16/10/2026
Cuando entramos a un salón de baile, cada uno llega con su propia razón. Unos vienen a desarrollar su baile. Otros vienen a hacer conexiones y nuevas amistades. Algunos estan pasando por un proceso de salud y le recomendaron distraer la mente. Tal vez alguien solo necesitaba una hora para respirar despues de un día de trabajo.
Creo que nadie llega a un lugar por casualidad. Cada persona viene con su propio camino, con algo que sanar, algo que aprender o algo que soltar. Así que la persona que tienes al lado en la clase no está ahí por accidente. Está viviendo su proceso, igual que tú vives el tuyo.
También creo que el otro es un espejo. Lo que me molesta, lo que me impacienta o lo que admiro en mi compañero(a) enlas clases, muchas veces me está mostrando algo de mí mismo. Por eso, cuando bailamos, no solo aprendemos pasos. Aprendemos a escuchar, a ceder, a guiar sin imponer y a seguir sin perdernos.
Además...
En el baile, como en la vida, no se trata solo de lo que yo recibo, sino de lo que yo aporto. El que baila pensando solo en sí mismo(a), baila solo aunque tenga pareja. Pero cuando compartes tu paciencia, tu energía y tu alegría, el baile cambia. Tu pareja lo siente, el grupo lo siente, y tú también.
Por eso les pido algo sencillo: miremos al compañero con más compasión. Si alguien se equivoca, se pierde o se ríe de sí mismo, acompáñalo. Si alguien va más rápido, aprende de él. Si alguien va más lento, ten paciencia, porque tú también estuviste ahí.
Aquí nadie compite con nadie. Cada uno está trabajando lo suyo.
Llegamos por razones distintas, pero cuando suena la música, todos(as) compartimos el mismo piso y la misma música. Y eso es lo que hace que este espacio sea especial.
Tú puedes bailar. Y juntos, se baila mejor.
— Axel "Asere"