11/09/2026
El 11 de septiembre de 2005 no es una fecha cualquiera en el calendario verde-amarillo; es el día en que la historia del fútbol Lambareño se rindió ante la justicia poética y el destino decidió saldar una deuda de 90 largos años. Durante nueve décadas enteras, el grito sagrado de ¡campeón! fue una palabra prohibida, un anhelo que se masticaba con rabia, ansiedad, nerviosismo en las gradas, una cruz pesada que cargaron los abuelos, los padres y que nosotros heredamos como un acto de fe inquebrantable.
¿Cómo explicarle a uno neutral lo que se siente querer algo con el alma entera durante tanto tiempo? Nos decían sufridos, nos miraban con condescendencia, pero no sabían nada de este sentimiento. Porque esta hinchada, la más fiel, la que llena cada rincón de Lambaré con el pecho inflado de orgullo, jamás bajó los brazos. Soportamos los comentarios de propios y ajenos... Mbaepico la nde club, los años de sequía, las finales esquivas y los domingos de desazón, siempre volviendo al estadio con la misma ilusión intacta de un niño.
Y ese día, el cielo se abrió para dejarnos tocar el cielo con las manos. Cuando sonó el pitazo final, el tiempo pareció detenerse. Las gargantas rotas de gritar, los abrazos interminables con desconocidos que eran hermanos de colores, las lágrimas calientes rodando por las mejillas arrugadas de los más viejos que finalmente podían descansar ese grito. No era una estrella más pintada en un escudo; era la consagración de la resistencia, el abrazo eterno a todos los que se fueron sin ver este milagro y que seguro lo empujaron desde arriba.
Todavía hoy, al cerrar los ojos y dejar volar la memoria, se vuelve a erizar la piel. Se siente el olor a pasto, el eco de... Ita YBATE Ita YBATE, el n**o en la garganta y la certeza absoluta de que valió la pena sufrir tanto. Porque la gloria sabe el doble cuando te negaron el derecho a soñar durante noventa años. Salud, campeón eterno de nuestra vida.