30/10/2018
EL ARBOLADO URBANO.
A diferencia del árbol presente en los bosques o en el ámbito rural, en la ciudad el arbolado cumple estrictamente funciones sociales, no reconociéndosele una función productiva como en los casos de la actividad silvícola o frutícola. Su plantación se realiza para aprovechar el espacio público y aumentar el bienestar de sus habitantes, entre las funciones más reconocidas se destacan: brindar sombra y refrescar el aire circundante, producir oxígeno, regular la humedad del ambiente, disminuir ruidos, atenuar los vientos, retener partículas sólidas (hollín y polvo), y también gérmenes ambientales, embellecer las vías de tránsito y las viviendas, retener el agua de lluvia y así moderar el escurrimiento.
En el medio urbano no suelen encontrarse las condiciones adecuadas para el correcto desarrollo de los árboles. Cada árbol cuenta con una serie de características que lo vuelven apto -o no- para el ajetreo de la ciudad. Si lo que se busca es un buen efecto estético, con bajo costo y escaso mantenimiento existen una serie de factores que no pueden dejar de considerarse:
TIPO DE RAÍZ: Las profundas dañan menos las veredas que las superficiales. Las especies de anclaje horizontal (tilo, olmo, paraíso), se adaptan mejor al funcionamiento y evitan roturas. Se deben evitar las especies ávidas de humedad edáficas quienes buscarán los desagües, (por ejemplo los sauces).
FOLLAJE: Conviene elegir árboles de hojas caducas y pequeñas o medianas puesto que obstruyen menos los desagües y permiten un fácil barrido y recolección.
FLORACION: Son preferibles las explosivas, aunque sean momentáneas (jacarandáes, lapachos), pero que no ocasionen problemas por su tamaño y cantidad, como el palo borracho, cuyas flores son resbalosas.
FRUTOS: Sucede lo mismo que lo anterior, pueden embellecer el entorno u ocasionar trastornos por su tamaño, textura, forma, aroma, etc. como sucede con los naranjos, gingkos hembra, o araucarias. Serán preferibles, frutos secos, no muy grandes.
TAMAÑO: Si tenemos en cuenta el tamaño que alcanzará en la edad adulta el árbol, la elección de cada especie estará determinada en gran medida por el ancho de la calle, de la vereda, la altura y el retiro de los frentes de edificación. Existen diferentes tamaños. Los de primera magnitud (de 20 m o más) se utilizan en avenidas y paseos; los de segunda magnitud (15 m) son usados en calles y veredas amplias y los de tercera (10 m), calles y veredas estrechas.
FORMA: Se piensa principalmente en la copa y el tronco. Aquella será amplia y alta, en tanto que éste se mostrará recto y libre de espinas y ramificaciones basales.
RUSTICIDAD: Siempre se adaptan mejor los árboles que resistan enfermedades, lastimaduras y contaminaciones (gases y escapes de motor, aguas con productos químicos, lavados de veredas, restos de aceite, polvo atmosférico).
LONGEVIDAD: Es importante ya que el costo de la plantación y el cuidado del árbol hasta que es suficientemente fuerte (3 años) es elevado y más aún si se considera el número de ejemplares de una ciudad. Los árboles de crecimiento rápido no suelen vivir muchos años. Por ejemplo sauce, álamo, etc.
Lo mencionado va a condicionar la adaptación futura de los árboles a su entorno, su desarrollo y su sanidad.
En cuanto a la poda del arbolado urbano, éste tiene como objetivo adecuar y mantener la forma natural del árbol a su entorno morfológico.
Con la poda se logra:
• restablecer el equilibrio entre el sistema radical y la parte aérea de la planta al momento de su implantación,
• adecuar la copa al tránsito vehicular y peatonal, al cableado aéreo, iluminación de calles, mantenimiento de la forma y sanidad del árbol.