, si no sabemos calmar nuestros instintos, nos convertiremos en una fiera que suelta golpes sin siquiera saber hacia dónde.
En esta etapa, recibimos la noticia de que el Shihan William venía de visita, recuerdo estar en una de las clases del sensei Alejandro y ver una figura bastante familiar acercándose hacia el dojo, al acercarse lo suficiente, logramos ver que era el Shihan William, repentinamente, Alejandro grita: “¡Yoi!” y dice “Shihan ni Rei”, ese me pareció un momento digno del recuerdo. Un día nos dicen que hay un entrenamiento especial, llega el día y el Shihan nos encarga dirigir el entrenamiento del Kata, al terminar, hacemos la formación veo como tienden una alfombra en el césped del parque en el que estábamos, despues veo que sacan dos cinturones marrones y pensé, esperanzado: “Espero que digan mi nombre”, y así fue, caminé hacia donde estaba mi maestro y recibí mi nuevo cinturón marrón, estaba feliz con mi practica y hasta donde esta me había llegado, pero sabía que todavía faltaba mucho, faltaba la parte más difícil del camino.
Más adelante, recibimos la noticia de que el sensei Alejandro también debe irse, se pauta un cambio de cinta para antes, donde mi hermana y yo recibimos el 2do Kyu y el sensei Samuel Machado, hermano del sensei Alejandro, recibe el 1er Dan, las lágrimas y el abrazo de orgullo del Sensei Alejandro lograron conmovernos.
Habiéndose ido el sensei Alejandro, pasamos a ser estudiantes del sensei Samuel, su hermano, quien, actualmente, nos sigue guiando.
Quien nos encarga las enseñanzas a nuestros compañeros de menor rango, por fin les toca a ellos ascender de grado, llegado el día, pude admirar lo reconfortante y excelente que se siente ver como una persona a la que enseñaste se gana un nuevo grado, al final del evento, soy llamado al frente, el sensei Samuel me otorga el título de Senpai, o alumno más avanzado del dojo. Actualmente, me encuentro estudiando el Karate-Do de la mano del maestro Samuel Machado, con el cual me he dado cuenta de que aún me falta mucho que aprender, por muy cerca que esté del cinturón negro, como nos dijo repetidas veces el Shihan William: “Llegar al Cinturón Negro es solo el inicio del camino.”.
Con la experiencia del Karate-Do en mi vida, he aprendido a perseverar y a ser una persona con una mente serena, he sabido cómo resolver situaciones y he mejorado mi estado físico gracias a recorrer este sendero.
Algún día espero poder ver a mis estudiantes enseñar a sus estudiantes.
Carlos Espinoza
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