03/07/2026
El factor “Del Toro” en la ecuación del Tour de Francia
Se ha especulado muchísimo sobre el papel que desempeñará Isaac del Toro en este Tour de Francia. Muchos comentaristas afirman que ya debería aspirar a ganar el Tour o, incluso, que tendría que salir del UAE Team Emirates para seguir creciendo, argumentando que permanecer al lado del mejor ciclista del mundo terminará frenando su evolución y manteniéndolo siempre a la sombra de Tadej Pogačar.
Hay parte de verdad en esas afirmaciones, pero no alcanzan a explicar lo que realmente sucede entre estas dos figuras del ciclismo mundial dentro del mejor equipo del planeta.
Para empezar, Isaac está donde está no solo por su enorme capacidad física y mental. Hay algo más. Tuve la oportunidad de platicar un rato con él cuando estuvo aquí y confirmé algo que seguramente muchos ya han notado: es un joven de una humildad extraordinaria.
Nunca lo escuchas hablar mal de alguien, aunque lo critiquen o intenten desacreditarlo. Ni siquiera respondió con soberbia a las declaraciones de Richard Carapaz sobre que “perdió el Giro”; fácilmente habría podido decir: “Yo no gané, pero terminé segundo y tú no”. Nunca lo hizo. Lo mismo ocurrió con toda la polémica alrededor de Juan Ayuso.
Cuando Isaac responde a una pregunta, es directo y contundente. Si percibe una intención de provocar una reacción emocional o una respuesta con doble sentido, simplemente sonríe, guarda silencio o cambia el tema. A su corta edad ha desarrollado un carácter y un autocontrol muy por encima del promedio.
¿Y por qué menciono todo esto? Porque no es un simple elogio; explica gran parte de lo que sucede dentro del UAE.
Isaac es, probablemente, la pareja perfecta para Tadej Pogačar.
No solo porque sus temperamentos son opuestos, sino porque precisamente por eso se complementan.
Isaac es serio, analítico, observador y reservado; habla únicamente cuando considera que tiene algo importante que decir. Incluso transmite cierta cautela o pesimismo en algunos momentos.
Tadej, por el contrario, es espontáneo, optimista, bromista, sonriente y extremadamente sociable.
Lejos de chocar, esas dos personalidades encajan de manera natural y terminan construyendo una amistad muy sólida.
Tengo la impresión de que Tadej no ve a Isaac como un rival que algún día quiera arrebatarle el trono; lo ve como un compañero de absoluta confianza, alguien capaz de tomar el relevo cuando llegue el momento, pero sin arrogancia ni obsesión por demostrar que es superior.
El caso de Juan Ayuso fue distinto. Durante mucho tiempo, desde España se repetía constantemente que “la jerarquía de Juan era ganar el Tour” y que debía pensar primero en sí mismo. Finalmente tomó ese camino y comenzaron a verse acciones individuales que terminaron afectando al equipo, como sucedió durante la Vuelta a España, cuando João Almeida quedó aislado frente a Jonas Vingegaard.
Isaac representa exactamente lo contrario.
Y aun así, nunca existió enemistad entre ambos. Del Toro siempre habló con respeto de Ayuso y continuó elogiándolo incluso cuando su salida del equipo ya era evidente.
El Torito y Pogačar han entrenado juntos durante este año. Han pasado incontables horas pedaleando, conversando y compartiendo experiencias que jamás conoceremos.
El lenguaje corporal de Isaac hacia Tadej refleja respeto, amistad y humildad. Una y otra vez ha repetido que está ahí para ayudar a Pogačar a ganar el Tour. Lo llama “el jefe” y ha rechazado de forma categórica las preguntas que buscan colocarlo como candidato principal al título, aunque todos sabemos que posee un talento extraordinario.
Por su parte, el lenguaje de Tadej hacia Isaac transmite una enorme confianza. No solo respeta sus cualidades como ciclista; parece admirar precisamente aquello que él no tiene en la misma medida: esa serenidad, esa humildad y esa disposición a ponerse al servicio del equipo aun sabiendo que podría luchar por victorias importantes.
Esas dos personalidades suelen atraer una amistad muy genuina.
Tadej sabe que Isaac jamás lo traicionaría y que sería capaz de protegerlo hasta el último metro de carrera.
Quizá por eso Pogačar bromea constantemente con él y, al mismo tiempo, insiste delante de las cámaras en decir que Isaac tiene nivel para ganar el Tour en el futuro, aun cuando eso incomoda un poco al mexicano. Se ríen juntos, conviven constantemente y esa relación no solo existe frente a las cámaras, sino también fuera de ellas.
Los gestos hablan.
En la Strade Bianche, después de cruzar la meta, Tadej regresó caminando para abrazar personalmente a Isaac. En la Milán-San Remo ocurrió algo similar: mientras todos rodeaban al ganador, Pogačar caminó hacia atrás esperando a Del Toro, quien había realizado el lanzamiento definitivo que permitió romper al grupo antes del ataque ganador.
Podría mencionar muchos más ejemplos, porque son demasiados.
Además, esta percepción no nace únicamente de los aficionados. El exciclista y comentarista Alberto Contador ha destacado públicamente que Isaac posee un talento excepcional y que aprender junto a Pogačar puede acelerar enormemente su desarrollo. Del mismo modo, Johan Bruyneel ha señalado que compartir equipo con el mejor corredor del mundo representa una oportunidad privilegiada para absorber experiencia y crecer deportiva y tácticamente. En otras palabras, no siempre el camino más rápido hacia el liderazgo es abandonar un gran equipo; muchas veces consiste en aprender del mejor mientras llega el momento adecuado.
Como decía el cinco veces ganador del Tour, Bernard Hinault: “Un gran campeón también se construye aprendiendo de otros grandes campeones.” Esa idea parece describir perfectamente el momento que vive Isaac.
Finalmente, comparto mi predicción —o mejor dicho, mi sueño— para el Tour que comienza en dos días.
Sueño con ver al UAE Team Emirates destrozando el pelotón hasta dejar únicamente a los favoritos, siendo Isaac el último hombre en imponer un ritmo infernal.
Y desde ahí imagino dos escenarios.
El primero: que, después del último relevo de Isaac, únicamente permanezca Pogačar a su rueda y Tadej le diga: “Compadre, ya nos fuimos; ahora nos relevamos y llegamos juntos.”
El segundo: una estrategia con dos cartas ganadoras. Que Del Toro realice su último relevo, Pogačar lance el ataque definitivo y solo Jonas Vingegaard —y quizá Remco Evenepoel— consigan seguirlo. Entonces Isaac, reduciendo ligeramente el ritmo después de su relevo, logre volver a conectar con ellos para quedarse pegado a su rueda, obligándolos a cargar con la persecución mientras Tadej abre diferencias. Convertirse, literalmente, en una garrapata táctica que complique cualquier intento de organización.
Hay muchas otras variantes posibles, pero esas dos serían suficientes para soñar con un histórico 1-2 del UAE en París.
Claro, es solo un sueño. En el Tour todo puede pasar.
Lo más importante es que Isaac llegue sano, que no sufra caídas ni enfermedades y que todo el pelotón complete la carrera con bien.
Pase lo que pase, Isaac del Toro ya nos ha regalado a los ciclistas mexicanos mucho más de lo que alguna vez imaginamos ver en el ciclismo profesional.
Es un sueño hecho realidad.
Y tengo la sensación de que, con el Torito, todavía queda muchísimo por celebrar.