24/03/2024
¿Marinera robotizada? Cuerpos en acción y poshistoria
Hace muchos años y de manera reiterada escuchamos respecto a las parejas actuales de Marinera dos frases que, por su potencia, actúan como “normalizadoras” de las narrativas clásicas, aunque felizmente las parejas poco o ningún caso les hacen y, felizmente también, tienen mucha razón.
1. Las parejas bailan de manera mecánica o robotizadas, solo corren y corren.
2. No transmiten el mensaje “predefinido” de la Marinera y, por tanto, han perdido la esencia del baile.
En el primer caso están haciendo referencia al problema sentimental expresivo y en el segundo al dramático narrativo. Pues bien, nuestros ácidos críticos de la Marinera solo la están evaluando por su forma, por su externalidad o para ser más preciso, por su superficialidad o especificidad primaria como si estos fueran los únicos contenidos que transmite. La Marinera, como la vemos ahora, no está solo para ilustrar historias o narrar con el cuerpo relatos emocionales; nuestras actuales parejas de Marinera, inmersos en un mundo altamente complejo y mundialmente interconectado, recusan las visiones aldeanas de sus críticos y expresan un vocabulario generacionalmente autónomo que no reconoce, en su baile, un fin práctico implícito, sea una historia o un sentimiento, ni concibe al lenguaje artístico como un sistema cerrado en sí mismo; por lo tanto, no están para hacer verosímil una representación ni para hacer evidente un significado preestablecido. Por cierto, es imposible la existencia de cuerpos robotizados porque los cuerpos que bailan son cuerpos sensibles y sus movimientos, explicados desde la mecánica, en verdad son ejecutados por cuerpos vívidos y sentipensantes.
Sí están para expresar una multiplicidad de sentidos, emociones y experiencias, ya que concentran a un conjunto de manifestaciones disímiles, plurales y heterogéneas propias del mundo contemporáneo en el cual estamos inmersos: críticos y criticados.
En los últimos tiempos las parejas no bailan en función a una primacía anatómica o fisiológica del movimiento que sostenga su fin último, sino que las partes del cuerpo alternan las primacías y construyen y reconstruyen, sucesivamente, espacios-tiempos deliberados; articulan y desarticulan el cuerpo respecto de si mismos y del espacio de la danza de maneras diferenciadas y seccionadas, desaparecen los frentes y, desde su fluir de movimientos, crean y recrean espacios. Además, no bailan subordinados a la música, sino que comparten, en simultáneo con ella, una misma organización del tiempo. Esto es sintetizado por Cunningham cuando afirma que: “danzar significa lanzar una energía directamente corpórea que penetra en la realidad de cada gesto y de cada acción. La danza se manifiesta, entonces, como inmersión en la realidad” (Bentivoglio 1985: 47).
Tenemos que apartarnos de las sentencias lógico-racionales, propias de la modernidad clásica de nuestros críticos que conciben al cuerpo como una máquina, para dar lugar a un cuerpo que recupera su conciencia sensible, un cuerpo danzante que restituye lo psíquico y fisiológico a la estructura total del sujeto; y, sobre todo, porque nos induce a percibir a nuestras parejas actuales de Marinera como encarnaciones propias de sus mundos y es eso, precisamente, lo que bailan y de las que nosotros, observadores o espectadores de los concursos, somos sus actores cómplices y silenciosos porque ambos, los que bailan y los que no lo hacemos en pista, lo disfrutamos.
Para mí, lo fundamental es que la Marinera norteña, con sus parejas de baile, tiene la potencialidad para la reinvención constante y la capacidad para participar activamente en el mercado de las culturas del mundo. Bienvenidas todas las nuevas generaciones de danzantes de Marinera.
Bentivoglio, L. (1985). La danza contemporánea, Italia: Manual Longanesi & Milano. Traducciòn mecanografiada de Susana Tambutti.
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