23/09/2026
La crianza de caballos es mucho más que escoger un semental y una yegua. Es un proceso de selección, conocimiento, paciencia, fe, esperanza y también un poco de suerte.
Todo comienza con una buena yegua pie de cría, seleccionada por las características que el criador desea preservar o mejorar. Luego viene uno de los momentos más importantes: estudiar su genética, conformación, mecánica, temperamento y virtudes para seleccionar el semental ideal, buscando un cruce que complemente a la yegua y aumente las posibilidades de producir el ejemplar que imaginamos.
Entonces comienza la espera: aproximadamente 11 meses y medio de gestación, llenos de fe, esperanza e ilusión, hasta finalmente conocer la cría.
Pero el nacimiento es apenas el comienzo.
Siguen alrededor de dos años y medio de crecimiento, observación y cuidados. El montador y el criador alimentan, suplementan, manejan y, sobre todo, observan. Poco a poco comienzan a descubrir la conformación, la mecánica, la finura, el temperamento y aquellas características que empiezan a definir al ejemplar.
Cuando llega el momento de comenzar a montarlo, aparece una nueva etapa. Es entonces cuando muchas de las expectativas del criador comienzan realmente a comprobarse. Se descubre su disposición, su naturalidad, su respuesta al jinete y su verdadero potencial.
Después puede venir un año o más de doma, entrenamiento y preparación para las pistas, siempre respetando el desarrollo físico y mental de cada caballo.
Por eso, cuando vemos un caballo entrar a una pista de competencia, no estamos viendo solamente los minutos que dura una clase.
Estamos viendo años de selección, genética, cuidados, trabajo, paciencia, inversión, sueños y esperanza.
Criar es imaginar un caballo que todavía no existe, seleccionar el cruce para intentar producirlo, esperar años para verlo desarrollarse y finalmente descubrir si aquel sueño del criador se convirtió en realidad.
Eso es criar!