01/10/2026
Todos creen que sus errores se quedan con ellos. El samurái sabía que tarde o temprano la cuenta le llega al hijo.
Los japoneses lo llaman inga (因果): toda causa da su fruto. Lo que haces hoy lo cosecha alguien después, y muchas veces no eres tú.
No es castigo. Es herencia.
El hijo de un samurái recibía el casco de su padre, y con él venía el apellido. Si el padre había sido cobarde, el niño cargaba esa vergüenza antes de su primer combate.
Su ventaja nunca fue la espada: fue pensar en el que venía detrás.
Nada de esto cambió. El grito que das en la casa tu hijo lo repite en la escuela. Tu forma de gastar la aprende mirándote. El miedo que no enfrentaste se lo pasas sin decir nada. Y si tu papá nunca te dijo que estaba orgulloso de ti, fíjate si ya se lo dijiste al tuyo.
Lo que tu padre no arregló te tocó a ti.
Lo que tú no arregles le toca a tu hijo. 👹🐉